Garrido, pasión del sur

Antonio Garrido, Antonio Banderas y Pedro Luis Gómez, en 2004. /Salvador Salas
Antonio Garrido, Antonio Banderas y Pedro Luis Gómez, en 2004. / Salvador Salas
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Era todo pasión. Pasión del sur. Jugamos con las palabras para los coleccionables de Semana Santa y todo tipo de promociones del periódico, en cuyo ‘equipo cofrade’ Antonio Garrido Moraga era pieza fundamental. En todas, absolutamente en todas las publicaciones relacionadas con las cofradías de SUR, Garrido Moraga fue el codirector y autor. Incluso su decisión fue clave para elegir el título y la tipografía de ‘Pasión del Sur’, de las muchas ofertas que se pusieron sobre la mesa al equipo de ‘hermanos menores’.

Los hermanos menores eran, en un principio, Antonio Roche (hoy en ‘excedencia’), Ángel Escalera y Fernando González Aranda. Luego llegaron, Jesús Hinojosa, Antonio Montilla y Eduardo Nieto. Después se sumaron Rafa Rodríguez Puente y Manolo García. Él era ‘cohermano mayor’. Todos los artículos de Semana Santa de Garrido en SUR deben reunirse en un gran libro, el que se va a confeccionar. Por él y por la Semana Santa.

Las largas horas de trabajo a su lado, noches casi sin sueño, valían la pena, porque cada momento a su lado era una vivencia, una experiencia enriquecedora. Esas retransmisiones en Punto Radio o en Canal Málaga… Ese Viernes Santo con Antonio Banderas y con él en la televisión local de SUR, los programas de la cuaresma, los fascículos. ‘Tres pregoneros con pasión’, decía refiriéndose a Banderas, a él mismo y a servidor. «Pelotazo cuando demos el pregón del centenario de la Agrupación, aunque a alguno le puede dar un infarto». Era una gran ilusión que nunca verá cumplida. Ni Banderas. Ni servidor… Juntos dimos el primer pregón a dúo de la Semana Santa en España, una noche de enero de los 90 en el Cervantes, con un lleno apoteósico y cerca de 200 personas en las puertas sin poder entrar. Después repetimos en otros lugares: los colores, las Vírgenes, los tronos. El último fue cuando ‘maese Antonio’ y ‘maese Pedro’ se juntaron en el escenario del María Cristina Fundación Unicaja para el cuarto centenario de Viñeros. Fue una apoteosis.

No por este humilde firmante del artículo, sino porque su gracejo y su sabiduría podían con todo y con todos. Sabía de Semana Santa más que nadie, pero no apabullaba. Era grande y humilde. Defendía una Semana Santa de Málaga, con sus claves y sus características, pero sin embargo formó parte de la pléyade de jóvenes que refundaron viejas cofradías que incorporaron nuevos aires al sentir cofrade. Se nos ha ido un grande de la Semana Santa. Lo ha hecho rodeado del romero de su Reina Esperanza y del busto del Cristo de la Buena Muerte. Sus memorables pregones aún resuenan. Y lo harán para siempre, allá donde esté, en los infinitos.

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