Diario Sur

Un taxista enarbola la bandera británica en plena protesta.
Un taxista enarbola la bandera británica en plena protesta. / A. D. / AFP

La rebelión de los 'black cabs'

  • El gremio del tradicional taxi negro de Londres colapsa la ciudad en protesta contra la expansión vertiginosa de Uber

El centro de Londres. Cientos de taxis ocupando los carriles de Whitehall, la calle que va desde Trafalgar Square hasta el Parlamento y que alberga edificios ministeriales. También está allí la entrada a Downing Street, residencia de la primera ministra, Theresa May, que estaba ayer en Bangalore (India), donde el tráfico es parecido.

Es la rebelión incesante de los 'black cabs'. Los tradicionales taxis han provocado el colapso del centro de Londres varias veces en los últimos años y se concentraron de nuevo ayer para reclamar una investigación pública sobre el organismo que los regula, Transporte para Londres (TFL). Los datos de polución atmosférica son alarmantes, se quejan de inspecciones y multas, pero el enemigo principal es Uber.

La compañía americana que conecta a pasajeros y conductores mediante una 'app' instalada en teléfonos móviles se ha expandido vertiginosamente desde que creó su primera oficina en Londres, en 2011. Era la undécima ciudad en la que la empresa de San Francisco se establecía. Ahora son unas 400. Y en la capital del Reino Unido tiene ya más de 30.000 conductores.

Londres era muy diferente en 1654, cuando el lord protector Oliverio Cromwell dictó la ley que creó la primera asociación de 'carruajes Hackney', una cabina para dos tirada por un caballo, con licencia para transportar pasajeros en la capital. Tan diferente que la London Taxi Company, que produce los ampulosos taxis típicos de Londres, es ahora propiedad de una empresa china.

En un informe reciente del grupo de estudios Policy Exchange, el presidente de la Fundación de la Capital, Andrew Gilligan, escribe: «La prosperidad de Londres no se debe solo a su internacionalismo, sino también a su carácter británico». Propone una estrategia para salvar al lujoso 'black cab' y a sus conductores, que tienen opiniones rotundas sobre todo y conocen la ciudad como nadie. Para conseguir la licencia que les autoriza a conducir un taxi, han de pasar 'The Knowledge' (el conocimiento), un examen tras tres años recorriendo en moto todos los rincones, lo que les permitirá llevar por un atajo al pasajero que quiere ir a un restaurante con fachada verde, que está al lado de un edificio acristalado, por Covent Garden. Un estudio demostró que son mejores que un navegador GPS.

Reducir tarifas nocturnas

Reciben pagos en metálico y ahora les obligan a aceptar tarjetas de crédito, pero la fiscalidad de Uber es escandalosa. En su última declaración, la empresa obtuvo cerca de un millón de euros de beneficios y pagó menos de 25.000 de impuestos. Hay también más accidentes, más incidentes con pasajeros. Hay congestión y los conductores que ganan una buena renta corren el riesgo de sumarse a los que viven precariamente.

No están unidos en la protesta. La Asociación de Conductores de Taxis Licenciados, que los agrupa, quiere seguir trabajando con el alcalde de Londres y con TFL para garantizar el futuro. Tendrán que reducir las astronómicas tarifas nocturnas, crear su propia 'app'. Su privilegio de ser los únicos que pueden recoger a un cliente en la calle ha sido eliminado por el teléfono móvil.