Diario Sur

El edificio 'maldito' de Valencia

Juan Manuel llevaba varias semanas muerto. Un horrible olor hizo saltar las alarmas.
Juan Manuel llevaba varias semanas muerto. Un horrible olor hizo saltar las alarmas. / J. Monzo
  • La vivienda suma ya nueve muertes extrañas. Acaban de encontrar el cadáver del vecino del séptimo. «Estamos gafados», se lamenta Pedro, que lleva 46 años en el bloque

Cuando en 1969 Pedro Rubio se casó, compró un piso en el edificio e instaló su taller en uno de los bajos. Hacía casi un año de la muerte de la famosa vedette Gracia Imperio y su exnovio en extrañas circunstancias. Aquel fue el primero de los trágicos sucesos que se irían sucediendo a lo largo de los años en el bloque de ocho plantas levantado en el número 1 de la calle Tres Forques, en el valenciano barrio de Patraix. Fue el modisto de la artista quien, en la mañana del 1 de noviembre de 1968, descubrió los cadáveres y la policía quien se percató de que las espitas del gas estaban abiertas. Nunca se supo si 'la artista de los ojos musulmanes' -la misma que unos años antes se había codeado con Antonio Machín- y su amante, Vicente Alberto, fueron asesinados, víctimas de un accidente o, simplemente, decidieron quitarse la vida en la casa que Mercedes Viana, la dueña del por aquel entonces conocido Club Mogambo, le alquilaba cuando trabajaba en la ciudad.

El pasado miércoles, el edificio volvió a amanecer envuelto en el trajín que acompaña a la tragedia y Pedro Rubio a lamentar haber gastado sus ahorros en el quinto izquierda. Tuvieron que pasar varias horas hasta que los bomberos consiguieron entrar por el balcón del séptimo derecha y localizar a Juan Manuel, de 65 años, «en avanzado estado de descomposición». Luego llegaría la Policía Científica, una comisión judicial y el retén fúnebre que se encargaría de sacar de allí su cuerpo putrefacto.

La defunción de Juan Manuel, que podría haber acontecido hace unos dos meses, no tendría nada de particular -engordaría sin más la lista de fallecidos en la soledad de sus casas-, si no fuera porque en ese mismo edificio, y en las más raras circunstancias, ya han muerto nueve personas.

«Poco después de lo de la vedette, el cuñado de la Mercedes acabó muerto al caer -o tirarse- por el hueco de la escalera desde el último piso. La verdad es que no estaba muy bien de la cabeza», cuenta Pedro lamentando que allí «todo sean desgracias».

En la década de los setenta, otro suceso conmocionaría a la sociedad valenciana y volvería a colocar el foco sobre el inmueble: Una niña de 2 años y su hermano mayor perdieron la vida al caer desde el cuarto piso. Los vecinos que entonces vivían en la casa aún cuentan espeluznados que la pequeña salió despedida cuando jugaba a saltar sobre una cama junto a la ventana y que su hermano se precipitó tras ella cuando trataba de agarrarla. La muchacha murió en el acto; él, unos días después en el hospital.

La sexta víctima tenía 18 años. Falleció por culpa de una sobredosis cuando pretendía celebrar su cumpleaños con un grupo de amigos. Vivía en el octavo.

«Luego le llegó la hora al de la puerta 15; un hombre muy trabajador y educado. Su madre llevaba varios días sin dar con él por teléfono y, cuando vino para ver qué pasaba, descubrieron el cadáver», explica el mecánico con la soltura de quien ya ha contado la historia un montón de veces.

Justo cuando el barrio comenzaba a recobrar la normalidad, ocurriría otra desgracia. En la madrugada del primer día de marzo de 2012, Javier, uno de los vecinos del quinto, mató a la prostituta brasileña que había contratado después de una encendida disputa que logró despertar a medio vecindario. Aún así, a Javier le dio tiempo a acuchillarla y esconder el cadáver en el trastero del inmueble, justo al lado de las bicicletas. Aquello logró quitar el sueño al vecindario durante unos cuantos días.

El homicida, de 40 años y con antecedentes policiales, fue detenido poco después: Llevaba la ropa manchada de sangre y el cuchillo en el bolsillo cuando le apresó la Policía.

«Todo un desastre»

«Cualquiera imagina qué pensamos los que vivimos aquí de todo esto... ya es mala suerte... y no nos la quitamos de encima». Según Pedro, la historia negra del número uno de la calle Tres Forques, que terminó de construirse en 1957 -el mismo año que una riada sembró Valencia con 81 cadáveres embarrados-, está aderezada con otra buena dosis de infortunios.

«El señor Benito, que era sargento de aviación, se estrelló entrando en Valencia hace ya unos cuantos años; luego está el asunto de 'la mora' y el Lombardi -un estafador del caso de la Nueva Esperanza, una inmobiliaria que cobró más de 100 millones de las antiguas pesetas por viviendas que nunca entregó y que también tuvo su domicilio en el número 1 de la calle Tres Forques-; y el del delincuente que ocupó el tercer piso y que se rompió las piernas huyendo de la policía... En fin, todo un desastre. Incluso yo he tenido mala suerte. Me separé, uno de mis hijos tuvo un accidente de moto y quedó mal. Sin ir más lejos... acabo de colgar al otro que me llama desde el hospital. No tiene treinta años y dice que le ha dado un ictus. Estamos gafados».