Juan Rosén, el primer maestro artesano del bordado de Andalucía

Juan Rosén muestras sus manos, las que han bordado cientos de piezas, ayer en la redacción de SUR./SUR
Juan Rosén muestras sus manos, las que han bordado cientos de piezas, ayer en la redacción de SUR. / SUR

El gran bordador malagueño cumplirá 70 años dentro de unos días y lo celebrará con la Virgen de la O, a la que lleva entregado ya casi medio siglo

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

A los nueve meses se quedó sólo porque su madre falleció. Su tía Remedios lo cría en un ambiente entrañable y humilde en unos tiempos muy difíciles para todos. Lleva a gala haber nacido en el número 78 de la calle Carretería en 1948, porque para nada oculta su edad. El 9 de abril cumple 70 años. Su padre, Juan, siempre estuvo ahí: profesor de baile y coros y danzas, el maestro Rosén, como era conocido, sin embargo, no ha tenido el reconocimiento de la ciudad, ni de los colectivos a los que tanto ayudó. Don Rosendo Rodríguez Arrabal, su abuelo, recibió homenajes por parte del Gobierno alemán por su decisiva intervención en la tragedia del naufragio de Geneissenau. Por tanto su infancia fue feliz, pero le faltaba su madre... Bueno, en realidad él aprendió a decir ‘madre’ con la Virgen de la O, porque creció entre sus enaguas: «Yo me hice hombre con ella, porque entré en los Gitanos con 23 años y ahora voy a cumplir 70 y sigo a su vera, vistiéndola, cuidándola, mimándola, hablándole... Con lo guapa que está no entiendo cómo puede haber pregoneros que no la mencionen. La Agrupación debe exigir que se nombre a todas las imágenes cofrades, y que nadie se moleste con nadie».

Estudia en San Pedro y San Rafael, dónde hoy está la capilla de la Paloma, y después se fue al Colegio de San Fernando, donde se montaba las Penas... Vida cofrade.

El 19 de abril de 1976 contacta con las monjas filipenses de San Carlos y empieza su trayectoria como bordador en oro

Hay un Lunes de Pascua que se queda marcado en su vida. El 19 de abril de 1976 entra en el convento de San Carlos con las monjas filipenses y allí comienza su trayectoria para ser bordador. «Fui aprendiz, y entré sin saber nada. Sor Patrocinio de San José fue mi monja maravillosa, que no sólo me enseñó sino que me dio cariño y ternura. Ella me dio la base, y a partir de ahí voló Juan Rosén».

En aquella época no había bordadores en Málaga. Era una década, la de los 70, muy mala para las cofradías. Los Hermanos Rodríguez Sanz, último taller privado que quedaba, cierra, y el siguiente que se abre es el suyo. Talleres Juan Rosén, en su calle Carretería, cerca de los Mártires, de su Virgen de la O. Dice y repite que es bordador por Ella, y lo dice a boca llena: El padre Gámez le dice que Dios puso a la Virgen de la O en su camino. Y la verdad es que sí. Pocas personas como él creen en una imagen y en una devoción. Le habla todos los días, «se hincha», cuenta cómo las camareras se quedaron embobadas el pasado lunes por la noche en la casa hermandad cuando vieron a Juan Rosén hablar con «su madre», a la que le daba las gracias porque en el examen médico de horas antes todo ha salido bien. Juan se encontró, hace poco, con el cáncer de frente, y su fe lo ha salvado. Está convencido. Recuerda que ha tenido a su Virgen vestida de negro en una esquina de su cama y empieza a llorar. No es hombre de lágrima fácil, pero sí de sentimientos a flor de piel. Este reportaje quedó pactado para hablar de sus 40 años de profesión, pero vamos a hablar de los 70 años de su vida.

Se encontró hace poco con el cáncer de frente y está convencido de que su fe lo ha salvado

Abre su taller en el número 78, donde nació, en su casa, porque él llegó a este mundo como se hacía antiguamente: «Soy hijo de calle Carretería». Su primer trabajo, un vestido rojo para... la Virgen de la O. No podía ser de otra manera. Todo lo que le ha hecho a la Virgen morena le ha salido no sólo de sus manos, sino del corazón, y lo ha hecho gratis ‘et amore’. «No puedo cobrarle a mi madre». Y ahí, comienza su trayectoria profesional que se convierte en mito al poco tiempo. Al final el será reconocido al ser nombrado ‘Primer Maestro Artesano del Bordado de Andalucía’, y su taller como Punto de Interés Artesanal, de ahí el título de este reportaje que no es del autor del mismo, sino de una preciosa lámina escrita por Antonio Garrido Moraga en SUR que forma parte del libro ‘La Semana Santa de Málaga según Antonio Garrido’: ‘Juan el primero’. Juan lo recuerda emocionado:«Es increíble». Evoca cuando Antonio era un niño y Juan iba a su casa, porque doña Adelita, la madre del erudito profesor, lo adoraba. «Ojalá hubiera tenido lo que yo, que mira sino como estoy de bien», pero no ha podido ser. «No es justo», repite. Cuando habla de su salud habla del ‘Cautivo de los médicos de Málaga’, como denomina a José Rivas Marín, y del urólogo Emilio Julve. «Antonio, mi amigo Garrido...», repite.

Encargos

Juan prosigue en los 80 y 90 su camino meteórico. Su taller comienza a destacar en Andalucía y los pedidos llueven. «Creo que fue el de más producción a nivel nacional, ya que mis obras están en más de veinte ciudades de toda España, y en otros países, como Italia y Bélgica. Está orgulloso de que un trabajo suyo esté en la iglesia donde se venera la sangre de San Genaro, en Nápoles, trabajo que le llegó a través del organista de la Catedral de Málaga, Antonio del Pino.

En 1989 llega a su taller Antonio Pérez Gómez, ‘el discípulo primero’, y al año siguiente, José Manuel Molina Cobos, ‘el discípulo segundo’. A ellos Juan le transmitió las virtudes que llegaron de las manos y de la mente de la que él considera la más grande bordadora de la historia, y le pone el doña delante: «Doña Esperanza Elena Caro fue mi ‘operación triunfo particular’. Estuve cuatro años intermitentes con ella en Sevilla, y aquello fue un título, un máster y lo que cada uno quiera. Lo mejor que me ha pasado. Fui el primer varón en vida de la maestra en tomar clases de la gran bordadora». Juan recuerda aquellos tiempos con gran añoranza y felicidad «porque me permitió conocer a los artistas más grandes de la Semana Santa de Andalucía, que es lo que hoy por ellos».

Reconocimientos

Sigue bordando. Las yemas de sus dedos están ya marcadas por las puntadas de oro, y los trabajos reciben premios y la pleitesía general. «Me emocionó mucho el último que recibí, de Bajo Palio, de Canal Sur, en un Teatro Cervantes atiborrado de gente». Es una mente privilegiada que tiene que escribir sus memorias. Garrido se lo repetía una y otra vez: «Voy a ser tu negro», le decía, pero no ha podido ser. Pero tiene que escribirlas, aunque sabe que molestarán a muchos, porque Juan tiene una virtud y un defecto, que dice lo que piensa, o mejor, «lo que es, la realidad», como sentencia.

Sus obras están repartidas por más de una veintena de ciudades de todo el país

Su obra cumbre, según afirma, es el manto de la Virgen de la O. Ahora está jubilado, pero sigue dando vueltas por su taller, porque es su casa, y admira la labor de «los niños», porque tengan la edad que tengan, para Rosén, «Antoñito y Molina son mis hijos artísticamente hablando. Y te voy a decir una cosa, me han superado como artistas, y como seres humanos son maravillosos».

Por eso está tranquilo en su jubilación, porque su taller, que es un museo y «está en buena manos», como sus manos, las de Juan, las de la foto de este reportaje, las que visten a la Virgen de la O. El gran Juan Rosén. El primero.

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