Diario Sur

«Sólo el diez por ciento de los traductores viven de su oficio»

Regina López, en la librería Mapas y Compañía.
Regina López, en la librería Mapas y Compañía. / Daniel Pérez
  • «Si exigimos que las tarifas mejoren no es para comprar un yate, sino para poder vivir dignamente», advierte

  • Regina López Muñoz / Traductora

Lectora cuidadosa, analítica, sensible, como deben ser las buenas traductoras, Regina López Muñoz es además muy crítica con la bajada de las tarifas de un oficio particularmente denostado en este país. Ha traducido a Edna O'Brien, Jean Genet, Larry McMurtry, Jean Giono o Antonio Manzini, entre otros autores. Su otro campo de especialización es el cómic y la novela gráfica, y forma parte del colectivo de traductoras especializadas en cómic Las Cuatro de Syldavia, que también imparten cursos y tratan de extender la particularidad de la traducción del arte de las viñetas.

-El dos ocasiones Premio Nacional de Traducción, Vicente Fernández, sostiene que la traducción está cada vez más presente en nuestra vida diaria, ¿lo comparte?

-Absolutamente. Para empezar, porque sin traducciones no existiría la literatura universal. Un porcentaje altísimo de los libros que llenan las librerías son obras traducidas. Y no sé si la traducción está ahora más presente que antes, pero sí es cierto que poco a poco estamos consiguiendo que se reconozca la labor de los traductores, que tradicionalmente hemos vivido 'en la sombra'. No es una cuestión de vanidad, sino de mera justicia.

-Y sin embargo, su oficio parece devaluado tanto por la rebaja en las tarifas como por el intrusismo y otros factores.

-Existe una precariedad bastante descorazonadora, pero es importante no perder de vista que entre todos podemos conseguir que las cosas cambien para bien. La asociación ACE Traductores, en ese sentido, desempeña una labor muy importante: ofrece asesoramiento legal, tiene una lista de correo en la que todos los socios estamos en contacto y una puede, por ejemplo, pedir información a otros colegas sobre la solvencia de tal o cual editorial...

-¿Cuántos libros y cómics tiene que traducir al año para poder vivir?

-Hago de media unos diez libros al año, contando los cómics.

-Buen ritmo. Tampoco le dará para mucho, lo digo por la remuneración estándar de una traducción.

-Mire, volviendo al tema de la reivindicación, si exigimos que las tarifas mejoren (o que, al menos, no bajen), no es para comprar un yate y pegarnos la vida padre, sino simplemente para poder vivir dignamente y dedicar a cada libro el tiempo que requiere, sin agobios ni prisas porque «no llegas». Precisamente por esto no somos tantos los que vivimos en exclusiva de la traducción editorial (sólo un 10% de los traductores que trabajan para el sector, según el Libro Blanco de la Traducción Editorial), y muchos colegas compaginan los libros con otras traducciones más rentables (jurídica, médica, técnica.) o con otros trabajos (periodismo, enseñanza.).

-Algunos le dirán que es afortunada por dedicarse a lo quiere, es la peligrosa filosofía del neoliberalismo.

-Sé que soy afortunada, que me gano la vida haciendo dos de las cosas que más me gusta hacer desde niña: leer y escribir. Pero evidentemente eso no es motivo para dejar de exigir unos mínimos básicos sin los cuales la profesión se iría al garete.

-Cambiemos de tercio, ¿la traducción es una actividad interpretativa como sostienen unos o creadora como lo hacen otros?

-Yo diría que ambas cosas: es creadora en la medida en que estás escribiendo en tu lengua algo que no existía antes, y con cada palabra, con cada matiz y cada giro tomas decisiones que son tuyas y de nadie más. Pero esa creación surge de la interpretación del original, de una lectura que también puede ser muy personal, sin dejar de lado la fidelidad al texto.

-Usted traduce cómics y novela gráfica, parece evidente que hay diferencia entre traducir un cómic y un libro.

-Sí, el cómic es un medio muy particular con unas características que le son propias: por un lado está la relación indisoluble del texto con la imagen; y luego hay toda una serie de particularidades como la necesidad de ajustarse al espacio de los bocadillos, el uso de jergas y juegos de palabras, onomatopeyas, la abundancia de oralidad. Todo esto condiciona muchas de las decisiones que se toman a la hora de traducir.

-Precisamente, ¿cómo se relaciona una traductora con un arte vinculado a códigos visuales, tipográficos, sonoros.?

-Siempre con tiento y curiosidad, como haría con cualquier otro libro.

-¿De dónde nace Las Cuatro de Syldavia?

-Nació de la inquietud de cuatro traductoras, amigas, que empezábamos a traducir tebeos y a tomar conciencia de esto que acabo de comentar: nos dimos cuenta de que el cómic es un medio que requiere traductores preparados para enfrentarse a todos los desafíos que encierra.

-También imparten talleres de traducción de cómic y novela gráfica para las universidades.

-Sí, hemos observado que el tema suscita mucho interés. El problema, si acaso, es que el mercado tal vez no esté preparado para absorber a todos los traductores que queremos trabajar con el cómic y la novela gráfica. Sea como sea, me parece que traduciendo cómic se aprende muchísimo sobre traducción a un nivel más general, de modo que como mínimo la traducción de cómic me parece un ejercicio excelente.

-Un traductor tiene que ser un gran lector, ¿piensa que todos los traductores lo son? Lo digo porque con frecuencia se habla de malas traducciones.

-Hay muchos motivos por los que una traducción podría considerarse 'mala', y conviene tener en cuenta que raras veces recae toda la responsabilidad en el traductor. En el proceso de producción de un libro intervienen muchos actores: el corrector, el editor...

-Sin duda, pero se es un gran lector o.

-Sí, evidentemente, para ser traductor primero hay que ser un gran lector. ¡El mejor, el más avispado! Porque el traductor tiene que conocerse el texto de arriba abajo, por delante y por detrás, verle las costuras, lo que no cualquier lector vería. Es imprescindible para trasladarlo lo mejor posible a tu lengua.