Llenar las calles

Llenar las calles
Salvador Salas
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Expectación. Eso es lo que hay en toda Málaga a la espera del gran estreno de la Semana Santa de 2018. Esta noche es el gran momento. Sale el nuevo trono de la Paloma, el mismo que llenará las calles de Málaga de barroco y oro, con sus arbotantes y sus colosales dimensiones. Don Balbino, que fue un buen obispo, nos echó (a los cofrades) a la calle, y desde entonces las calles se llenaron de par en par gracias a sus tronos para llevar a las sagradas advocaciones como sólo ellas se merecen en su visita triunfal a las calles malagueñas.

Porque Cristos y Vírgenes de Málaga devuelven una vez al año la visita a sus fieles, a los que van a verlos a su casa. Y la Paloma es única. La Virgen de los ojos verdes rompe los esquemas, la Madre y Señora de la plaza de San Francisco, la Patrona de Madrid, la espectacular imagen de María en su advocación cargada de libertad nos llena las calles e incluso casi las rompe. Hoy vendrá con su nuevo trono, Alameda abajo yLarios arriba, la gente se agolpará en las calles estrechas y grandes en lo que quede de espacio. El barroco en su máximo esplendor se concentra en el nuevo trono de la Paloma, colosal y de altos vuelos, como tiene que ser.

La grandeza de la Semana Santa de Málaga radica en sus aparentes contradicciones. El recordado y admirado Jesús Castellanos era el máximo defensor del minimalismo cofrade, y sin embargo dejó, como obra póstuma, el diseño de este nuevo y monumental trono de la Semana Santa malagueña del siglo XXI, la que hoy recorrerá las calles de la ciudad en la que el cofrade desaparecido tanto disfrutó de lo suyo. Casi 4.000 kilos serán cargados por unos 300 hombres. Eso lo define todo. Grandeza absoluta, leyenda ya sin haber entrado aún en la historia, obra de los Hermanos Caballero Farfán, que pueden estar orgullosos de lo realizado, con imaginería de Juan Vega, orfebrería de Montenegro y pintura del gran Raúl Berzosa. Todo lo mejor para la Virgen de los ojos verdes.

Otro inolvidable, Antonio Garrido, describía la Semana Santa de su Málaga como el gran estallido de la primavera barroca andaluza. Nunca mejor definido lo que es el triunfo de la luz sobre la oscuridad, de las curvas de carretera de la propia vida sobre la linealidad de lo cotidiano, de lo aburrido y mediocre. Es el éxtasis de lo que merece la pena, de lo difícil sobre lo fácil, de lo que tiene mérito respecto a lo simple. Belleza absoluta para la más bella.

Grande la Paloma, enorme para sumar en la Semana Santa de Málaga. Era difícil sustituir con éxito el trono de Pérez Hidalgo, y se ha conseguido. Hoy las calles de Málaga se llenarán de nuevo por completo. Porque Málaga revienta en Semana Santa, bien con la enormidad del trono de la Paloma o con otro más pequeño (en dimensiones) del Cristo de la Agonía, el que anoche rompía la calle de San Agustín en medio de un silencio que sonaba con el mayor de los estruendos. Este es el gozo de lo infinito, la mezcla de las sensaciones, de lo que trasciende de la lógica y la razón: es el ser cofrade de Málaga, es la Semana Santa que disfrutan y viven los malagueños.

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