Diario Sur

Más invitados a ‘La última cena’

Solo 1.320 elegidos pueden contemplar cada día el fresco de Leonardo en Milán. :: ANTONIO CALANNI / ap
Solo 1.320 elegidos pueden contemplar cada día el fresco de Leonardo en Milán. :: ANTONIO CALANNI / ap
  • Un nuevo sistema de climatización permitirá ampliar el número de visitantes que pueden admirar la obra de Leonardo da Vinci

roma. Son pocos los turistas que acuden a Milán y consiguen cenar con Leonardo da Vinci. Para lograr un hueco en la mesa de su ‘Última cena’ hay que reservar con mucha antelación y tener algo de suerte, pues sólo 1.320 elegidos pueden entrar cada día al refectorio del convento de Santa María delle Grazie de la capital lombarda para contemplar esta magna creación del maestro renacentista. Es tan frágil el fresco que por encima de esa cifra de visitantes, su supervivencia se vería comprometida más aún de lo que ya está, pues sufre una continua degradación por la humedad del lugar y la técnica utilizada por Leonardo. Las partículas de polvo que los turistas transportan en su ropa y que acaban depositándose en las pinturas son una amenaza para esta obra concluida por Leonardo en 1498 y que, desde entonces, ha vivido sucesivas restauraciones y épocas de gran peligro, como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial por los bombardeos angloamericanos sobre Milán.

Para mejorar la conservación de ‘La última cena’ y triplicar el número de personas que la contemplan cada día, ha comenzado a instalarse un nuevo sistema de ventilación y climatización, de manera que serán 10.000 los metros cúbicos de aire limpio que circulen diariamente en el refectorio del convento, en lugar de los 3.500 actuales. El Ministerio de Bienes Culturales italiano dedicará 1,2 millones de euros al proyecto, cuya conclusión está prevista en 2019. El otro millón de euros que cuesta la iniciativa lo pondrá Eataly, la cadena de tiendas donde se venden productos gastronómicos italianos de alta gama y cuyo fundador, el magnate Oscar Farinetti, es un enamorado de Leonardo. Con motivo de la Expo de Milán de 2015, Eataly incluso publicó un libro sobre el mundo culinario del genio del Renacimiento titulado ‘Leonardo no era vegetariano’.

Los impulsores del nuevo sistema de aireación de la sala donde se encuentra la obra aseguran que ahora podrá aguantar otros 500 años. «A través de la innovación consentiremos a más visitantes poder ver el maravilloso cenáculo de Leonardo», destacó el ministro de Cultura italiano, Dario Franceschini, quien invitó a otras empresas a que se sumen a las iniciativas de Eataly y de otras firmas privadas para ayudar al mantenimiento de las obras de arte con que cuenta el país y cuya conservación no puede mantenerse sólo con las aportaciones públicas.

Pese a las palabras de Franceschini, hay quien no se fía del movimiento de Eataly. La asociación de consumidores Codacons ha pedido que se detallen las condiciones por las que Farinetti financia el proyecto. «No aceptaremos en ningún caso una ‘privatización’ de ‘La última cena’, cláusulas desproporcionadas o condiciones lesivas para el público», advirtió Codacons, subrayando que es siempre «un aspecto espinoso y delicado» cada vez que se recurre a la iniciativa privada para costear la conservación de un bien que pertenece al patrimonio cultural de la humanidad. Cuando la marca de zapatos Tod’s pagó parte de la restauración del Coliseo de Roma surgió una polémica similar.