Diario Sur

Una pareja de lesbianas, en una movilización gay en Italia.
Una pareja de lesbianas, en una movilización gay en Italia. / AFP

Unidas por la fe, el amor y el sexo

  • Dos exmonjas que se conocieron en África se casan en Italia y ahora piensan en cómo presentarse a su familia y evitar los prejuicios

En el Ayuntamiento de Pinerolo, una localidad a las afueras de Turín, en el norte de Italia, el alcalde Luca Salvai celebró ayer la unión civil (el descafeinado matrimonio homosexual aprobado por el Gobierno de Matteo Renzi) entre Federica e Isabel. Estas dos mujeres (una italiana y la otra colombiana) se enamoraron cuando compartían su pasión: ayudar a los más desfavorecidos y llevar el Evangelio a lugares remotos. Por eso se hicieron religiosas franciscanas y fueron a África de misioneras, donde se conocieron hace unos años y acabaron enamorándose.

Isabel y Federica aceptaron la nueva realidad que se presentaba ante ellas y dejaron la vida consagrada para poder vivir juntas y formalizar su amor. El acto que protagonizaron ayer en el Ayuntamiento de Pinerolo es para ellas sólo el primer paso, pues están decididas a casarse por la Iglesia. Ya que la doctrina católica sólo reconoce el matrimonio entre personas de distinto sexo, han recurrido a Franco Barbero, un antiguo sacerdote célebre en Italia por casar y atender pastoralmente a parejas homosexuales. Su postura le valió la suspensión 'a divinis' por parte de Juan Pablo II en el año 2003, pero sigue al frente de una comunidad cristiana que se reúne en unos locales de esta localidad piamontesa. «Mi obispo no apoya lo que hago pero tampoco interviene. Como soy independiente económicamente gracias a mis libros de teología tengo libertad absoluta», cuenta Barbero a este diario.

«Las chicas se casarán dentro de unos meses. Ahora mismo están siguiendo los cursillos prematrimoniales con otras parejas homosexuales y heterosexuales de nuestra comunidad. No hay diferencias entre unos y otros. Jesús nunca discriminó a nadie. Son las leyes arcaicas y medievales de la Iglesia las que van contra los gais y lesbianas. Hay que superarlas de una vez», opina el teólogo, que continúa considerándose sacerdote pese a la decisión de Karol Wojtyla, al que tacha de «Papa fascista».

Asegura además que durante sus cincuenta años acompañando a homosexuales ha casado ya antes a otras parejas de antiguas monjas. «Yo mismo en mi juventud veía a estas personas como enfermas y pecadoras. Me convertí escuchándolas y cuando entendí que el amor que Dios nos da a todos es plural».

Entrevistada por el diario 'La Stampa', Federica cuenta que ahora le tocará volver a su pueblo en el sur de Italia para decirle a su padre no sólo que ya no es monja, sino también «que está casada felizmente con Isabel». Las dos mujeres piden mantenerse en el anonimato por «miedo a los prejuicios», según reconocen. «No queremos convertirnos en famosas, sino vivir juntas de forma serena y encontrar un nuevo trabajo. Salimos del convento, pero no dejamos la Iglesia ni nos olvidamos de la fe».