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Un hombre pide en Hong Kong pruebas del VIH. :: reuters
Un hombre pide en Hong Kong pruebas del VIH. :: reuters

Su test del sida, gracias

  • Instalan una máquina expendedora de pruebas del VIH en una universidad china dentro de una campaña contra la enfermedad

pekín. En China hay máquinas expendedoras de todo tipo de cosas: desde las clásicas de tabaco, que resultan sorprendentemente difíciles de encontrar, hasta otras mucho más sofisticadas capaces incluso de preparar un zumo de naranja recién exprimido y cobrar al usuario por internet utilizando el móvil. Lógicamente, en los lugares más proclives al sexo también se encuentran las clásicas máquinas en las que se pueden comprar preservativos, un producto que la restrictiva política de natalidad se ha encargado de promocionar a pesar de lo conservadora que es la sociedad china en lo referente al sexo.

Lo que sí es una novedad es encontrarse con un aparato de 'vending' de tests del VIH. Y más aún en una universidad. Es lo que ha sucedido en la Universidad Petrolera del Suroeste, un centro educativo de tercer nivel situado en la ciudad de Nantong. Por si fuese poca sorpresa, las pruebas de orina se ofrecen junto a bollos y aperitivos, y su precio es muy inferior al del mercado: 30 yuanes (4 euros), una décima parte de lo que cobran en farmacias y hospitales.

Se trata de una iniciativa de la Asociación China para la Prevención del VIH y de Enfermedades de Transmisión Sexual, que ya ha avanzado su intención de extender la venta de los tests a otros centros educativos. La razón es muy clara: el contagio del VIH entre los jóvenes chinos se ha disparado un 35% entre 2011 y 2015.

Muchos culpan de ello a la falta de educación sexual reglada y a un gran choque generacional agudizado por la repentina liberación de la libido entre la juventud. Algunos incluso consideran que la venta de estos tests es una invitación al sexo sin freno y los comparan con las píldoras 'del día después'. «Lo que hay que hacer es ayudar a prevenir», criticaba un usuario de la red social Weibo.

Desconocimiento

La asociación cree que eso es lo que está haciendo con la máquina expendedora, porque la mayoría de los nuevos infectados contraen el virus porque sus parejas sexuales desconocen portarlo. Además, los responsables del proyecto aducen que es necesario ofrecer la privacidad y el anonimato que otorgan estas máquinas. «Obviamente, es mejor que nadie se infecte. Pero, como eso es imposible, lo lógico es que la gente lo sepa. E ir al médico a la mayoría le da vergüenza», comenta otro internauta. El virus, según estadísticas oficiales, ya ha provocado la enfermedad a 575.000 chinos.