Málaga vive un Viernes Santo completo

El Sepulcro, a su paso por calle Alcazabilla./Eduardo Nieto
El Sepulcro, a su paso por calle Alcazabilla. / Eduardo Nieto

Todas las cofradías y la Orden de Siervos de María (Servitas) procesionaron el último de los días santos, aunque con la mirada puesta en el cielo

RAFAEL RODRÍGUEZ PUENTE Y MANUEL GARCÍA

Todo no está consumado. El tiempo respetó la jornada procesional del Viernes Santo en Málaga, aunque los pronósticos no eran del todo halagüeños. De hecho, a las 18.00 horas comenzó a chispear, con Monte Calvario, Descendimiento, Dolores de San Juan y Amor en la calle. Sin embargo, las gotas del líquido elemento dejaron de caer enseguida, si bien regresaron sin consecuencias en torno a las dos de la madrugada. Y lució el sol en el horario vespertino, pero el viento hizo de las suyas y se vieron las candelerías apagadas en algunos puntos del recorrido de las cofradías, y nazarenos portando enseres con dificultad.

No cabe duda de que, visto lo visto, el último de los días santos tiene su sitio. Ya no es un espacio reservado. Tampoco es exclusivo para los más capillitas, como antaño. El Viernes Santo es apasionante, lleno de emociones, nostalgia..., de cera, cruces y quitasangre. Su escenario se expande por el Centro, La Victoria, La Malagueta, La Trinidad y El Molinillo. El Viernes Santo es tan grande como el domingo de palmas, el principio del final de la dramaturgia procesional, porque así lo han querido las hermandades que protagonizan este día: Dolores de San Juan, Monte Calvario, Descendimiento, Santo Traslado, Amor, Piedad, Sepulcro y la Orden Tercera de Siervos de María (Servitas), que puso el cierre a una noche melancólica por el adiós de la Semana Santa de 2018, aunque todavía queda un último suspiro procesional, este Domingo de Resurrección, por la mañana, con el Cristo Resucitado y la Virgen Reina de los Cielos.

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Monte Calvario

De la basílica de la Victoria partió, a las 16.05 horas, la Hermandad del Calvario. Primero lo hizo el Cristo de la Paz y la Unidad en la Sagrada Mortaja, a las 16.10 horas, y diez minutos más tarde tocó el turno a la Virgen del Monte Calvario. Perfección en su puesta en escena. Detalles, liturgia y unas crucetas musicales que le van como anillo al dedo y con la banda de la Soledad de Mena tras el Yacente, que se estrenó en el séquito victoriano.

La Hermandad del Monte Calvario no deja a nadie indiferente. Y esto se percibe. La recién restaurada cruz guía, con el santo ‘Lignum Crucis’ y una reliquia de San Francisco de Paula, abrió el cortejo. Y antes, el muñidor avisaba con tañidos de campana la llegada de la comitiva. Nazarenos negros avanzaban hacia la plaza del Santuario cuando el grupo escultórico del Cristo de la Paz y la Unidad se echó a la calle en su magnífico trono de Antonio Martín, un autentico retablo itinerante, adornado con iris morados. Sonó, como siempre, ‘Benigne Fac, Domine’, la adaptación del canónigo Manuel Gámez, director espiritual de la hermandad, del Miserere de Eduardo Ocón.

Minutos más tarde hizo lo propio la Virgen del Monte Calvario, exquisita en su arreglo, gracias a la labor de Guillermo Briales, y con la medalla de la ciudad, ofrecida por el Padre Gámez, quien, pese a su edad, acompañó a la cofradía por el barrio. Todo un ejemplo.

En el trono de la Dolorosa se pudo comprobar un nuevo avance en el bordado de su palio: la terminación de las caras interiores de las bambalinas laterales, última fase previa a la ejecución del techo del baldaquino, que estará concluido para 2020, según las previsiones de la corporación.

Otro estreno de la hermandad fue la bandera concepcionista, de dimensiones algo mayores que la anterior, confeccionada por el granadino Jesús Arco, quien ha pasado a un nuevo tejido los antiguos bordados en hilo de plata.

La cofradía hizo estación de penitencia en la Catedral y regresó a la Victoria por Císter y Alcazabilla, dado que un andamio con basamento de hormigón colocado en la calle Granada, a la altura de la plaza de la Judería, impidió la vuelta de la comitiva por el recorrido tradicional.

Con ‘Alma de la Trinidad’ marchó la Dolorosa del Monte Calvario por la calle Victoria al regreso a la basílica. El Yacente llegó pasada la media noche al Compás de la Victoria.

Descendimiento

Con mucho viento y frío la Hermandad del Descendimiento inició su salida procesional antes de las cinco de la tarde desde la casa hermandad, en el barrio de La Malagueta. El grupo escultórico del Cristo de Ortega Bru avanzaba por la calle Maestranza mientras los nazarenos de la sección de la Virgen salían de la sede.

La concejala de Fiestas del Ayuntamiento de Málaga, Teresa Porras, dio los toques de campana, entre muchas de las personas que se concentraron en torno a la casa hermandad, ubicada frente a la plaza de toros.

Por su parte, la Virgen de las Angustias salió a los sones de la marcha procesional ‘Jerusalén’, interpretada por la banda de música de las Flores, que acompañó musicalmente a la imagen durante el recorrido.

El cortejo continuó su camino delante de su sede canónica hacia el Parque, donde un año más pasó por delante del Ayuntamiento buscando las calles del Centro y el recorrido oficial. 

Esta corporación hizo estación de penitencia en la Catedral –se trata de la última hermandad que entra en el templo catedralicio durante la Semana Santa– y sus participantes rezaron el santo vía crucis.

Dolores de San Juan

En riguroso silencio, la Archicofradía de los Dolores de San Juan salió de su sede canónica a la hora prevista. La cabeza de procesión avanzaba por calle Calderón de la Barca a las 18.00 horas, inmortalizando la estampa del contraste negro de las túnicas y los cirios sacramentales portados al cuadril cuando comenzó a sonar música sacra interpretada por una capilla musical. Pocos minutos después salió del interior del templo el trono del Cristo de la Redención. Penitentes con cruces seguían la estela del Crucificado, del mismo modo que el público que se congregó en los aledaños de la parroquia, llegando a copar toda la zona. 

Asimismo, como es habitual en esta corporación de silencio, la Virgen de los Dolores salió a las 18.18 horas, precedida de música de capilla.

Tras abandonar su sede canónica y enfilar la calle San Juan, desde un balcón un saetero interpretó una saeta a la Dolorosa, mientras los portadores mecían el trono. 

La archicofradía hizo estación de penitencia en la Catedral a las 21.00 horas. Fue, pues, la primera de las tres corporaciones que entraron en la basílica mayor de la diócesis.

Santo Traslado

En la Trinidad no cabía un alfiler. El Viernes Santo se vive con intensidad cada año, no en vano es el día del Santo Traslado y de una advocación con arraigo en el popular barrio: la Virgen de la Soledad, la de San Pablo. La estrecha vinculación entre la Trinidad y la actual cofradía es ya centenaria. De hecho, la corporación viene celebrando esta efemérides. Y entre sus novedades para un año histórico, la nueva vestimenta de la escuadra romana, debida a Orfebrería Maestrante. También hubo renovación de túnicas de nazareno y una nueva marcha procesional, ‘Soledad del Traslado’, de Aurelio Guerra.

Hubo saetas a la salida. Una hermana que participó en la procesión, ataviada con la clásica mantilla, cantó al Cristo del Santo Traslado. Minutos más tarde, también se escucharon saetas desde la sede de la Peña Recreativa Trinitaria. Esta vez, con altavoz.

Con la Soledad sonó ‘Mater Mea’, de Ricardo Dorado, en la calle Trinidad, muy cerca de la parroquia de San Pablo. Y dos marchas de Miguel Pérez, ‘Jesús Cautivo’ y ‘Santo Traslado’, antes de dejar el barrio por unas horas.

El Cristo empezó a dar sus primeros pasos con ‘En tus brazos, mi consuelo’ y ‘En tus lágrimas, amargura’. En cabeza de procesión, la banda de cornetas y tambores del Real Cuerpo de Bomberos, otra institución centenaria y ‘madre y maestra’ de este género en España.

Amor

De la Victoria también partió el Cristo del Amor y la Virgen de la Caridad. Concretamente, desde la casa hermandad de Fernando el Católico, mientras que el cortejo lo hizo, como siempre, desde la basílica de la Patrona, buscando la sede de la cofradía por Conde de Tendilla.

En cabeza, figuró la banda de cornetas y tambores de la Victoria. Con la Marcha Real y ‘Cristo del Amor’, de Alberto Escámez, interpretado por la sobresaliente banda de cornetas y tambores de la Esperanza, salió el Crucificado y la Dolorosa de Ortiz, representando el ‘Stabat Mater’.

Luego le tocó el turno a la Virgen de la Caridad, que portó la cruz al mérito civil, distinción donada por Pedro Domingo, hermano de la corporación.

La comitiva bajó la calle Victoria, y ante la fachada del colegio de los Hermanos Maristas, estacionaron los tronos y se celebró un emotivo acto, no en vano, la vinculación entre ambas instituciones viene de tiempo atrás. Incluso, el director del centro educativo, Federico Fernández Basurte, fue hermano mayor del Amor, y en el cortejo, con un ‘parvulario’ formado por más de un centenar de niños ataviados con el hábito nazareno entre las dos secciones, se incluye una bandera del instituto marista.

Piedad

Otro barrio antiguo con solera, además de la Trinidad y la Victoria, es El Molinillo, que cada Viernes Santo se vuelca con la Virgen de la Piedad, la de Francisco Palma Burgos, quien utilizó el modelo de escayola de la primitiva imagen que realizó su padre, Francisco Palma García, destruida en los sucesos de 1931 .

El entronque entre el icono y los vecinos no es cosa de un día. La capilla callejera es el centro de peregrinación de muchos malagueños durante todo el año. Sin embargo, el último de los días santos es el refrendo de una devoción que perdura desde 1929.

Nazarenos con cirios color tiniebla antecedían a la representación de la ‘Sexta Angustia’ en la que Jesús, ya muerto, aparece en brazos de María Santísima tras ser descendido de la cruz.

Al frente del cortejo, cuatro tambores roncos anunciaban la presencia de la comitiva. Y tras el trono de José Morales, la banda de música de Zamarrilla, que tocó en la Tribuna Oficial, pasada la media noche, la nueva marcha ‘Palma, divinas manos’, dedicada al escultor Francisco Palma Burgos en el centenario de su muerte.

La cofradía incorporó este Viernes Santo la segunda sección de insignias de 1929 junto al estandarte de la época, de Joaquín Capulino Jáuregui, y sacó, restaurado, las varas de la sección de nazarenos de 1929.

Sepulcro

El punto y final del Viernes Santo lo pusieron, como es tradicional, la Hermandad del Sepulcro y la Virgen de los Dolores (Servitas).

La procesión oficial de la Semana Santa se puso en marcha a las 20.00 horas. Los tronos, desde la casa hermandad de la calle Alcazabilla, y los nazarenos, desde la iglesia de Santa Ana del Císter, su sede.

La cofradía en la calle es digna de elogios. El Yacente de Nicolás Prados figuraba en el imponente trono del Padre Granda, con diseño del pintor malagueño José Moreno Carbonero. Un lujo, sin duda, para la Semana Santa de Málaga. La banda municipal interpretaba la Marcha Fúnebre de Federico Chopin, todo un clásico.

Nazarenos negros con cirios burdeos ofrecían luz a la comitiva. Y cerrando filas, la personal Virgen de la Soledad, muy bien arreglada por Antonio Moreno, bajo palio de malla y portando un rosario de oro de ley con cuentas de ónix en color negro y tocada con un velo de novia francés, del siglo XIX, en tul de seda.

El trono de la Dolorosa de Merino Román, un malagueño que se hizo artista en Sevilla, fue adornado de forma exquisita a base de calas, rosas, fresias y flor de cera, entre otras variedades florales.

Servitas

El cierre procesional lo puso un año más la Orden Tercera de los Siervos de María, un cortejo que siempre deja escenas costumbristas por donde discurre, como ocurrió a la salida, a oscuras, con el canto de una soprano desde el Museo del Vidrio.

La Virgen de los Dolores, que llegó al entorno de Pozos Dulces en la media noche, fue seguida por cientos de personas.

En definitiva, un Viernes Santo completo, pese a la incertidumbre provocada por el tiempo.

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