Una Magna que marca un antes y un despúes

El encierro

El libro de oro del procesionismo malagueño vivió otra jornada para albergar en sus páginas porque se vivió algo único

Una Magna que marca un antes y un despúes
FRANCIS SILVA
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

La tarde-noche que vivió Málaga con motivo de la magna quedará para la historia cofrade de la ciudad. El libro de oro procesionista malacitano alberga en sus páginas muchas historias forjadas con nombres y apellidos, generación tras generación, momento a momento. Citando las más recientes, la presencia del Prendimiento y Mena en Madrid, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, presidida por el Papa Benedicto XVI, con el paso del Cristo de la Buena Muerte por las principales calles madrileñas en medio de una multitud que no salía de su asombro ante la plástica que se vivía en aquellos momentos para, posteriormente, albergar nuestras calles un espléndido Mater Dei. Anoche se escribió otra página de lujo en ese imaginario libro de oro, la magna en honor de la Virgen de la Victoria, la Patrona de Málaga, que recibió el homenaje de las Vírgenes malagueñas coronadas canónicamente, en una jornada que el mismo alcalde, Francisco de la Torre, definió como «histórica». Fue un acontecimiento único, inédito, que congregó a decenas de miles de personas que llenaron el Centro desde las primeras horas de la tarde cuando, bajo un sol de justicia, la bellísima imagen que regalara Fernando el Católico a Málaga hacía su salida desde la Catedral engalanada a los sones de sus centenarias campanas, que suenan muy bien, por cierto, pese a que solo tenemos una torre para albergarlas.

Las petaladas que recibió la Virgen victoriana fueron acompañadas de grandes aplausos y vítores. Esta magna ha tenido un principal activo que va a significar un antes y un después en la relación de los malagueños con su Patrona. Lo dijo en el acto de concesión de la medalla del Cabildo a la Virgen de la Victoria su hermano mayor, Francisco Toledo. Y lleva razón. No hubo que esperar a las procesiones, a la tremenda plasticidad de los tronos de Virgen malagueños, ni a la música, ni al griterío, ni a la expectación. Bastó con ver las colas en el primer templo malagueño para besar la mano (la derecha, según los cánones eclesiásticos) a la imagen de la Virgen de la Victoria, colas tan enormes que casi le daban la vuelta a Císter. Eso no ha pasado jamás. La Virgen de la Victoria es la Patrona de la Diócesis desde hace 150 años por decisión de Pío IX, pero siempre ha estado un poco a rebufo de la tremenda fuerza de las principales Dolorosas malagueñas. O al menos eso se presuponía, porque lo vivido en estas últimas horas en torno a su figura demuestra que se ha producido un punto de inflexión.

La imagen de la Virgen de la Victoria se aleja de los cánones clásicos procesionistas malagueños. Es una talla completa, de estilo flamenco, a la que los adornos externos de cualquier tipo, pese a tener joyas de indudable valor como el manto de la maharaní, no le pegan en absoluto. García Grana, quien fuera su hermano mayor a finales de la década de los 50, que fue también alcalde de Málaga y hermano mayor del Rocío, tuvo claro que a esta talla única, de gran valor, de aspecto centroeuropeo, no le venía bien estéticamente hablando el barroquismo cofrade. Así se hizo y desde entonces se respeta, con acertado estilo, sin lugar a dudas.

La procesión de las Vírgenes coronadas comenzó, lógicamente, con la homenajeada: la Victoria fue acompañada por una importante cantidad de gente hasta llegar a la Catedral, por cuya puerta principal salía a las nueve menos cuarto de la noche para presidir el paso de Soledad de Mena, Dolores del Puente, Carmen del Perchel, Rocío, María Auxiliadora (la 'decana' de las imágenes coronadas canónicamente en Málaga), Amargura, Trinidad, Esperanza y Dolores, con una música que embargaba al público asistente en la zona al ser testigo directo de escenas de plasticidad apabullante.

El barroco se mezcló con el gótico en una simbiosis cuasi mágica, mientras la noche se hizo aliada del escenario, en el que la cúspide de la curia, con el obispo monseñor Catalá a la cabeza, ocupaba la parte derecha de la entrada principal de la Encarnación, y a la izquierda estaban los coros que interpretaron hermosas piezas religiosas.

A la hora de cerrar esta edición, Málaga estaba desparramada de tronos de Vírgenes malagueñas. Todas volvían a sus barrios, a sus casas de hermandad, a los templos que establecieron los límites de la Málaga que era un pañuelo... La Málaga que vio nacer la Virgen de la Victoria, entregada por Maximiliano Ial rey Fernando, quien tras un sueño en la toma de la ciudad la dejó a la veneración de los Mínimos. Allí, en su campo real, en lo que hoy es el Santuario de la Victoria, aquella imagen que no tenía nombre conocido fue bautizada como tal la conocemos ahora, y hoy, 531 años después los malagueños han honrado sus 150 años de Patrona y los 75 de su coronación canónica.

Fue una jornada curiosa, como es Málaga, con tronos pasando por balcones en los que se cantaban los goles del Madrid. ¿Cómo se explica esto? De ninguna manera, ¿para qué...?

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