El Códice Voynich, el único manuscrito por descifrar

El Códice Voynich, el único manuscrito por descifrar

  • Es el único manuscrito medieval del que se desconoce su significado. Lingüistas de todo el mundo llevan 600 años buscando un significado a sus 30.000 palabras

Allí sigue guardado en una vitrina de la Biblioteca Beinecke (la de Libros Raros) de la Universidad de Yale con el número de catálogo MS 408 en su lomo de pergamino de cordero. Dicen quienes lo han visto que el ‘Códice Voynich’ parece «sonreír y guardar silencio, como si supiera un secreto que no somos ni seremos capaces de desvelar». Es la ‘biblia’ para los nigromantes y creyentes en las ciencias ocultas. Pero también la obsesión de la ciencia oficial en todas sus ramas del lenguaje y la criptografía que lleva casi 600 años fracasando en su intento de obtener respuestas. ‘Voynich’ es sinónimo de reto colectivo, el único manuscrito medieval que queda por descifrar del planeta. El rey de las rarezas bibliográficas. De él dijo el escritor escocés Walter Scott (autor de ‘Ivanhoe’) que «en ese temible volumen yace el misterio de los misterios».

«¿Quién lo escribió?, ¿para qué?, ¿qué idioma es este?.... ahí seguimos hincándole el diente sin encontrar respuesta», resume el astrónomo Francisco Violat, que hace algún tiempo que se dio de baja de la ‘Lista Voynich’, el grupo de expertos de docenas de especialidades científicas que han dedicado tiempo a avanzar en sus enigmas. Ni siquiera han establecido en qué idioma está escrito. Se conoce como ‘voynichés’, por lo que este librito de apenas 252 páginas y unas 30.000 palabras lo sería todo en esa supuesta lengua: su diccionario, su literatura, su historia.... Una especie de esperanto de la Edad Media. Lo cierto es que el ‘voynichés’ alguna lógica debe de tener ya que cumple la ‘ley de Zipf’ (en toda lengua humana, la palabra que más se repite aparece el doble que la segunda, el triple que la tercera y así sucesivamente). Esta ley fue establecida siglos después de que se escribiera el códice.

Tampoco tiene título, ni fecha, ni autor conocido. El nombre le viene del librero lituano con ese apellido que compró en 1912 un montón de volúmenes antiguos en un colegio de jesuitas de Frascati, a las afueras de Roma. Entre ellos estaba este ejemplar que parece condenar al fracaso permanente a la comunidad científica. El astrónomo Violat consuela su frustración con la única certeza de su antigüedad. El carbono 14 establece que fue escrito entre 1404 y 1438. Violat opina que contiene material de la época. «No creo que nos sorprenda un libro de principios del siglo XV», sentencia.

La editorial burgalesa Siloé aportará su granito de arena para llenar este desierto de incógnitas. Temerosos de poner en riesgo un incunable que guardan celosamente desde 1969, los rectores de la Universidad de Yale han rechazado hasta ahora todas las peticiones de préstamo de su joya literaria. Es uno de los volúmenes más solicitados del mundo para todo tipo de exposiciones y ferias de libros. Tampoco parecían muy dispuestos a permitir una réplica para estudiosos. Hasta que han conocido los trabajos de esta pequeña editorial castellana de libros clásicos. Sus gestores conocieron la existencia del libro en 2005 y han invertido estos diez años en camelarse a los americanos. «Queríamos conseguirlo como fuera. Es el no va más para nosotros», explica todavía en una nube Juan José García, director de Siloé. El Papá Noel americano le ha traído la confirmación del mejor regalo posible: la Universidad de Yale les acaba de seleccionar, entre los aspirantes de todo el mundo, para realizar la primera reproducción que han permitido jamás. La calidad de los trabajos de Siloé y la posibilidad de quitarse de encima tantas peticiones les han acabado por convencer.

«Con nuestras réplicas, nosotros logramos que la gente se traslade al pasado. Hacemos que sienta la vejez y el tacto del pergamino», explica García, que también dirige del Museo del Libro Don Fadrique de Basilea, de Burgos. En un patio del casco antiguo de esta ciudad, García y su socio, Pablo Molinero, han creado un museo que recorre la historia de la escritura, desde las tablillas cuneiformes de hace tres mil años a las ‘tablets’ de hoy. Es un pequeño escenario de tres pisos, que parece poco propicio para un museo, pero en el que el visitante puede apreciar casi veinte años de reproducciones de textos medievales y renacentistas. Lo más parecido al taller amanuense de uno de aquellos monasterios que tan bien reflejó Umberto Eco en ‘El nombre de la rosa’. «Es muy amigo nuestro –presume Juan José García–. Ya le hemos escrito para darle la noticia. De hecho, nos ayudó en la reproducción del ‘Beato de Ginebra’».

El editor burgalés y su colega dejarán pasar los rigores del invierno y en febrero esperan presentarse en la sede de Yale, en New Heaven (Connecticut, EE UU). Allí permanecerán una semana en una sala a media luz y con temperatura casi gélida (el ‘peaje’ de una buena conservación) en la Biblioteca Beinecke para fotografiar, una a una, las 252 páginas del ‘Voynich’. Y para documentar y tomar notas de todas las características de este excepcional manuscrito. Con dificultades añadidas como sus páginas desplegables de vitela, una especie de pergamino hecho de cuero de cordero muy trabajado y fino.

Juan José García, de Siloé, hojea una fotocopia del libro.

Juan José García, de Siloé, hojea una fotocopia del libro. / R. Ordóñez

El manuscrito contiene ilustraciones de plantas exóticas, estrellas y figuras humanas misteriosas, además de decenas de hojas escritas en ese desconocido idioma que se ha relacionado con Leonardo Da Vinci, los cátaros, la tribu perdida de Israel, los aztecas, con un antiquísimo lenguaje asiático y hasta con los extraterrestres.

Para Siloé, una pequeña empresa que «lleva veinte años vendiendo fe en la industria cultural del facsímil», es la culminación de su apuesta. En estas dos décadas, se han encargado de la reproducción de 34 manuscritos por los que se respira la historia de la cultura. De ellos, 14 han sido premiados. El último, el ‘Bestiario de Westminster’, el códice más importante del medievo británico, del siglo XIII.

Copiar hasta los fallos

La clave de su éxito la sitúan en la «exactitud milimétrica» de sus reproducciones. Copian hasta las irregularidades de las páginas de papiro o los rugosidades y dobleces de las encuadernaciones. La edición de obras clásicas es, probablemente, el sector más exigente en una encuadernación. «Y nosotros somos la mejor editorial del mundo en la materia», remacha el director comercial de Siloé, Antonio Bermejo.

«Nos matamos día y noche para buscar los mejores en cada proyecto». Hasta 23 profesionales y artesanos distintos harán falta para el ‘Códice Voynich’, un trabajo en el que invertirán no menos de dos años. Desde notarios que den fe, a curtidores, pasando por la encuadernación, el cosido a mano de cada ejemplar o la impresión final. Todos españoles y repartidos a lo largo y ancho del país. Los mejores profesionales seleccionados después de años de trabajos conjuntos. La matriz de todo, Siloé, solo se reserva una parte clave: el envejecimiento. Lo que García llama «la sensación de volver al pasado, a los misterios que aún no hemos logrado revelar del libro».

No entregarán sus enigmáticas páginas a la imprenta antes de 2018. Y se hará una tirada única de 898 ejemplares a precios aún por decidir. Alguno de sus trabajos que exhiben en el Museo del Libro cuestan más de 10.000 euros por copia. La previsible repercusión que tendrá en las ventas el halo de misterio que envuelve la ‘voychología’ (así llaman los expertos a esta nueva ciencia tan particular) ha llevado a Siloé a apostar por el micromecenazgo (‘crowdfunding’) para garantizarse los fondos que avalen todo el proceso. El teléfono de su sede no deja de sonar con las primeras reservas del libro más misterioso de la Tierra.