Aquel año en el que Málaga vivió una Semana Santa sin procesiones en la calle

Primitiva imagen: La Archicofradía de la Sangre dedicó una misa en 1936 a su titular desaparecido en 1931/Archivo Temboury. Archico Histórico Fotográfico. Centro de tecnología de la imagen (CTI) Universidad de Málaga
Primitiva imagen: La Archicofradía de la Sangre dedicó una misa en 1936 a su titular desaparecido en 1931 / Archivo Temboury. Archico Histórico Fotográfico. Centro de tecnología de la imagen (CTI) Universidad de Málaga

Las cofradías tuvieron que conformarse en 1936 con celebrar los días santos en los templos

ELÍAS DE MATEO

Nuestras hermandades y cofradías atravesaron una etapa especialmente difícil y trágica durante la década de 1930. A la quema de conventos del 11 y 12 de 1931 con su secuela de irreparables pérdidas en el patrimonio artístico, se unió a la decidida política anticlerical de los gobiernos del primer bienio de la II República. El resultado fue que, en Málaga, no salieron a la calle procesiones ni en 1932 ni en 1933. Sin embargo, la llegada al poder del republicanismo moderado, fundamentalmente del Partido Radical de Lerroux en las elecciones de noviembre de 1933, abrió una cierta esperanza para los cofrades malagueños.

Las relaciones Iglesia-Estado mejoraron notablemente. Desde 1932 actuaba en la ciudad una autodenominada Comisión Pro-Semana Santa que, integrada por cofrades como Fernando Roldán, periodistas como Enrique Llovet, académicos como Manuel Prados López, y personajes socialmente relevantes como la condesa de Berlanga de Duero, se propuso y consiguió movilizar a una buena parte de la ciudadanía para recuperar las procesiones. Se recogieron firmas, se publicaron artículos en la prensa y se organizaron diversos actos benéficos a lo largo de 1932, 1933 y 1934. Junto a los argumentos religiosos se hacía especial hincapié en la recuperación de una de las tradiciones populares de más solera en Málaga que, además, traía consigo un beneficio económico evidente con la llegada de forasteros para contemplar las procesiones.

Propaganda para el cartel de la Semana Santa de 1936 se cogió el editado en 1927 y se le añadió la leyenda ‘Fiestas de primavera’ para vincularlo al atractivo turístico y festivo de las procesiones.
Propaganda para el cartel de la Semana Santa de 1936 se cogió el editado en 1927 y se le añadió la leyenda ‘Fiestas de primavera’ para vincularlo al atractivo turístico y festivo de las procesiones. / SUR

Como culminación de todo lo anterior era imprescindible escenificar la demanda popular de recuperar las procesiones. Y así se hizo con la entrega de 40.000 firmas de malagueños en la sede de la Agrupación de Cofradías, en la Alameda, en abril de 1934, junto acuerdos de apoyo expreso de la mayoría de las entidades culturales y profesionales de la ciudad. Aquel año las imágenes que sobrevivieron a los incendios de 1931 se mostraron al culto en sus capillas junto a enseres procesionales. También alguna imagen nueva, como la de la Virgen de la Amargura.

La celebración con desfiles penitenciales al año siguiente, 1935, no hubiera sido posible sin el apoyo decidido de las autoridades gubernativas. En especial del nuevo gobernador civil, el escritor Alberto Insúa, del partido Radical, que publicaría un famoso bando el Domingo de Ramos, 14 de abril de 1935 donde elogiaba y defendía las procesiones. Pero también el nuevo Ayuntamiento de centro-derecha tuvo un papel importante. Nombrado en octubre de 1934 y formado por republicanos radicales y personalidades independientes presididos por el nuevo alcalde, Benito Ortega Muñoz desplazó al que hasta entonces ejercía sus funciones dominado por los partidos de izquierda acusados de colaboracionismo con los promotores de la Revolución de Asturias. Los nuevos ediles de centro-derecha no dudaron en destinar, por acuerdo de 3 de abril de 1935, 25.000 pesetas la partida de Festejos a subvencionar las procesiones de ese año. De esta forma, con un importante apoyo popular e institucional, incluida la subvención municipal, llevaron a cabo sus respectivas estaciones de penitencia entre el 18 y el 21 de abril las siguientes hermandades: Jueves Santo: Pollinica, Cena, Ánimas de Ciegos y El Rico; Viernes Santo: Expiración, Amargura, Amor y Sepulcro; Domingo de Resurrección: Resucitado.

El alcalde Benito Ortega Muñoz apoyó a la Agrupación de Cofradías en 1935, al otorgar una subvención económica de 25.000 pesetas para la celebración de las procesiones.
El alcalde Benito Ortega Muñoz apoyó a la Agrupación de Cofradías en 1935, al otorgar una subvención económica de 25.000 pesetas para la celebración de las procesiones. / SUR

Frente Popular

La experiencia de 1935 había resultado excelente. Además, en septiembre, la designación de Enrique Navarro como presidente efectivo de la Agrupación en sustitución de Antonio Baena auguraba un futuro prometedor.

Sin embargo, el cambio de coyuntura de la política española a partir de las elecciones de febrero de 1936 iba a ensombrecer el panorama cofrade malagueño de manera irreversible. Tras una campaña electoral tremendamente polarizada y con una violencia verbal inusitada, las candidaturas del Frente Popular, que engloba a toda la izquierda y que contó con los votos de los anarquistas, se impusieron a unas candidaturas de derechas desunidas. El centro político prácticamente desapareció. Azaña se convirtió en presidente del Gobierno. Fueron puestos en libertad los implicados en la Revolución de Asturias y en la rebelión de la Generalidad, que fue restablecida; se destituyeron todos los gobernantes civiles anteriores, incluyendo el de Málaga, Alberto Insúa, que tanto había apoyado a las cofradías y la gestora municipal de centro derecha, presidida Benito Ortega, fue cesada el 21 de febrero, volviendo a ocupar la alcaldía Eugenio Estrambasaguas, de Unión Republicana, y las concejalías miembros de Frente Popular, como el comunista Andrés Rodríguez. Málaga quedó paralizada por una gran manifestación y por una huelga general y el día 20 de febrero moría un obrero en una refriega en calle Trinidad Grund. Desde esos momentos se generalizaron la violencia y los enfrentamientos en las calles de muchas ciudades y pueblos de España, que, en el caso de Málaga, culminó con las muertes del concejal comunista Andrés Rodriguez y del presidente de la Diputación, el socialista Antonio Román Reina los días 10 y 11 de junio de 1936.

En el Ayuntamiento se decidió revocar el nombramiento de hijo predilecto de Málaga que ostentaba el anterior gobernador, Alberto Insúa calificándolo de persona «indeseable». Asimismo, se declaró «lesivo» la concesión de la subvención de 25.000 pesetas otorgadas a las procesiones de 1935 y pedir responsabilidades al respecto.

Pese a todo, diversas ciudades y localidades españolas lograron sacar a la calle procesiones durante la Semana Santa de 1936, celebrada entre el Domingo de Ramos 5 de abril y el de Resurrección, 12 de abril. En Sevilla, donde habían vuelto algunas procesiones a la calle ya en 1934, y todas, incluso Estudiantes, en 1935, se desarrolló la Semana Santa de 1936 con toda normalidad, chaparrones aparte. Igual ocurrió, por ejemplo, en Jerez de la Frontera, Lorca (Murcia), Cuenca, Valladolid, Alicante, Huelva, Jaén…

Y, mientras tanto, ¿Qué ocurría en Málaga? La Agrupación de Cofradías estaba dividida. En una reunión celebrada el día 25 de febrero, poco después del triunfo del Frente Popular, se manifestaron opiniones a favor y otras en contra de sacar los tronos a la calle. Era preciso pulsar el ambiente ciudadano y el posible apoyo de las autoridades. Ni el gobernador civil, Enrique Balmaseda, ni el alcalde, Eugenio Entrambasaguas, pusieron, en principio, serios obstáculos. Pero el segundo se negó a gestionar una subvención económica como la del año anterior. Sin duda, había voluntad de colaboración, pero no de aportar ayudas económicas.

Si las procesiones malagueñas podían tener lugar, debían acogerse bajo el manto de su atractivo festivo y turístico.

Atractivo turístico

Desde el Patronato Nacional de Turismo se acometieron serios esfuerzos para dar continuidad a la feliz experiencia de 1935. Durante las últimas semanas de marzo de 1936 llegó a Málaga el secretario de dicho organismo, Ricardo Jaspe, que mantuvo entrevistas tanto con el presidente de la Agrupación, Enrique Navarro, como con el gobernador civil y con el alcalde.

La década de los 30 fue difícil y trágica con la quema de conventos y la política anticlerical

En la ciudad de Málaga no salieron procesiones a la calle ni en 1932 ni en 1933

El proyecto, al final frustrado, consistía, en organizar unas ‘Fiestas de Primavera’ dentro de las cuales se incluirían las procesiones. Se llegó, incluso, a adaptar el cartel oficial de 1927, obra de Pablo Coronado, sustituyendo el mensaje de texto. Aquel cartel anunciaba ‘Semana Santa. Fiestas de Primavera. Del 5 al 19 de abril de 1936’, lo que indicaba claramente que, junto a las procesiones, se iban a organizar otro tipo de actividades lúdicas de carácter profano. Al final, el 30 de marzo, la Agrupación se echó atrás, tanto por el miedo ante la posibilidad de incidentes y, sobre todo, por la falta de medios económicos.

Dentro de los templos

La Semana Santa malagueña de 1936 quedó circunscrita a las celebraciones litúrgicas en el interior de los templos. El obispo bendijo y distribuyó las palmas en la Catedral el Domingo de Ramos, con solemne con procesión claustral, que salió por la Puerta de las Cadenas y entró por la del Sagrario; se celebraron los divinos oficios en todas las iglesias; el quinario al Santo Rostro en la Catedral el Lunes y Martes Santo; el oficio divino de Maitines y laudes el Miércoles Santo; y el oficio de tinieblas el Jueves Santo.

Solo la Archicofradía de la Sangre, que había perdido a su titular en los incendios de mayo del 31, realizó un acto singular. Aquel Miércoles Santo, a las once de la mañana, se ofició una misa solemne «en conmemoración, honor y gloria de nuestro Sagrado Titular».

El periódico vespertino Diario de Málaga sacó aquel Jueves Santo, 9 de abril de 1936, un suplemento extraordinario de Semana Santa del que, por desgracia, no hemos podido localizar ejemplar alguno.

Publicación

Se trataba de mantener vivo el procesionismo malagueño en aquellos tiempos adversos. En su portada figuraba la Virgen de Belén, obra de Mena, quemada en 1931. Entre los artículos y los colaboradores figuraban títulos significativos y nombres de jóvenes que adquirían un papel relevante en el mundo cofrade tras la guerra civil.

Algunos ejemplos: ‘Una Semana Santa sin saetas’, de Andrés Oliva, futuro hermano mayor de Fusionadas; ‘La calle sin procesiones’, por el entonces joven periodista Enrique Llovet. ‘¡Semana Santa!’, de Pilar Millan-Astray.

Tampoco podía faltar una importante circular de la Agrupación de Cofradías. En ella se llevaba a cabo un llamamiento a comerciantes, industriales y malagueños, solicitando su óbolo para una suscripción general que, con carácter permanente, y en forma de aportación mensual, permitiese afrontar los gastos procesionales de cara a la siguiente Semana Santa, la de 1937.

El inicio de la guerra civil, tres meses más tarde, frustraría esta iniciativa.

Si hay que creer las crónicas periodísticas, no hubo procesiones, pero sí un buen ambiente de Semana Santa:

«Toda Málaga católica se echó a la calle el Jueves Santo, para recorrer los Monumentos, dando pruebas de un catolicismo acendrados. La circulación por las vías más céntricas y populosas, era materialmente imposible, pues un río humano afluía sin cesar en dirección a los templos, que se hallaban abarrotados de público. La mujer dio un verdadero ejemplo de piedad, recorriendo en gran cantidad los Sagrarios, con una devoción admirable.En la calle de Larios, un altavoz no cesó de radiar saetas, que fueron escuchadas con profundo respeto, La animación el Viernes Santo en las calles que conducen al Calvario, fue asimismo extraordinaria, destacándose el sinnúmero de personas que subieron a la Ermita».

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