Diario Sur

Antes preso que casado

Ficha policial de Lawrence Ripple, que posa, en la imagen de la derecha, con su esposa Remedios. :: REUTERS
Ficha policial de Lawrence Ripple, que posa, en la imagen de la derecha, con su esposa Remedios. :: REUTERS
  • Un hombre atraca un banco en Kansas y confiesa a la Policía que lo hizo porque prefiere habitar una celda que vivir con su esposa

Lawrence Ripple es de los que piensan que el matrimonio es el peor de los cautiverios. En coherencia con ese axioma, este estadounidense prefiere ir a la cárcel antes que seguir conviviendo con su mujer. Y para lograr su meta de ser un presidiario ha empleado un método inobjetable. Atracó un banco y luego esperó con calma la llegada de la Policía.

Ripple es de esas personas que lleva mal vivir en libertad. Podía optar por el divorcio pero le tiraba más el dulce camastro y el sonido herrumbroso de las rejas. El hombre perpetró su fechoría en Kansas. Harto de su esposa Remedios, con quien días atrás tuvo una pelea conyugal, entró en una sucursal bancaria sita en el número 756 de la Avenida Minnesota. Amenazó al empleado de la entidad y le entregó un mensaje escrito en el que decía que portaba un arma de fuego. A continuación exigió que le entregara todo el dinero en efectivo que había en la caja. De esta manera tan expeditiva se hizo con un magro botín de 3.000 dólares.

A partir de ese momento el atracador se relajó. Se sentó a la puerta del banco a esperar la llegada de la Policía. Antes, un guardia de seguridad le interpeló y se percató de que el ladrón no estaba en sus cabales. De hecho, cuando los agentes se presentaron en el lugar, el ladrón les recibió con un saludo tan epatante que merece figurar en un guión de cine negro. «Soy el tipo que están buscando».

Acto seguido explicó a unos atónitos policías sus cuitas conyugales, les dijo que él era el autor del asalto y que lo había hecho porque no soportaba a su mujer. La Policía, que tardó poco en llegar pues la comisaría se halla no muy lejos del banco, restituyó el dinero a la sucursal y detuvo a Ripple.

La confesión del acusado dejó perplejos a los funcionarios. Cuando los agentes le interrogaron, el hombre, de 70 años -una edad delicada para ingresar en prisión- admitió que había tenido una trifulca con su esposa y que «ya no aguantaba más esa situación». Curiosamente, las fotos del malhadado matrimonio desprenden felicidad. Así lo atestiguan las imágenes que ha publicado la prensa extraídas de las redes sociales. En ellas Ripple abraza a su sonriente Remedios como si fueran un dichoso matrimonio.