Diario Sur

Kiko Rivera, en la boda de su hermano Cayetano. :: juan flores
Kiko Rivera, en la boda de su hermano Cayetano. :: juan flores

¡Al 'abodaje'!

  • La hermética boda de Kiko Rivera e Irene Rosales fue saboteada y filtrada ayer minuto a minuto desde platós y redes sociales

A este paso me vuelven a detener», debió de pensar Isabel Pantoja (todavía bajo trauma carcelario) al llegar ayer a la finca donde se casaba su hijo y descubrir que en la entrada había más controles, detectores de metales y medidas de seguridad que en la prisión de Alcalá de Guadaira. Kiko Rivera quiso lidiar ayer el toro de su enlace civil a puerta cerrada, pero no por vergüenza torera sino para beneficiarse de una jugosa exclusiva pactada con la revista '¡Hola!'. Su decisión fue entendida por el resto de la prensa rosa como una provocación y la consigna durante toda la tarde en portales de internet y platós fue ¡Al abordaje! O, mejor dicho, tratándose de una boda: ¡Al 'abodaje'! Por tierra, y sobre todo por el espacio virtual, la Hacienda Los Parrales de Sanlúcar la Mayor estuvo ayer más asediada que en su día Troya.

Una cosa quedó clara: si en la Grecia clásica hubiesen existido los selfis, en Troya no habría hecho falta caballo... Los principales reventadores de la exclusiva de Paquirrín fueron algunos de sus más de 300 invitados que, víctimas de la vanidad que hoy domina el mundo, inundaron muy pronto las redes sociales con autorretratos tan 'poéticos' como el que se tomó Andy (de Andy y Lucas) en el váter de caballeros con los urinarios verticales al fondo. O el que se hizo Arancha de Benito (de rojo) desde el interior de un coche más atestado que el camarote de los Hermanos Marx. Pero fueron filtraciones controladas. Los gorilas contratados por Kiko se encargaron de requisar los teléfonos móviles de los asistentes en cuanto éstos penetraron en la 'zona cero' del recinto.

Desde el exterior, gracias al esforzado trabajo de los reporteros gráficos apelotonados a los pies de la inexpugnable fortaleza, se pudo saber que Anabel Pantoja, la prima del novio, lucía un vestido de cuerpo floreado y escote casi hasta el ombligo, y que su tía, la célebre tonadillera, había accedido a la finca en un Audi de cristales tintados y oculta bajo una manta... Un exceso de celo que no sorprendió pues de todos es sabido que la Pantoja anda invisible tras su paso por la cárcel y que su grito de guerra preferido es: «No me vas a grabar más, no me vas a grabar más».

Con todo, Isabel no pudo evitar que algún topo de 'Sálvame' (con más agentes dobles que en su día la KGB) filtrara que la madre y madrina del novio había elegido para la ocasion un vestido largo color coral en crepé de seda con un prendido en el hombro bordado de flores de azahar, conjuntado con bolso y zapatos brocados en coral, tal como se difundió a través de Telecinco y recogió el portal 'Vanitatis', que ayer realizó un despliegue informativo minuto a minuto digno de un Barça-Madrid.

Trampas y cebos

La indiscreta filtración del traje de la Pantoja podría costarle cara al chivato. El novio (muy puesto en materia de contraespionaje cañí) ya había contemplado la posibilidad de una traición y desplegó 'trampas y cepos' virtuales. Su paranoica obsesión por evitar que le reventaran la exclusiva se extendió al espacio aéreo, donde puso un dron a patrullar para que no se le colaran objetos volantes no identificados provistos de cámaras indiscretas. Entre las extremas medidas de seguridad, el espionaje y la guerra de los drones, bien puede decir la Pantoja que su «pequeño del alma» se ha casado en el Pentágono.

Quizá con la intención de rebajar el antipático hermetismo que rodeaba el enlace, los hermanos del novio, Fran y Cayetano Rivera, quisieron tener un gesto amable con la prensa y, acabada la ceremonia, salieron de la finca junto a Lourdes Montes para atender brevemente a la los reporteros. «Ha sido muy emotivo. Ella estaba guapísima y él nerviosísimo», desveló Francisco.

El traje de la novia, Irene Rosales, una guapa estudiante y modelo ocasional de 26 años a la que Kiko, de 32, conquistó en 2014 y con la que tiene una hija de nueve meses llamada Ana, ha sido objeto de más apuestas que un partido de pelota. Rosales se lo encargó a la firma catalana Saint Patrick, de Pronovias (no a su cuñada y diseñadora Lourdes Montes, quizá tras recordar el horrendo modelito que llevó en su propia boda) y curiosamente ha coincidido con Jessica Bueno en la elección. Jessica es la anterior esposa de Kiko, otro bellezón al que el DJ también conquistó en su día (no me pregunten cómo lo hace) y con quien tiene un hijo, Francisco, de casi cuatro años. Según se supo ayer, al pequeño Francisco lo llevaron muy tarde a la boda y fue el causante involuntario de que la ceremonia, prevista para las seis de la tarde, se retrasara casi una hora.

Ahora el morbo está servido: las codiciadas imágenes de la tonadillera (que según dicen cantó en el banquete), la llamativa ausencia de Eva González, el incomodísimo reencuentro entre la Pantoja y sus hijastros, Fran y Cayetano. O el esperado encontronazo de la cantante con su díscola hija adoptiva... Siendo Kiko Rivera un simple pinchadiscos de notoriedad semejante a la de un Nobel (o más), '¡Hola!' adelantará su publicación al lunes. Decenas de páginas para escrutar el intrincado mapa sentimental de los Rivera-Pantoja (quién posa o no posa con quién), fotos de las lágrimas de la ceremonia, del momento cumbre (Kiko le cantó a su novia 'Vive tu vida conmigo' en el intercambio de anillos), de la reconciliación entre Chabelita y su hermano y hasta de la tarta de cinco pisos... Para quien pueda digerirlo.