El año que las procesiones de Málaga peligraron

La Agrupación de Cofradías amenazó con suspender los desfiles si no recibía el dinero de los hosteleros

Caridad. El trono fue abandonado en Atarazanas./Fondo Bienvenido-Arenas. Archivo CTI-UMA
Caridad. El trono fue abandonado en Atarazanas. / Fondo Bienvenido-Arenas. Archivo CTI-UMA
ELÍAS DE MATEO

Los años sesenta del pasado siglo fueron testigos de la mayor crisis por la que atravesaron las cofradías malagueñas tras los aciagos años treinta. El modelo de Semana Santa puesto en pie a partir de 1921 y recreado tras la guerra civil hacía aguas por todas partes. Con independencia de su popularidad, del fervor y devoción que muchos malagueños profesaban a todas las advocaciones pasionistas, las cofradías, hace medio siglo, no contaban con una sólida base social implicada en sus actividades. Los directivos que habían reconstruido el procesionismo malagueño durante la posguerra habían envejecido en años y en ideas. Se habían perpetuado en los cargos, en especial, como hermanos mayores, y no contemplaban el relevo generacional.

En la mayoría de las hermandades no existía ninguna actividad a lo largo del año. No se cobraban con regularidad las cuotas. Cuando llegaba la cuaresma, en el mejor de los casos, un reducido grupo de notables y algunos cofrades de base se reunían y ponían en marcha los cultos y la procesión. Se recurría a los donativos de los hermanos con una posición económica más acomodada; se montaban a toda prisa los tronos en inestables tinglados callejeros; se contrataban los capataces y hombres de trono, cuya exigencias económicas crecían año tras año y se reclutaban a unos escasos penitentes, muchos de ellos pagados, utilizando la influencia de los hermanos mayores o de directivos en las empresas de su propiedad o en las instituciones que dirigían.

Solo unos pocos hermanos mayores pensaban en el relevo generacional

Se sucedieron casos indeseables y el colapso económico se venía venir

El panorama no era mucho mejor en la Agrupación de Cofradías. Su presidente carismático desde 1935, Enrique Navarro, con más de 70 años, se encontraban enfermo y agotado. Intentó dimitir en varias ocasiones sin conseguirlo. Finalmente, en 1968, los hermanos mayores le concedieron un permiso de seis meses, haciéndose cargo de la entidad José Salcedo, hermano mayor del Mutilado como presidente adjunto. Solo unos pocos hermanos mayores o delegados jóvenes tenían claro que eran precisas reformas de calado y un relevo generacional. Entre ellos se encontraban Andrés Oliva García, hermano mayor de Fusionadas; José Atencia, de Estudiantes; Carlos Gómez Raggio, de la Esperanza y Francisco Hermoso, delegado de La Paloma.

Las situaciones indeseables se sucedían y el colapso económico se veía venir. La Soledad del Sepulcro fue abandonada en la calle Tejón y Rodríguez por los hombres de trono el Viernes Santo de 1964. Ese mismo año, un portador de la Estrella sufrió una hemorragia cerebral y la Agrupación tuvo que hacer frente a la consiguiente demanda judicial.

A partir del año siguiente fue preciso contratar un costoso seguro de responsabilidad civil para este colectivo, lo que supuso un importante desembolso económico.

Las subvenciones

Por entonces, los ingresos agrupacionales se basaban en subvenciones oficiales, en la recaudación por sillas y tribunas, en la Lotería de Navidad y en cuestaciones voluntarias de diversa procedencia. El Ayuntamiento aportaba 250.000 pesetas anuales. La Diputación, 100.000. Los ingresos anuales por sillas y tribunas resultaban escasos e irregulares, pues buena parte de las entradas quedaban sin vender. La Lotería de Navidad de la Agrupación, hoy desaparecida, comenzaba a encontrar competencia con la que empezaron a vender algunas hermandades.

Y mientras, los gastos crecían. La parte mayor se la llevaba las subvenciones a las cofradías. En este punto, las disensiones entre los hermanos mayores eran la nota dominante. Tras muchas variaciones, en 1965 se aprobó conceder 50.000 pesetas a las hermandades de un trono y 90.000 a las de dos.

Era preciso generar más ingresos. Las visitas a los organismos oficiales para que aumentasen la cuantía de las subvenciones, se multiplicaron. También sorteos extraordinarios, tómbolas en la feria de agosto. Seguía la tradicional la cuestación pro Semana Santa el Domingo de Pasión con mesas petitorias en la calle con la colaboración de los principales organismos e instituciones de la ciudad. En esas mesas figuraban las esposas de los responsables de cada organismo y en ellas se integraban, como asesores, los hermanos mayores. Finalmente, estaba la petitoria entre el Comercio y la Industria, donde grupos de hermanos mayores y directivos visitaban los establecimientos comerciales y las empresas pidiendo donativos. En muchas ocasiones estas comisiones no eran bien recibidas.

Mal momento

El indudable crecimiento económico español durante los años sesenta conllevó una importante mejora del nivel de vida de buena parte de la población. De momento este fenómeno no repercutía en los recursos de las cofradías. La Semana Santa malagueña vivía, paradójicamente, su peor momento a nivel económico.

La Agrupación reclamó desde el inicio de los años sesenta su porción del pastel turístico. Con la Costa del Sol en pleno auge, se estableció, de acuerdo con el Sindicato Provincial de Hostelería, una ayuda voluntaria para cubrir los gastos de las procesiones. Lo que iba a ser la solución a todos los problemas económicos de las cofradías se convirtió en una fuente de problemas.

Aquí hay que aclarar que el concepto sindicato vigente en aquella época era muy distinto al actual. El régimen de Franco, con el objetivo de acabar con los conflictos sociales y controlar a trabajadores y empresarios, suprimió su libertad de asociación. En su lugar estableció lo que oficialmente se denominó ‘Organización Sindical’ y, popularmente, los sindicatos verticales. Organizados jerárquicamente bajo el control del Gobierno, obreros y patronos se encuadraban obligatoriamente en sindicatos por sectores de producción.

Accidente. El viento derribó los ‘tinglaos’ de El Rico, junto a la calle Alcazabilla. Ayuda. Recibo emitido por el Sindicato de Hostelería. Presidente adjunto. José Salcedo, hermano mayor del Mutilado. / Archivo Cofradía del Rico | SUR

A los hoteleros malagueños, es decir, a los empresarios, especialmente a los de la Costa del Sol, esta colaboración económica obligatoria nunca les agradó. Su recaudación resultó muy irregular y osciló entre las 21.525 pesetas en 1967 y las 280.930 en 1970.

El mecanismo recaudatorio consistía en el que el Sindicato de Hostelería emitía unos recibos nominativos contra los establecimientos del ramo. Cobrarlos ya era otra cosa. La mayoría no se pagaban, sobre todo los de las empresas ubicadas en Torremolinos.

El 1 de marzo de 1969, el hoy desaparecido diario Sol de España, ofreció una noticia de gran impacto. Bajo el titular ‘La Semana Santa de Málaga, en peligro’, su redactor, Antonio Ramos, dio cuenta de la advertencia que la Agrupación de Cofradías había hecho a las autoridades tras la reunión de su junta de gobierno celebrada el 5 de febrero: «No habrá procesiones de Semana Santa si antes de quince días no nos entrega el Sindicato de Hostelería las 500.000 pesetas que nos había prometido».

La insuficiencia de ingresos para atender los gastos de las salidas penitenciales se arrastraban, de manera grave, desde 1968. Entonces, un crédito de la Caja de Ahorros de Ronda, por importe de 600.000 pesetas, habría salvado la situación. Pero sobre la Agrupación pesaba una deuda de un millón de pesetas de cara al nuevo año.

En Alarcón Lujan, sede entonces de la entidad, sonaron todas las alarmas. La junta de gobierno del 10 de octubre de 1968, presidida excepcionalmente por Enrique Navarro adoptó una serie de medidas de urgencias entre las que se encontraban solicitar un aumento de las subvenciones al Ayuntamiento y a la Diputación; visitar al Gobernador Civil y llevar a cabo gestiones en Madrid, porque «si son subvencionadas las Fallas Valencianas y San Fermín, también debe recibir ayuda la Semana Santa de Málaga». Francisco Lara, hermano mayor de la Humillación apuntó, incluso, que debía visitarse al entonces ministro de la Presidencia, almirante Carrero Blanco, que había resuelto el año anterior los problemas económicos de la Semana Santa de Sevilla, así como al de Información y Turismo, Manuel Fraga.

Compás de espera

Frente a la postura más radical de amenazar con suspender los desfiles procesionales, mantenida también por Francisco Triviño (Pollinica) y Guillermo Ortega (Sangre), el hermano mayor de Pasión, Adeodato Altamirano, muy relacionado con la Organización Sindical en Málaga, solicitó un compás de espera hasta que se reuniera con el Sindicato de Hostelería para que se materializase la aportación prometida de 500.000 pesetas. En la siguiente junta de gobierno de la Agrupación, el 15 de febrero, incluso se barajó una fecha límite: «que si antes del Domingo de Ramos no han sido ingresadas las 500.000 pesetas, las cofradías no hagan su desfile procesional». También que «se instase al Gobernador Civil a que cerrase todos los bares y cafeterías y restaurantes a las doce de la noche si los hoteleros no cumplían su compromiso».

El 25 de marzo, el presidente adjunto, Salcedo, convocó de urgencia a la junta de gobierno para informar a los hermanos mayores de la gestión efectuada por él junto a Enrique Navarro en el Banco Central. Se habían materializado 450.000 pesetas gracias a que los recibos habían sido canjeados por letras de cambio negociadas, quedando pendientes solo 50.000 pesetas.

La financiación de la Semana Santa de 1969 se había salvado por los pelos. Salcedo prometió después de la Semana Santa materializar en dinero las letras no abonadas.

Otros acontecimientos

Aquel 1969, decididamente no fue un buen año. A los problemas económicos se unieron incidencias que denotaban una profunda crisis. El 26 de marzo, el viento derribó los ‘tinglaos’ de El Rico, instalados junto a calle Alcazabilla. Los daños se valoraron en un millón de pesetas y afectaron, sobre todo, al trono del Cristo. La cofradía tuvo que recurrir a los tronos de Pasión para efectuar su estación de penitencia.

Se estableció una ayuda voluntaria de acuerdo con el Sindicato de Hostelería

La financiación de la Semana Santa se salvó tras unas gestiones con el Banco Central

Por si esto fuese poco, el Viernes Santo, el trono de la Virgen de la Caridad quedó abandonado junto al Mercado de Atarazanas. Para colmo, llovió. El Traslado no salió y se mojaron La Piedad, El Sepulcro y Servitas.

Habría que esperar a la nueva década, los convulsos y esperanzadores años setenta, sobre todo su segunda mitad, para que este profundo bache cofrade encontrase soluciones definitivas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos