Diario Sur

Libros para una prostituta de 15 años

Dos jóvenes prostitutas se ofrecen en una calle de Roma.
Dos jóvenes prostitutas se ofrecen en una calle de Roma. / A.P.
  • Una jueza italiana condena al cliente de una menor que se pagaba los caprichos vendiendo su cuerpo a regalarle 30 obras y dos películas sobre la dignidad de la mujer

Las poesías de Emily Dickinson, las reflexiones filosóficas de Hannah Arendt o la vigorosa prosa de Oriana Fallaci pueden ser la mejor medicina para una chica de 15 años, vecina de un barrio acomodado de Roma, que se prostituía para pagarse los caprichos: ropa de marca, bolsos a la moda o el último modelo del teléfono móvil más exclusivo. La jueza Paola di Nicola sorprendió hace unos días con su sentencia en el caso destapado en 2013 de dos muchachas de 14 y 15 años que vendían su cuerpo a hombres adultos en la zona de Parioli, una de los más caras de la capital italiana. La magistrada decidió que uno de los 60 clientes tenía que regalarle 30 libros y dos películas sobre «la historia y el pensamiento de las mujeres, la literatura femenina y los estudios de género». Le condenó además a dos años de cárcel.

El abogado defensor había pedido un resarcimiento de 20.000 euros para la joven, pero Di Nicola debió de pensar que la menor ya había mostrado una actitud equivocada hacia el dinero prostituyéndose voluntariamente y optó por insuflarle una idea distinta sobre la dignidad de la mujer por medio de la cultura. La jueza incluso se tomó la molestia de compilar la lista de títulos, que leyó en voz alta cuando dio a conocer la sentencia a los sorprendidos participantes en el proceso.

«Regalarle libros y películas como ‘Sufragistas’ es una idea original y genial, pero habrá que ver cómo gestiona la chica esos contenidos. No hay garantía de que los utilice. Haría falta ponerlos en contexto con ejemplos vivos de mujeres que lean esos libros con ella y vean esas películas, acompañadas además de otras chicas de su edad», opina Chiara Simonelli, presidenta de la Federación Europea de Sexología y profesora de Psicología en la Universidad la Sapienza de Roma.

«No sé hasta qué punto invitarle a leer un libro como el ‘Diario de Anna Frank’ a una muchacha que no está acostumbrada a leer y que se acuesta con adultos vaya a conseguir que cambie sus ideas, pero es en cualquier caso una iniciativa innovadora para tratar de rehabilitar su idea de feminidad», razona por su parte Yasmin Abo Loha, secretaria general de Ecpat Italia, organización especializada en la lucha contra la explotación sexual de los menores de edad.

Las dos expertas coinciden en que será difícil que la chica no vuelva a caer en la prostitución. «Cuando se ha entrado en este mundo obligado por adultos es más fácil salir, pero si tomaste ese camino por tu cuenta resulta más complicado», asegura Abo Loha. Simonelli propone que se presenten a la muchacha modelos alternativos de mujer que puedan resultarle atractivos. También denuncia lo asumido que resulta en nuestra sociedad que los hombres acudan a la prostitución y busquen mujeres lo más jóvenes posible, incluso a menores de edad. «Hace falta más educación sexual y afectiva».

El escándalo de las ‘baby prostitutas de Parioli’, como bautizó la prensa italiana este caso, provocó en su momento una enorme indignación social tanto por los motivos de las crías para prostituirse como por el perfil de sus clientes. En su mayoría eran ejecutivos y miembros de familias ricas que se pavoneaban con sus amigos de acostarse con chicas menores, en algunas casos de edad similar o incluso más pequeñas que sus propios hijos. Entre quienes tuvieron sexo con ellas estaba Mauro Floriani, marido de Alessandra Mussolini. La nieta del ‘Duce’ y europarlamentaria le echó de casa cuando salieron las primeras noticias y supo en qué estaba metido su marido, pero poco después acabaron reconciliándose.

La Justicia destapó este caso gracias a la denuncia de la madre de la niña de 14 años, alarmada cuando descubrió cocaína en su bolso. La madre de la otra cría, en cambio, la incitaba a que siguiera prostituyéndose, por lo que fue condenada a 6 años de cárcel. También fueron considerados culpables cuatro proxenetas, a quienes les cayeron penas de 3 a 9 años de prisión. Uno de ellos, Marco Galluzzo, empresario de la construcción de 49 años, hablaba de las niñas como de «vírgenes que están por inaugurar» y en un mensaje telefónico explicaba así la tarifa a un cliente: «Te llevo a mi amiga, es virgen. Cien euros más cuatro gramos de cocaína y el taxi».

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