Aquel verano de Pablo Atencia

Atencia (el de la derecha sobre estas líneas), junto a Francisco Pulido, Enrique Campos, AntonioMoreno, Ignacio Arbizu, Jorge Alcántara, José Luis Mapelli y José Moreno.
Atencia (el de la derecha sobre estas líneas), junto a Francisco Pulido, Enrique Campos, AntonioMoreno, Ignacio Arbizu, Jorge Alcántara, José Luis Mapelli y José Moreno. / SUR
Málaga en Verano

El presidente de la Agrupación de Cofradías recuerda sus veranos en Chilches y sus incursiones de juventud en el terreno de la hostelería

Jesús Hinojosa
JESÚS HINOJOSAMálaga

Si no fuera porque el Derecho le corre por las venas –su padre fue fundador del despacho Gómez-Villares & Atencia–, es muy posible que el presidente de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga se hubiera dedicado al mundo de la hostelería. Su carácter inquieto y emprendedor le llevó a ejercer de ‘empresario’ con solo 11 años al montar, junto Agustín Ramírez, el hijo del guarda de la urbanización en la que su familia ha veraneado de toda la vida en Chilches, un simulacro de quiosco en una de las viviendas aún desocupadas de la zona para vender chucherías e incluso huevos que iban a comprar a una granja cercana. «Un verano llegamos a sacarnos lo que hoy serían unos cien euros», recuerda Pablo Atencia, quien asocia sus veranos de infancia y juventud a la convivencia con su familia y sus numerosos amigos en la casa en la que su madre todavía pasa los meses de julio y agosto junto a la playa del Conde, donde sigue recibiendo a sus seis hijos, nietos y biznietos.

La soledad y el aburrimiento no tenían cabida en los veranos de Atencia, siempre rodeado de amigos y compañeros del colegio El Romeral en la urbanización que construyeron sus padres junto a otros socios a mediados de los años setenta. «Recuerdo un ambiente muy familiar. En aquella época fuimos casi de los primeros en ‘colonizar’ esa zona, así que teníamos la playa para nosotros y, tras las casas, el campo, donde construíamos cabañas», señala el hoy presidente de los cofrades malagueños, al que la pasión por la Semana Santa le viene heredada de su padre Manuel y su tío José, fundadores de la Cofradía de los Estudiantes en San Agustín.

En su época de estudiante regentó junto a sus amigos un bar en el paseo de Reding

El mundo de las cofradías se colaba con frecuencia en las tertulias familiares de la casa de Chilches, donde un intrépido Pablo Atencia no paraba de organizar planes con sus «más de cuarenta amigos». «Recuerdo especialmente las noches de San Juan, ya que coincide con mi cumpleaños y siempre preparábamos alguna moraga en la playa o algo parecido», apunta.

Con 15 años, su hermano Manuel se compró una tabla de windsurf que Pablo no dudó en hacer suya hasta el punto de llegar a participar en competiciones de Rincón de la Victoria y Torre del Mar a principios de los ochenta. Eran los años de adolescencia en los que frecuentaba con su pandilla los bares Pay Pay (hoy un lugar de celebraciones) y Tamarindo. Junto a sus compañeros de clase formó un grupo de diez amigos que el paso de los años no ha logrado disolver. Son los mismos amigos con los que todavía sigue veraneando todos los años, junto a su mujer Silvia y sus cuatro hijos. Este año han reservado cuarenta habitaciones en el hotel Atlanterra de Zahara de los Atunes para poder dar cabida a los diez matrimonios y sus respectivos vástagos.

Muchos de estos amigos se integraron, como él, en la cofradía que crearon su padre y su tío José. Empezaron, como otros jóvenes de su edad, en la albacería y encargándose, entre otras cosas, de montar la caseta para una incipiente feria del Centro, lo que le ocupaba gran parte del mes de agosto entre preparativos y desmontaje. «Una de las primeras la montamos en un almacén de la calle Fresca que tenía la ferretería Arribere, hoy El Llavín. Llegamos a dotarla de un tablao flamenco con recreación de plaza de toros incluida», desvela Pablo Atencia, quien no se olvida de las muchas horas de trabajo junto a sus compañeros en las casetas de feria que Estudiantes instaló en años sucesivos en la calle Salinas y en la cafetería Viena, que existió en la calle Granada, entre otras.

Con la tabla de windsurf de su hermano Manuel llegó a participar en varias competiciones

Aquel contacto altruista con el mundo de la hostelería, le llevó a asumir junto a sus amigos la gestión del bar Pampano que existía en el paseo de Reding, donde hoy está la pizzería O’Mamma Mia de la avenida de Príes. Atencia compaginó sus estudios con este negocio y punto de encuentro que llegó a contar con una treintena de empleados. «Lo dejamos en el año 92, pero llegamos a tener el primer karaoke que hubo en Málaga. Recuerdo que fuimos por él a la Expo de Sevilla y compramos pantallas de cine de segunda mano para poder usarlo. Fue un éxito».

Pero aquella incursión hostelera acabó y Pablo Atencia se centró en su oficio de abogado, que hoy todavía desempeña en el despacho de su padre, fallecido en 2005. Tras una década como hermano mayor de la Cofradía de Estudiantes que acabó en el año 2010, hoy compagina su vida laboral y familiar con la presidencia de la Agrupación de Cofradías, en la que afronta retos como el proyecto para dar un cambio al recorrido oficial. Su principal apoyo es su mujer Silvia, a la que conoció precisamente en su casa de Chilches en 1986 cuando ella tenía 16 años, y con la que volvió a encontrarse en 1994 para emprender una vida en común. «Fue gracias que una de sus primas veraneaba allí, ya que su familia siempre ha pasado las vacaciones en Torremolinos». Desde entonces, Pablo y Silvia alternan los veranos entre Playamar y Chilches, donde Pablo llegó a pertenecer al equipo de fútbol y donde los domingos ejercía de monaguillo en la misa que oficiaba en la iglesia de Benajarafe Francisco Pineda, el director espiritual de Estudiantes que ha bautizado y casado a todos los Atencia.

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