Manuel Castillo ensalza el arraigo de la Virgen del Rocío con su barrio

Manuel Castillo, durante un momento del pregón que pronunció anoche en el Rocío./Eduardo Nieto
Manuel Castillo, durante un momento del pregón que pronunció anoche en el Rocío. / Eduardo Nieto

El director de SUR destaca en su pregón que «en el ADN de los vecinos de la Victoria está la Novia de toda Málaga»

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

«En el ADN de los vecinos de este barrio está su Virgen del Rocío, la Novia de toda Málaga», dijo anoche el director de SUR, Manuel Castillo, en la 37.º edición de la exaltación floral ‘Un clavel para el Rocío’, que se celebró en la casa hermandad de la cofradía victoriana, con la intervención de la banda de música de la Vera Cruz de Estepona, dirigida por Juan Carlos Ocaña. El acto lo abrió Rafaela Sánchez López. Castillo, que fue presentado por el fiscal del Rocío, Mario Espinar, destacó que la Virgen del Rocío está presente «en todos y cada uno de los hogares del barrio de la Victoria».

El pregonero, tras dar las gracias por haber confiado en él para pronunciar la exaltación de la ofrenda floral, significó que los claveles que se entregan a la Novia de Málaga «se transforman en una expresión de hermandad, de devoción y esperanza. Miles de claveles que expresan la identidad de un barrio y de un pueblo entero rendido a la Virgen del Rocío». El director de SUR desgranó las vivencias que le unieron a la cofradía victoriana desde su infancia y tuvo palabras de cariño para su tía y madrina, Sole, que fue camarera de la Virgen y a la que acompañó de niño, con su madre y su hermana, a llevar claveles a la Novia de Málaga. «Si algo me enseñó Sole, mi madrina, fue su amor por la Virgen del Rocío. Sin medida, sin pedir nada a cambio. Ella, Sole, encontró en Ella, la Virgen del Rocío, su apoyo, las respuestas a sus preguntas, sus anhelos y sus deseos».

El periodista hizo hincapié en que Rocío y barrio de la Victoria son sinónimos en un rincón de Málaga que está arropado por las laderas de Gibralfaro y el Monte Calvario. «Un barrio verdadero», aseguró. «En muy pocas otras ocasiones puede encontrarse una simbiosis tan perfecta y emocional entre barrio y cofradía. Hasta el punto de que no podría entenderse el uno sin la otra», remarcó el director de SUR.

Salida y encierro

Manuel Castillo subrayó que «la vida es como una procesión: con su salida, llena de ilusión, de incertidumbre y con todo por dar; con sus momentos difíciles, con calles empinadas y estrechas... Y, como en las procesiones, también llega el encierro, con el momento inevitable y definitivo del final, del adiós». El pregonero puso de relieve que si la procesión es como la vida, las cofradías son como las familias. «Y siempre tiene que haber alguien, con generosidad, capaz de templar, de querer, de amar. De soñar el futuro, juntos, y de olvidar el pasado, también juntos», indicó.

La etapa de la niñez estuvo muy presente en la alocución de Castillo, que afirmó que «la infancia es aquel lugar donde siempre volver; el refugio;aquel sitio donde sentirse seguro, invulnerable, sin miedos. En ese sentido, aseveró: «Hoy estas palabras surgen desde la humildad, con la mirada de un niño que sintió por primera vez lo que es ser cofrade en San Lázaro, bajo la sonrisa de la Virgen del Rocío o asomado a un balcón del Compás de la Victoria. Y siempre de la mano de su madre y de su madrina».

El director de SUR, con autoridades y cofrades.
El director de SUR, con autoridades y cofrades. / Eduardo Nieto

El pregonero glosó que la Virgen del Rocío es un refugio para muchos hogares, porque «Ella está siempre ahí cuando se la necesita. Siempre para dar cobijo o para arropar». Castillo evocó el orgullo que sentía de niño cuando le entregaba un clavel a la Novia de Málaga, «agarrado para que no pudiese salir volando. ¡Qué emoción más grande! Pocas devociones están tan arraigadas en un mismo territorio como esta, a la que perfumaremos con claveles en su salida procesional del próximo Martes Santo».

El director de SUR hizo un recorrido por los momentos más reseñables de la Cofradía del Rocío de las últimas décadas hasta llegar a la coronación canónica de la Virgen, que «quedó grabada con letras de oro y en mayúsculas el 12 de septiembre de 2015». Después de tener un emotivo recuerdo para cofrades del Rocío fallecidos, remarcó que cada clavel a la Novia de Málaga es empuñado como una antorcha de luz. Tras defender la construcción de un mundo mejor y más justo, Manuel Castillo terminó su pregón con estas palabras: «Por eso, con mi último hilo de voz, grito... ¡Un clavel para el Rocío!»

Al acto asistieron, entre otros, las concejalas del Ayuntamiento de Málaga Francisca Bazalo y Teresa Porras; el presidente de la Agrupación de Cofradías, Pablo Atencia; el hermano mayor del Rocío, Juan José Lupiáñez, y el que será pregonero de la Semana Santa de este año, el periodista Santiago Souvirón. Antes de la alocución de Manuel Castillo, Rafaela Sánchez recordó al desaparecido cofrade Alberto Jiménez Herrera. Por su parte, Mario Espinar rindió un sentido homenaje, en nombre de la Cofradía del Rocío, a Esteban Ribot, fallecido hace unos días.

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