¿Por qué en Málaga es Pollinica y no Borriquita como en otras ciudades?

Primera imagen de la Pollinica en 1917./
Primera imagen de la Pollinica en 1917.

La actual Cofradía de la Pollinica lleva más de un siglo abriendo la Semana Santa de Málaga

RAFAEL RODRIGUEZ PUENTE

Como señal inequívoca del desarrollo de una actividad que se alarga en el tiempo, la Cofradía de la Pollinica ha vivido diferentes etapas desde su nacimiento. Su puesta en escena cada Domingo de Ramos y el seguimiento masivo que el público le brinda año tras año al contemplar su discurso plástico por la trama urbana malagueña es, sin duda, fiel reflejo del peso y el paso de una rica historia que ha corrido paralela a la de cuatro templos establecidos en la ciudad: el Císter, el Sagrario, San Felipe Neri y San Agustín. Más de un siglo lleva Jesús de la Pollinica abriendo el telón de la Semana Santa desde su refundación en 1911.

Pero, ¿por qué se le denomina Pollinica a la cofradía cuando habitualmente la hermandad que abre los desfiles procesionales en toda España suele ser «la de la Borriquita»? En Málaga se denomina así cariñosamente a la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén y María Santísima del Amparo por un detalle a que muchos les pasa desapercibido: el pollino pequeño que acompaña a la burrita que monta la imagen del Señor.

Así que la actual Cofradía de la Pollinica lleva más de cien años entrando en Málaga a lomos de un asno y con la compañía inseparable del pollino. Y es que, según cuentan los evangelios, ambos animales, hallados en la aldea de Betfagé, junto al monte de los Olivos, cobraron su particular protagonismo tras ser solicitados por Jesús para entrar de forma triunfal en Jerusalén, pasaje que toma la corporación malacitana desde sus orígenes.

Si bien varios historiadores sitúan la primera representación de la entrada del Mesías en la ciudad santa en el siglo XVII, concretamente en 1633 y ligada a la Hermandad del Santo Cristo de la Columna del convento de la Trinidad –posteriormente pasó a la parroquia de San Juan–, lo cierto es que, por causas que aún se desconocen, la imagen pasó a propiedad de la abadía cisterciense de Santa Ana, que la cedía para la procesión que se iniciaba desde San Juan en la tarde del Miércoles Santo.

Tras actuar al amparo de la Cofradía de la Oración en el Huerto y de la Puente del Cedrón, siempre bajo el consentimiento del provisor y vicario general, Pedro de Moya, y de Juan Swerts, patrono nombrado por las monjas del Císter para velar por la talla, la procesión de Jesús de la Pollinica, también llamado ‘Señor del Triunfo’, quedó en desuso hacia 1831, no así sus cultos que siguieron practicándose en el cenobio cisterciense en el Domingo de Ramos.

En la segunda década del siglo XX, la actividad cofrade se reactivó, después de unos años de decadencia procesional que venía prolongándose desde 1875, aunque desde los noventa de la centuria decimonónica ya se experimentó una leve resurrección del fenómeno pío. Fue entonces cuando entró en escena el capellán del convento del Císter, José Soriano Jiménez, catedrático del Instituto y Escuelas Normales, quien concentró todos sus esfuerzos en recuperar la procesión de la Pollinica con un nuevo matiz. Y es que esta vez el desfile iba a prescindir de la dependencia de una corporación matriz. Surge así la que hoy conocemos como Cofradía de Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén y María Santísima del Amparo, cuya imagen mariana se incorporó más adelante.

La primera salida procesional tras la refundación de la hermandad data del Domingo de Ramos 9 de abril de 1911, como así refleja la revista ‘La Unión Ilustrada’ en su edición número nº 83, de 10 de abril –Año II–, de ahí que la cofradía venga celebrando este año el centenario de tal acontecimiento. Al parecer, el cortejo discurrió únicamente por los alrededores del Císter. El séquito se compuso de devotos portando palmas y la escultura de Jesús a lomos de un borriquillo, que figuraba sobre una pequeña plataforma que se deslizaba sobre ruedas, artilugio que todavía se mantiene en algunos puntos de Centroeuropa, caso de Colonia, en Alemania. Antecediendo al Cristo, que vestía una túnica con bordados monjiles y estaba tocado con un nimbo crucífero de siete rayos, se situaba el pollino, dirigido de igual forma que el asno mandado por el Señor.

El éxito cosechado por la ‘nueva’ procesión y su repercusión animaron a sus promotores, la mayoría industriales con poder adquisitivo, a constituir una junta directiva que, en primera instancia, estuvo formada por el mencionado José Soriano y los seglares Pedro Mira Vallado, José Delgado Reyes, José Ramírez Mora, Eulogio Carreras Toribio, Manuel Sanz del Oso, Eduardo Fernández Gómez y Pedro Merino Barroso.

El 28 de febrero de 1912 dieron oficialidad a la comisión creada al efecto y el 1 de abril, Lunes Santo, visitaron el convento del Císter para deparar sobre la procesión celebrada el día anterior, el Domingo de Ramos 31 de marzo. Según se menciona en el acta de reorganización de la cofradía, entre las monjas del cenobio se encontraban Sor Josefa de Santa Escolástica, abadesa, la priora Sor Corazón de María y las madres Dolores, Patrocinio, San Rafael, San José, Dulce Nombre y las hermanas Corazón de Jesús, Santa Teresa, Carmen y la novicia Sor Espíritu Santo.

Cortejo

Tanto el cortejo como el transporte de la imagen se hicieron prácticamente de la misma manera que en 1911. En este sentido, y gracias a que se conserva el primer acta de la hermandad en su nueva andadura, sabemos que formaron parte de la procesión diferentes congregaciones, alumnos de los centros educativos, representaciones del clero, la banda de cornetas y tambores del Real Cuerpo de Bomberos, «con piquete y la artística», y una capilla musical de voces e instrumentos de viento y violines, «todos con palmas y olivos, resultando un acto grandioso que mereció el pláceme del Excmo. é Ilmo. Prelado –monseñor Juan Muñoz Herrera– y el aplauso universal de todos cuantos lo presenciaron». El séquito salió del Císter a las tres de la tarde y discurrió por las calles Santa María, plaza de la Constitución, Especerías, Nueva, Puerta del Mar, Martínez, Larios, plaza de la Constitución, Granada, plaza del Siglo, Duque de la Victoria, San Agustín y de nuevo a Císter.

A partir de aquí y durante los sucesivos años, la procesión fue sumando nuevos componentes –la Guardia Civil a caballo se incorporó en la Semana Santa de 1914, mientras que los niños vestidos de hebreo salieron por primera vez en 1917–, el horario inicial de las tres de la tarde se retrasó hasta las cuatro y media a partir de 1914, en tanto que el primer trono del Señor lo estrenó en 1916, realizado en madera dorada con ornamentos decorativos y el escudo de la cofradía con el anagrama del JHS (‘Jesús, Salvador de los Hombres’).

Tal y como daba a conocer la prensa de la época, estas modestas andas procesionales contaban con unas dimensiones de 150 centímetros de ancho y 250 centímetros de largo.

Las imágenes, una a una

La Cofradía de la Pollinica ha venerado hasta cuatro imágenes del Señor desde que hiciera su primera salida procesional, en el Domingo de Ramos de 1911. Así, la primera versión se trataba de una escultura anónima, tallada en el siglo XVII, que la tradición popular otorgó su autoría a las hijas del escultor Pedro de Mena, Andrea de la Encarnación y Claudia de la Asunción, monjas profesas del convento del Císter, a raíz de unas crónicas escritas por Narciso Díaz de Escovar y Joaquín Díaz Ramírez hacia la década de los años veinte del siglo pasado. En cambio, esta atribución no parece creíble del todo, dado que existe un documento en el que se menciona a José Micael y Alfaro como creador de la obra, que incluía la efigie de Jesús y los dos asnos por un importe de 400 reales.

La talla en cuestión, de vestir, presentaba pelo natural, aditamento característico del periodo barroco, y pose hierática, con una palma rizada sostenida con la mano izquierda, mientras que con la derecha bendice al pueblo.

Segunda imagen de la Pollinica.
Segunda imagen de la Pollinica.

Debido a que las religiosas del Císter se negaron a que la imagen siguiera procesionando, argumentando problemas internos de la escultura, la cofradía adquirió en 1921 su titular cristífero, por primera vez en propiedad, en los talleres de Ventolá Plana, de la localidad gerundense de Olot. En realidad, se trataba de una figura de ejecución seriada, en pasta de escayola, sin valor artístico. No siendo del agrado de los cofrades, el obrador se vio en la obligación de enviar a Málaga una segunda versión, también seriada y edulcorada, esta vez desarrollada por el escultor Toribio Salas. Salvada de los sucesos de 1931, aunque sufrió algunos desperfectos, la escultura de Salas encontró su destrucción en 1936.

Tercera imagen de la Pollinica.
Tercera imagen de la Pollinica.

Tras este varapalo, la cofradía se rehizo con la finalidad de continuar con su labor pastoral y devocional y, en 1938, cuando la guerra civil no había concluido aún, se puso en contacto con el granadino José Martín Simón para la ejecución del titular y su trono. La imagen procesionó en la Semana Santa de 1939, pero sobre ella pesaba una crítica feroz que partía desde la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. Por este motivo se retiró del culto en 1943 y su lugar lo ocupó la actual escultura, debida de Juan Martínez Cerrillo. En consecuencia, la cofradía celebra este año 2018 el 75.º aniversario de la obra cristífera, recientemente restaurada por el imaginero Antonio Bernal Redondo.

Actual imagen de la Pollinica antes de su restauración.
Actual imagen de la Pollinica antes de su restauración.

En relación a la Virgen del Amparo, en 1931 ya se planteó al escultor Lorenzo Coullaut-Valera la ejecución de una Dolorosa. Sin embargo, a causa de la proclamación de la II República y posterior Guerra Civil, esta iniciativa quedó truncada, por lo que hubo que esperar hasta 1944 para que la titular mariana fuera una realidad. La pieza se debió a Martínez Cerrillo, quien la donó, si bien nunca procesionó con la hermandad. De 1947 data la Virgen que hoy se encuentra en la iglesia de San Agustín, de Antonio Castillo Ariza, remodelada en 1988 por Antonio Joaquín Dubé de Luque.

Actual imagen de la Pollinica tras la restauración.
Actual imagen de la Pollinica tras la restauración.

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