El secreto tras las palmas del Domingo de Ramos

Palmas blancas trenzadas y dispuestas para su uso./Palmas García Magallón
Palmas blancas trenzadas y dispuestas para su uso. / Palmas García Magallón

Las palmas blancas esconden en realidad un laborioso trabajo para que cada Semana Santa puedan ser protagonistas de la Cofradía de la Pollinica

Jon Sedano
JON SEDANOMálaga

“Al día siguiente, la gran muchedumbre que había venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmeras y salieron a su encuentro” (Juan 12:12-13). El Domingo de Ramos es el día en el que la Cofradía de la Pollinica representa la llegada de Jesucristo a Jerusalén montado sobre un asno. Dos imágenes, la de Jesús y María, recorren las calles de Málaga, saliendo desde la Iglesia de San Agustín y pasando por Carretería, Atarazanas, Larios o Plaza Uncibay entre otras antes de volver a su Casa Hermandad. Los niños son los principales protagonistas de esta procesión, ataviados como hebreos y con palmas blancas en las manos. Pero, ¿de dónde proceden estas hojas con ese color tan peculiar? De Alicante.

“Casi todas las palmas blancas que se ven en las procesiones españolas vienen de Elche”, explica José Luis Vizcaíno, Hermano Mayor de la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén y María Santísima del Amparo (Pollinica). Reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000, el Palmeral de Elche es el más grande de Europa y su palma blanca se considera un producto único en el mundo. Son muchas las empresas, la mayoría familiares, que se dedican a cultivar esta hoja que necesita un periodo de elaboración de casi un año.

Ñinos, durante la procesión de La Pollinica en Málaga.
Ñinos, durante la procesión de La Pollinica en Málaga. / Ñito Salas

Palmas García Magallón es la empresa que hay detrás de las palmas que llegan a la Cofradía de la Pollinica. Son más de 20 personas en el negocio, la mitad familiares. Jorge García es la quinta generación que se dedica a recolectar este tipo de hoja: “A partir del Domingo de Ramos seleccionamos las mejores palmeras, las encaperuzamos y en octubre empezamos a recolectar las palmas blancas que han ido naciendo”.

Las palmeras datileras crecen principalmente en el norte de África y en el Mediterráneo, pero el singular proceso para alcanzar el color blanco es ilicitano. Primero se atan las hojas de las palmeras junto al tronco, de forma cónica, obligando a que las nuevas que nazcan en su interior lo hagan sin recibir luz solar. Gracias a ello, la fotosíntesis no se realiza y las palmas crecen con un color blanco amarillento.

El segundo paso es lo que se conoce como encaperuzado, que suele comenzar a partir del Domingo de Ramos y consiste en tapar mediante un plástico especial la parte superior de la palmera que quedó libre en el proceso anterior. Así, las palmas nuevas que van creciendo en el interior no reciben luz aunque sobresalgan.

Proceso conocido como encaperuzado.
Proceso conocido como encaperuzado. / Palmas García Magallón

Entre septiembre y octubre se recolectan las palmas blancas que han nacido dentro del caperuzo, dejando solo las hojas necesarias para que la palmera pueda seguir creciendo. Por último, las palmas blancas se limpian, clasifican y se conservan en cámaras de azufre.

Es en este último punto donde se van confeccionando los ramos que luego se distribuirán. Durante todo el año se va trabajando en las palmas y dos o tres meses antes de Semana Santa se embolsan. En el caso de García Magallón, la empresa recolecta unas 200.000 piezas de palma. La Cofradía de la Pollinica es uno de sus clientes, con un pedido de 260 palmas anuales, cifra estándar que se ha mantenido desde hace diez o doce años, según Vizcaíno.

Recolección de palmas y una palma blanca trenzada.
Recolección de palmas y una palma blanca trenzada. / Palmas García Magallón

El precio de estas palmas, que varía en función de su tamaño, suele estar en torno a los cinco euros en el caso de las lisas, aunque las trenzadas, de las que la Pollinica porta cuatro, llegan a costar entre 80 y 90 euros. Eso sí, según explican desde García Magallón, las grandes elaboraciones que se suelen ver en algunas procesiones no tienen precio: “Solo se crean para concursos y necesitan que una persona esté trabajando exclusivamente en ellas durante tres o cuatro semanas”.

De esta forma, cada Semana Santa en Málaga los niños pueden acompañar a los tronos de la Cofradía de la Pollinica con las curiosas palmas blancas, unas hojas de apariencia sencilla que esconden en realidad una confección que dura todo un año.

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