Un día de 48 horas

Un día de 48 horas
Ñito Salas
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

El de hoy es el gran día de Málaga. Sin duda alguna. Es el Jueves Santo, que viene a ser como el punto máximo y álgido de la recién estrenada primavera, aliado de un sol que parece cumplirá su ritual según todos los pronósticos. El Jueves Santo es el único día que tiene en el año 48 horas. Es así porque el comienzo de hoy tiene lugar mucho antes de que las manecillas del reloj lleguen a las doce de la noche, entre Pinto y Valdemoro. La Málaga que celebra emocionada el Jueves Santo lo comienza en miércoles, y hay una mezcla de emociones y sentimientos que no descansan ni un segundo. Miércoles Santo cargado de mensajes, como el de la libertad de la mano del Rico y de la Paloma, el de la grandeza y la solemnidad, de la mano de Expiración, el de la historia por mor de las Fusionadas y de la Sangre, y el del ímpetu renovador de Mediadora y Salesianos. Todo eso para terminar muy de madrugada y amanecer muy temprano que llega La Legión. Bueno, en realidad los legionarios llevan muchas jornadas rindiendo guardia a su Patrono y Protector, y es el día de la Esperanza, que por primera vez se echará a la calle sin la persona que mejor ha proclamado su belleza y grandeza a los cuatro vientos, Antonio Garrido. El verde este año tendrá un toque de luto por su ausencia, que cada vez se hace más notoria, porque en este caso el tiempo no hace que se olvide a la persona y al cofrade, sino que engrandece su ausencia. El cielo es su nueva tribuna. Aquí abajo, cualquier sitio, cualquier recodo es bueno para poder ver las procesiones, ya sea en una ventana, en una farola o casi colgado de un balcón... Tremendo. Desde muy temprano las calles están llenas, porque el ‘no hay localidades’ se cuelga meses antes. Es una alegría de ciudad, en una de esas jornadas mágicas donde se cumplen muchos de los preceptos bíblicos, entre ellos el de la multiplicación de los panes y los peces, porque el tema económico adquiere uno de sus momentos más espectaculares y positivos, aunque también hay cofradías que se han empeñado en incumplir predicamentos mucho más simples como el de «dejad que los niños se acerquen a mí», negándoles la cera para sus bolas por un exigente mandato de seriedad y de recogimiento de los nazarenos que portan velas. ¿Qué pasa, que un nazareno lo es menos por dar cera a un niño ilusionado?...

Volvamos al gran día. Hoy. Todo está lleno. Incluso en los lugares más insospechados, porque pasar un Jueves Santo en Málaga es un fenómeno que atrae a las masas. Siempre lo ha hecho, pero ahora más porque la ciudad está de moda, eso es indudable, y la excusa para venir a ella tiene su mejor exposición en lo que se puede ver en estas 48 horas, repito, porque miércoles y jueves son una misma cosa, en el tramo final de una semana cargada de momentos y de emociones, que en lo que hemos visto hasta ahora ha alcanzado momentos de máxima plenitud, innegables incluso para los que sólo ven defectos, esos que miran la paja en los ojos ajenos sin darse cuenta de que en el propio tienen una viga de hormigón. Pero no nos salgamos del guión de este Jueves Santo, el que en Málaga, sin duda, reluce más que el sol. Disfrutemos todos.

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