Diario Sur

El deshielo en el Ártico abarata los viajes comerciales

Los científicos auguran que en 2100 las temperaturas habrán aumentado unos cuatro grados.
Los científicos auguran que en 2100 las temperaturas habrán aumentado unos cuatro grados. / AFP
  • Esta región se derrite a una velocidad alarmante y empieza a convertirse en una región estratégica que interesa cada vez más

Hace 90 años, en 1926, la URSS declaró como parte de su territorio «todas las tierras e islas, descubiertas o por descubrir», situadas en el Océano Glacial Ártico. Esta ley, basada en la teoría de los sectores triangulares y desarrollada por el senador canadiense Pascal Poirier veinte años antes, hizo evidente, todavía más, el interés creciente que existía entre los estados ribereños de conquistar el gran océano helado. Dinamarca, Finlandia, Islandia, Suecia, la Federación Rusa, Noruega, Canadá y Estados Unidos trataron de extender su soberanía sobre todos los espacios marinos que rodeaban el Polo Norte. Hoy el gran océano helado se derrite y con él los intereses de descubrir tierra bajo la banquisa.

Este año se cumplen dos décadas desde que esos estados crearan el Consejo del Ártico mediante la Declaración de Ottawa en 1996. Un foro intergubernamental –España es país observador desde 2006– encargado de promover la cooperación científica para el desarrollo sostenible y la protección ambiental en la zona y que, a la vista de las últimas cifras sobre del deshielo, parece ser insuficiente. Los científicos auguran que en 2100 las temperaturas habrán aumentado unos cuatro grados y solo podrá evitarse si se reducen drásticamente las emisiones de dióxido de carbono, sobre todo por parte de Estados Unidos y China.

Ambas potencias, las más contaminantes del planeta, son responsables de casi el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero que llegan a la atmósfera. Y ahora irrumpe Donald Trump, que se toma a broma lo que denomina como el invento del cambio climático. La incertidumbre asola los convenios internacionales sobre el clima, como el reciente Acuerdo de París.

Las nuevas rutas del Ártico.

Las nuevas rutas del Ártico. / EL CORREO

Pero la oscura realidad está a la vuelta de unas décadas. El Ártico se derrite a una velocidad alarmante y empieza a convertirse en una región estratégica que interesa cada vez más. Ha dado lugar a incipientes controversias políticas por los históricos actores y terceros países que hasta la fecha no habían intervenido. Algunos, como China, encuentran en este territorio intereses pesqueros, Corea ve en el deshielo la expansión de su industria de astilleros, y Rusia mira con buenos ojos los hidrocarburos. Distintos réditos económicos que hacen aún más complicada la situación de esta zona ambientalmente frágil. La gruesa capa de hielo sigue cubriendo ingentes cantidades de valiosos recursos minerales y se estima que el subsuelo esconde importantes yacimientos de hidrocarburos, casi el 20% de las reservas mundiales de crudo.

Las nuevas rutas

El transporte internacional, en cambio, sí encuentra ventajas en la merma de hielo en el Ártico: se abren nuevas vías hasta ahora infranqueables como la Ruta del Noroeste. Acortar la conexión entre China, Japón, India y otras potencias asiáticas con Europa y América es el nuevo objetivo a batir por muchos estados. El nuevo trayecto supone para los buques tres mil kilómetros menos que la actual ruta (17.000 kilómetros) y un ahorro de un 15% en combustible. Además, permitiría conectar Europa y Asia por el norte, evitando, así, el sur de África, donde la profesión de escolta mercante hace años que está en auge. El nuevo rumbo esquivaría la inestabilidad política del Canal de Suez, que repercute en el precio de las mercancías; a los piratas somalíes que amenazan al transporte marítimo desde los años noventa, y sortearía los tifones del Pacífico.

Aunque algunas zonas empiezan a ser ahora por primera vez navegables, sobre todo en verano, lo cierto es que de momento las embarcaciones siguen necesitando rompehielos para atravesarlas. Una hazaña que realizó en 2012 el ‘Ob River’, un gigantesco buque gasero de 284 metros de eslora, cruzando desde Noruega hasta Japón pasando por el estrecho de Bering. Esto afectaría directamente a puertos como el de Valencia. Europa cuenta ahora con intercambios comerciales con China por valor de casi 500.000 millones de euros anuales. Con la nueva ruta irían a parar a los puertos de Rotterdam y Hamburgo como principal acceso a Centroeuropa.