Marta Brinckmann, junto a una joven etíope
Marta Brinckmann, junto a una joven etíope / SUR

Ayuda malagueña en Etiopía

  • Voluntarios de la Fundación Harena viajan a África para llevar los fondos reunidos

  • La recaudación se destina al mantenimiento de un Centro Materno Infantil en un poblado a unos 80 kilómetros de Adis Abeba

En pleno cuerno de África conviven alrededor de 90 millones de seres humanos en una situación de extrema pobreza. Se respira una aparente calma si lo comparamos con los países que la rodean, en permanente situación de conflicto. Etiopía es uno de los países más pobre del mundo y a pesar de ello, sus vecinos te reciben con una sonrisa, amabilidad y una gran generosidad.

La mayoría de la población es cristiana (56,6%) seguida de la musulmana (34,7%) según los últimos datos de la AIN (Ayuda a la Iglesia Necesitada). Según el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 80% de la población se dedica a la agricultura. Desde la Unión Europea nos informan de que los esfuerzos actuales van encaminados a promocionar su café, que es uno de los mejores del mundo. Pretenden que lo etíopes cierren el círculo de producción y realicen un plan de marketing que les lleve a aumentar sus riquezas, según nos contaba Luis Lechiguero, delegado en Desarrollo Rural de la EEAS.

Las ayudas siempre son pocas si hablamos de una pobreza tan enraizada, una forma de vida tan básica y primitiva. Muchas ONG del mundo tienen algún proyecto en Etiopía y entre todas ellas está la Fundación Harena, que llevan a cabo un proyecto de cooperación internacional desde el año 2007 en un poblado situado a 80 km de la capital Adis Abeba, llamado Muketuri.

Todo comenzó cuando un grupo de misioneras pertenecientes a la Congregación de San Pablo se acercaron a pedir ayuda para crear un Centro Materno Infantil en esta zona tan deprimida. La Fundación Harena se puso en marcha y adoptaron el proyecto para subvencionar la construcción del centro.

Hoy día, el Centro San José de Muketuri atiende a más de 320 niños de entre tres y siete años que han cambiado su vida en las calles por una educación y alimentación equilibrada.

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Hasta allí viajaba hace tan solo un par de semanas nuestro Equipo Muketuri. Un grupo formado por diez personas, la mayoría de ellos malagueños, voluntarios de la Fundación, para trabajar en diversos temas: construcción, alimentación, ganadería y puesta en marcha de sistema de riego por goteo con bombas de agua y placas de energía solar.

Tras la odisea del trayecto, viajando con Ethiopía Airline, llegaron a Muketuri con un día de retraso y las maletas llenas a rebosar, cargando 60 kilos cada uno. Todos coordinados por la directora gerente de la Fundación Harena, Angie Moreno, una mujer malagueña que dedica su vida a ayudar a los demás y ya está acostumbrada a este tipo de viajes.

Dentro del grupo viajaba Nacho Arbizu con una tremenda ilusión por ver el lugar que lleva apoyando desde hace tanto tiempo. Él forma parte de un grupo de catorce compañeros de la octava promoción del Colegio Romeral de Málaga que, desde que se creó el centro, hace nueve años, se encargan de subvencionar la alimentación de los niños de San José de Muketuri a través de la Fundación Harena. «Queríamos coger un único proyecto que nos convenciera a todos para apoyarlo juntos y hacer un seguimiento», dice Arbizu. Su mujer, Angelines Oliva, conocida como Ceni, es arquitecta y comenzó a participar también en el proyecto, realizando el diseño de la vaquería donde actualmente cuentan con nueve vacas y tres terneros que le dan leche suficiente para alimentar a los niños y con la venta del excedente, comprar el alimento de las vacas. Ceni ha sido la encargada de revisar las instalaciones junto a Beatriz Cabuchola, también arquitecto y voluntaria con una gran vocación. Juntas han puesto en marcha algunas mejoras tanto en la vaquería, sala de profesores, oficina de agricultura y nuevos espacios necesarios como una sala para la atención a niños desnutridos, un almacén para los alimentos y una caseta para el vigilante.

La alimentación de los niños es la prioridad del centro, de ahí la importancia de tener vacas propias e incluso un gallinero con más de 200 gallinas que ofrecen huevos a diario. Éstas son dos novedades que se incluyeron el pasado año gracias a la ayuda de Pablo Loza, el más joven de la expedición y experto en animales, que este año vuelve a Muketuri para hacer seguimiento. Entre sus obligaciones estaba la de mejorar la alimentación de los animales para que produzcan más. Así decidió incluir las habas en la dieta de las vacas, pronto veremos los resultados.

La cocina es territorio de la voluntaria Marta Brinkmann, cocinera y empresaria malagueña. Su espíritu aventurero la ha llevado a viajar por todo el mundo «He estado en lugares de gran pobreza como la India pero como lo que estoy viendo en Etiopía... jamás me habría imaginado tantísima miseria», nos dice Marta. Su alegría y desparpajo contagiaba a las madres etíopes que trabajan en el centro de San José. «My Darling», les decía a todas, principalmente a la directora del centro, que la escuchaba con atención. A su lado, corriendo de un sitio a otro, nos encontramos a Joaquín de los Ríos, más conocido como Quino, de profesión registrador de la propiedad, nacido en Cabra y afincado en Málaga. Un verdadero corazón inquieto que hace unos meses estaba en la India cuidando a enfermos en un centro de la Madre Teresa de Calcuta y ahora está en Etiopía contando todos los alimentos y realizando un control de ingresos y gastos. Pese a ser una persona extremadamente responsable en su trabajo, si en algunos momentos se perdía, había que buscarlo con los niños, revolcándose con ellos en la hora del recreo, acompañado por su gran amiga Beatriz que también le ha ayudado con el inventario.

El año pasado, José Luis Torrecillas instaló el sistema de riego por goteo en el huerto del Centro de Muketuri y en este viaje han podido ver los buenos resultados. José Luis asegura: «Todavía podemos sacarle mucho más rendimiento a este huerto e incluso duplicar la superficie cultivada para conseguir beneficios». Este madrileño es una verdadera leyenda. Lleva toda la vida viajando, creando pozos, instalando bombas de agua y sistemas de riego por goteo. José Luis tenía una misión muy importante en este viaje, instalar un sistema de riego por goteo con una placa solar en el huerto de un pueblo vecino a Muketuri llamado Gimbichu donde tienen una situación más deprimida. El buen trabajo de uno de sus vecinos había provocado que la Congregación de San Pablo le construyera un pozo. Ahora, con este sistema de riego utilizando la energía solar se conseguirá aumentar la producción y cambiar la vida de estas personas.

Para terminar nuestro grupo de voluntarios llegamos a Pastora Mudarra, el alma del equipo. Viaja por segunda vez a Muketuri. En su primer viaje, hace dos años, conoció el caso de un pobre niño con espina bífida que necesitaba una operación. Pastora se está haciendo cargo de él desde entonces y en estos días visitaba emocionada su casa donde vive feliz tras la operación. Además, Pastora ha sido fundamental en el trabajo de reparto de ropa por los poblados.

El voluntario número diez soy yo misma, que he aprendido de todos ellos y cuyo principal objetivo era, plasmar lo mejor posible nuestra experiencia en el blog Crónica de Etiopía publicado en Sur.es.