Diario Sur

Fermín Landa. :: d. menor
Fermín Landa. :: d. menor

«No veo cómo vamos a poder unirnos con los luteranos»

  • El sacerdote español Fermín Landa, que lleva 27 años en Suecia, no ve fácil la comunión con los protestantes que el Papa desea impulsar

Unos 40 fieles, de los que sólo tres son hombres, participan en la misa que se celebra en español a las tres de la tarde en la iglesia Vår Frälsares (El Salvador) de Malmoe, una de las dos únicas parroquias católicas de la ciudad sueca que hoy recibirá al Papa en su visita para formar parte de la conmemoración del 500 aniversario de la Reforma protestante.

Celebra Fermín Landa, sacerdote bilbaíno del Opus Dei que lleva 27 años en el país escandinavo, primero en Estocolmo y desde hace 12 años en esta urbe del sur del país donde la comunidad católica de lengua española está formada en su mayoría por inmigrantes y refugiados latinoamericanos y por algunos expatriados de nuestro país ya ancianos, que llegaron en los años 60 y 70 del siglo pasado buscando trabajo en los astilleros. Terminada la Eucaristía, las feligresas se reúnen en una sala de la parroquia para charlar y compartir café y unos dulces mientras Landa les entrega las entradas para la misa que Francisco presidirá mañana en el estadio de Malmoe.

El Pontífice llega a Suecia con una misión. Lo dejó claro ayer durante el rezo del Ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano, cuando les pidió a los católicos que rezaran para que el viaje sea «una nueva etapa en el camino de fraternidad hacia la comunión plena». Ese deseo de alcanzar la unidad parece más factible desde Roma que sobre el terreno. «Yo no veo cómo vamos a poder unirnos más allá de iniciativas caritativas o sociales», cuenta el sacerdote.

«La Iglesia luterana sueca cada vez va a peor, le falta fuerza espiritual. En cuestiones doctrinales y de fe está influenciada por la sociedad secularizada. Se ha convertido en una Iglesia para todo el mundo, sin exigencia y con poca espiritualidad». El año pasado esta comunidad formada por 6,2 millones de personas perdió un 1,1% de sus fieles. Unos pocos de ellos se acaban convirtiendo al catolicismo atraídos por «la firmeza y claridad de nuestra doctrina», dice Landa.

Curas de lengua española

Su discurso deja entrever que no debe de estar muy de acuerdo con dos características de los protestantes suecos: la ordenación sacerdotal femenina y la celebración de matrimonios entre personas del mismo sexo. Son pastoras casi la mitad de los ministros luteranos e incluso la primada del país es una mujer, la arzobispa de Upsala Antje Jackelén. Francisco se ha manifestado varias veces en contra del sacerdocio femenino pues, según dice, es una puerta que San Juan Pablo II dejó bien cerrada. Pese a que esa sea la postura oficial del Vaticano, algunas de las feligresas que participan en la misa oficiada por el sacerdote vizcaíno no miran con malos ojos esta práctica en vigor en Suecia desde 1960.

«A mí me gustaría mucho que las mujeres pudieran acceder también al sacerdocio entre nosotros los católicos. ¿Si hay primeras ministras por qué no puede haber sacerdotas?», cuenta entre los bancos de la iglesia Ana, una señora chilena que llegó a Suecia hace 36 años. «Con la ordenación femenina no tendríamos además los problemas para encontrar a alguien que celebre misa en español». No le falta razón: en esta parroquia habitualmente se oficia la Eucaristía en el idioma de Cervantes tres veces al mes, pero a Landa le han surgido complicaciones y no podrá volverá a hacerlo hasta enero.

«Ordenar a mujeres sería una buena idea, pero creo que no será algo que nosotras veamos ya. Va para largo», dice Rebeca, otra señora chilena que lleva 28 años en el país escandinavo. Las dos son amigas y coinciden en lo que le pedirían al Papa si pudieran hablar con él: «Queremos más curas de lengua española para que se ocupen de nosotros».

Pese a sus anteriores críticas, el sacerdote del Opus Dei aplaude la gran capacidad social y solidaria que tiene la Iglesia luterana, responsable a su juicio de que los suecos, sean o no religiosos, «estén siempre dispuestos a ayudar». La situación de la propia comunidad católica es fiel reflejo de ello.