Diario Sur

La Tizona, espada de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. :: r. c.
La Tizona, espada de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. :: r. c.

El último mandoble de la Tizona

  • El Supremo avala la venta de la espada del Cid por su legítimo dueño, por 1,5 millones de euros, antes de ser donada al Museo de Burgos

Cuenta la leyenda que don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, ganó la batalla de Valencia después de muerto. Ahora, casi un milenio después, su espada, la Tizona, ha sido protagonista de otro litigio, esta vez jurídico, que no a golpes de mandoble, por el que se determina que el marqués de Falces, José Ramón Suárez-Otero Velluti, era el dueño legítimo del arma en el momento en que, en 2008, la vendió por la suma de 1,5 millones, en este caso de euros y no de maravedíes. La última batalla de la Tizona tuvo lugar en la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, que estima el recurso de José Ramón Suárez-Otero Velluti y determina que era el titular por herencia y propietario exclusivo por posesión de la espada. Por ese motivo, dicen los jueces, podía disponer de ella. Y así lo hizo al venderla en 2008 a empresas y una fundación por 1,5 millones de euros. Los adquirentes la donaron a la Junta de Castilla y León y fue depositada en el Museo de Burgos.

Esta sentencia revoca las anteriores de un Juzgado de Primera y de la Audiencia de Madrid que dieron la razón a las hijas de un matrimonio que fue declarado en 1987 heredero universal por un marqués de Falces antecesor del actual y tío de éste, Pedro Velluti de Murga. Tanto el Juzgado como la Audiencia consideraron que eran dueños de la espada el actual marqués de Falces y las hijas del citado matrimonio. Ahora, el Supremo estima el recurso de José Ramón Suárez-Otero, que heredó la espada y el título de marqués de Falces de su madre, Olga Velluti, hermana de Pedro, y señala que ambos adquirieron la propiedad por 'usucapion', es decir, por su posesión ininterrumpida durante más de seis años. Fin de la contienda. El trasiego de la Tizona comenzó a la muerte del Cid. La espada llegó a Navarra de la mano de su hija doña Cristina Elvira. Tras permanecer en la armería de distintos reyes fue regalada por Fernando el Católico a Monsen Pierres de Peralta el Joven, por los servicios prestados a la Corona de Aragón, esencialmente por lograr su matrimonio con Isabel de Castilla. Desde el último tercio del siglo XV la Tizona estuvo unida al Mayorazgo de Falces. Tras la muerte de uno de los marqueses sin descendencia fue legada en testamento por su viuda a su sobrino y sucesor del título, con el encargo de transmitir «este recuerdo» -espada- a los titulares del blasón.

La espada fue depositada por el entonces legatario en el Museo del Ejército el 12 de julio de 1944. Al fallecimiento del depositante en 1959, el título nobiliario pasó a su hijo, instituido heredero junto a su hermana por un testamento en el que no había mención a la Tizona. Los dos hermanos ratificaron el depósito. Pero en 1987, al morir el varón sin descendencia, se nombró herederos a los padres del matrimonio ahora demandante sin mentar el arma, mientras que el marquesado pasó a su hermana. Ésta cedió el título a su hijo José Ramón Suárez- Otero, lo que conllevaba la transmisión de la espada. En 2008, el marqués vendió la Tizona.