La importancia del espacio escénico

La importancia del espacio escénico
Jesús Domínguez
El encierro

Hay momentos mágicos en lugares concretos que con el sol quedarían deslumbrados, y la noche los hace deslumbrantes

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

El sol no es el mejor aliado del dorado ni de la plata, pero cada vez las cofradías quieren salir antes. Las noches contienen las mejores horas para el lucimiento de los tronos, o al menos eso parece a una gran mayoría. Pero la noche es dura, siempre ha sido dura, y además conlleva que mucha gente de ciertos sectores de edad, los más niños y los más mayores, no juegan a gusto en su campo. Es por tanto el mejor horario para lucir el escenario cofrade, pero posiblemente no para los espectadores. De todas formas no suele ocurrir igual para todos. Hay cofradías que se adaptan a las noches como pez en el agua. No se concibe ni la Esperanza ni la Expiración ni Mena en horario vespertino, pero tampoco se veía a la Virgen del Rocío, La Novia de Málaga, y sin embargo se ha amoldado a la perfección. Hay momentos mágicos en lugares concretos que con el sol quedarían deslumbrados, y la noche los hace deslumbrantes. Esta noche, por ejemplo, el paso de las Penas por San Agustín. El momento cumbre muchas veces está en los lugares más insospechados, en las calles menos esperadas. Después, ese instante queda ya marcado para siempre. No suele haber mucha gente en el retorno por las pocas callejuelas percheleras que quedan cuando Dolores del Puente retorna a su casa. Angostas calles que se llenan de aromas y se quedan sin espacios libres, apenas siquiera para que haya gente en las aceras, y que sobrecogen cuando un Cristo y una Virgen pasan por ellas. Calle Nueva, por ejemplo, que era punto principal de paso antaño se está convirtiendo de nuevo en pasaje necesario donde las escenas se repiten una tras otra. Aquellas angostas calles que llevaban al Calvario tienen su mejor expresión en Frailes, Álamos, Peña o Mariblanca, entre otros puntos. Ahí, sin apenas centímetros de distancia, la unión entre cofradía y pueblo es total y absoluta, y testigos y protagonistas pueden casi intercambiar sus papeles en cualquier momento. Esa magia se vio incluso con el sol deslumbrante ayer con el paso por la Málaga del Altozano de Crucifixión o Gitanos, o por los aledaños de la Catedral con Pasión, o la Málaga trinitaria con el Cautivo, o la que vio el sitio de la Alcazaba con Estudiantes. El Lunes Santo no comienza al alba como antes, sino el Sábado de Pasión, pero el sol, que no es amigo, repito, del barroco dorado, sin embargo ampara un paso por zonas donde la noche podría perder su magia. Cada cosa tiene su contrapeso, cada situación su momento, cada acontecimiento su morada, y cada cofradía tiene su momento, sea de día o de noche, en calles estrechas o en amplias avenidas. Lo que hay que acabar ya de una puñetera vez son las obras del metro. El paso por zonas aledañas a la Alameda se está convirtiendo en un verdadero calvario, y no es juego de palabras, sino una verdadera realidad. El espacio escénico es clave fundamental para el buen desarrollo de la representación, y lo que se escenifica con tronos y nazarenos en Málaga no convive adecuadamente con boquetes, zanjas y vallas metálicas, porque no sólo se pierde el encanto, sino que se produce una extraña sensación a la que por estos lares no estamos acostumbrados.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos