El Nazareno del Paso estrena una túnica bordada en oro

Aspecto de la falda, cuando aún se encontraba en el bastidor./SUR
Aspecto de la falda, cuando aún se encontraba en el bastidor. / SUR

Bajo las piezas de la nueva prenda, realizada por Salvador Oliver, se han introducido oraciones

FRANCISCO JIMÉNEZ VALVERDE

Teniendo en cuenta una serie de premisas a la hora de realizar una túnica que definitivamente entronque con la talla, que la caracterice, que la complemente y la defina como propia y personal, para el Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso, titular de la Archicofradía del Paso y la Esperanza, se obvia con conocimiento, la idea de una túnica de cola, que nada tiene que ver con la concepción que Mariano Benlliure concibió para la imagen. Esta tipología de túnica talar, en primer lugar, dota de un leve movimiento a la efigie, de manera que la estética, la fuerza expresiva y la puesta en escena procesional ganen no sólo estéticamente, si no que la túnica sea un complemento que potencie la imagen y no un volumen fijo y pesado que otorga unas anchuras, que nada tienen que ver con la escultura del Nazareno, pues restringen su talla anatomizada y su esbelta figura.

En cuanto al aspecto del color, es evidente que se zanja una peculiaridad histórica, devolviendo a la imagen su matiz genuino, por el que se define la sección del Nazareno y evidentemente al propio Nazareno, desde un punto de vista histórico, pero a su vez estético y que tajantemente se pueda decir: Es la túnica del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso.

El diseñador malagueño Eloy Téllez Carrión, con un concepto de simetría, genera una serie de cenefas, así como unas triangulaciones ascendentes de riqueza contrastada en cuanto a elementos decorativos se refiere en esta tupida amalgama de piezas. La primera de las cenefas inferiores nos muestran pequeñas arcadas donde se cobijan hojas tripartitas, dotando de una sensación geométrica este primer elemento constitutivo. Por encima de esta cenefa, se eleva otra más ancha compuesta por piezas ondulantes, que culminan en gotas o lágrimas centrales y hojas. En un tercer escalafón se destacan las arcadas lobuladas apuntadas, conformando las propias piezas vegetales esa configuración de arcos ascendentes. Entre estas formas, se subrayan también los capullos florales, pequeños ramilletes y caracoles compositivos de delicadeza y sutil maestría. En esta acumulación de estratos, de diferentes niveles ascendentes, nos encontramos otra franja de arcadas vegetales que cobijan toda una tipología de diferentes flores que quedan enmarcadas en circulares cofres.

Detalle del pecho.
Detalle del pecho. / SUR

Se crean unas triangulaciones vegetales con capullos apuntados además de hojas, caracoles y pequeños detalles, como la pedrería en el centro de las arcadas o formando grupos de tres de manera vertical, aumentando así esa sensación estilizada y ascendente del conjunto. Con todo, lo que vemos es como se constituye este espacio mediante cenefas que forman la base compositiva, que le otorgan un peso decorativo específico en la zona inferior, creando un vuelo, transparencia y aire conforme avanzamos hacia la zona superior de este conjunto, donde las triangulaciones, a diferentes medidas, atienden a un juego de líneas que acompañan ese movimiento vertical, junto a la inclusión heráldica del Cuerpo de Intendencia en su zona central que se inmiscuye en el entramado sin protagonismo y dentro del conjunto.

Las excepcionales calidades artesanales de la obra se deben al taller del malagueño Salvador Oliver Urdiales, que genera unas piezas donde la calidad y maestría de la hojilla sobresalen junto a los cruzados de cartulinas, las pequeñas piezas donde prima el hilo muestra, además de las milimétricas puntadas, la unión de tejido y hojilla de las arcadas apuntadas o los rosetones florales de volumetría y recamada elaboración, conjuntamente a las volumetrías diferenciadoras y los meticulosos perfilados. El patronaje de la túnica ha sido realizado por el modisto Paco Ruiz.

Siguiendo las formas estilizadas y la conjunción de elementos, entre arcadas apuntadas, hojas, cintas y caracoles, se crea un espacio que defina el medio arco del cuello, de amplia apertura y una vertical compositiva que parte de la cintura. Podríamos decir que se configura una ‘T’ decorativa para el frente. La técnica de la hojilla en las arcadas, capullos y las cartulinas en caracoles, junto a los broches de oro, brillantes y piedras centrales de amatistas, obra de Fernando Joyeros, forman un conjunto de extraordinaria limpieza ejecutoria, una pulcritud destacable cual aparente cincelado de metal, aunque hablemos de bordado.

Mangas

Se articulan como un espacio a modo de cenefa vertical. Se destaca la composición apuntada de capullos florales, a la vez que se engendran esas cenefas y distintos planos compositivos de arcadas, hojas y cintas ondulantes, que no son más que la repetición de una de las franjas de la parte inferior, colocadas en la manga, que evidencian la similitud compositiva, la idea de triangulación y verticalidad y la delicadeza de elementos estructurales. En las mangas, Salvador Oliver sigue las mismas directrices plateadas con anterioridad en la ejecución de la falda pero a menor escala.

El trabajo de un año queda reflejado en los textos que se incorporaron a la túnica en su interior, donde se refleja la hechura por parte del diseñador y el taller de bordados, el episcopado de Jesús Catalá, la dirección espiritual de Antonio Dorado y el cargo como hermano mayor de Carlos López Armada. Además de cientos de escritos en el alma de las piezas que aparecen como oraciones en esta obra, donde en las más de tres mil piezas que la componen, destacan los 40 metros lineales de hojilla realizados para crear un túnica que marcará sin duda un punto de inflexión dentro de esta tipología.

Zona central de la falda.
Zona central de la falda. / SUR

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