Diario Sur

François Mitterrand y Anne Pingeot. :: r. c.
François Mitterrand y Anne Pingeot. :: r. c.

El presidente enamorado

  • François Mitterrand escribió 1.218 cartas a su amante Anne Pingeot donde viaja entre la ternura, la pasión y las críticas políticas

El flechazo ocurrió en el plácido balneario de Hossegor en verano de 1962. Él tenía 46 años, era senador, había sido varias veces ministro y llevaba casado casi dos décadas. Ella tenía 19 años y, en aquella época, era menor de edad según las leyes francesas. Daba igual. Se enamoraron y solo unos meses después, el 19 de octubre, François Miterrand comenzó una relación epistolar con Anne Pingeot que se prolongaría durante 33 años, hasta su muerte en 1996. El presidente de la República entre 1981 y 1995 le envío 1.218 cartas, unas 36 al año a su amante, que ayer salieron a la venta en el país vecino.

Después de la época estival, Mitterrand se muestra más tierno que enamorado. Trata de usted a «mademoiselle Anne Pingeot» y en la primera misiva le promete mandarle un tomo de Sócrates. «Este libro será el mensajero que le transmitirá el fiel recuerdo que tengo de algunas horas de un bello verano», reza un pasaje que recoge AFP. Pasan 18 meses y una escapada romántica a Ámsterdam para que los tortolitos comiencen a tutearse y a calentar las cartas. «Amo mis manos cuando acariciaron tu cuerpo, amo mis labios cuando bebieron de ti», escribía en julio de 1964. «¡Oh! deseo de tus brazos, de tu ser, del fuego y la ola, del grito que nos deja al borde de otro mundo...», escribe en otro momento Mitterrand, que ha sorprendido a sus editores por la calidad literaria de los textos y de algunos poemas.

Pero en este torrente postal, también hay tiempo para los celos. «Imaginar que puedas pertenecer a otro, físicamente, es algo atroz», admitía en septiembre de 1970 el presidente, que no se divorció de Danielle Gouze, con quien tuvo dos hijos (Jean-Christophe y Gilbert). Y tienen sitio los avatares políticos. En diciembre de 1965, cuando optó por primera vez a la Presidencia de la República, Mitterrand lamentaba no haber acudido a una cita. «Estoy triste, triste (...) un día sin ti, es demasiado tonto», señaló. No faltan las críticas a sus compañeros socialistas, «mis partidarios, idiotas y sectarios, recurren a argumentos de baja calaña».

La ternura regresa a partir de 1974, cuando Anne le confiesa su embarazo. «Si por la desgracia es un varón», Mitterrand le manda una lista de nombres masculinos; Mazarine encabezaba los de las chicas. En enero de 1975, un orgulloso padre encabezaba una carta con un «Mazarine querida». «Escribo por primera vez ese nombre. Estoy intimidado por este nuevo personaje que existe ahora sobre la Tierra y que eres tú», señala sobre su hija, cuya existencia no se hizo pública hasta 1994. Cuando Mitterrand llega al palacio del Elíseo, la frecuencia de las cartas disminuye por las obligaciones gubernamentales. Pero llegan hasta los últimos instantes de su vida. «Fuiste la suerte de mi vida. ¿Cómo no amarte más aún?», le espeta a Anne.