Las distancias se acortan en el Martes Santo

El Señor de la Sentencia./Migue Fernández
El Señor de la Sentencia. / Migue Fernández

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Salir en cualquier desfile procesional supone un esfuerzo físico importante. Las fuerzas se resienten a medida que se avanza en el recorrido. Nazarenos y hombres de trono demuestran entereza y resistencia. La capacidad de aguante es férrea en los miembros del cortejo de la Cofradía de Nueva Esperanza. Estar más de 13 horas bajo un capirote o metiendo el hombro en los tronos del Nazareno del Perdón y de la Virgen de Nueva Esperanza tiene un mérito que hay que valorar y mencionar. Las ganas de estar con las imágenes del barrio de Nueva Málaga son superiores a la fatiga que se acumula cuando las agujas del reloj avanzan. El de Nueva Esperanza es un ejemplo de la vigencia y pujanza de las cofradías malagueñas. Si el Domingo de Ramos la Hermandad de Humildad y Paciencia ya demostró que querer es poder, ayer los hermanos de Nueva Esperanza confirmaron que las distancias se acortan en Semana Santa y que cuando el corazón se impone a la razón no hay meta, por lejana que esté, que no se alcance.

El Martes Santo, que durante un tiempo llevó el apellido de victoriano, hoy es un crisol de barrios con solera, ya que al de la Victoria (con las cofradías del Rocío, Rescate y Sentencia) se unen el Perchel (con el Señor de la Humillación y la Virgen de la Estrella), sin olvidar el Centro con la Cofradía de las Penas y el mencionado de Nueva Málaga. La de ayer fue una excelente jornada, en la que el sol lució y se convirtió en el mejor aliado de los cofrades. Las únicas nubes que se apreciaron fueron las de incienso, que perfumaron las calles. El Martes Santo es un día de olores y colores cofrades. La fragancia la pone de manera especial el manto de flores de la Virgen de las Penas. El diseño de este año fue un homenaje a Santa María de la Victoria, Patrona de Málaga, con motivo del 150.º de ese patronazgo y del 75º. aniversario de su coronación canónica. Fue, sin duda, un acierto ese guiño a Santa María de la Victoria por parte de la Hermandad de las Penas. En el centro del manto de flores se plasmó la figura de la Patrona, un trabajo llevado a cabo con gran acierto por los operarios del servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento.

Otro marco incomparable del tercer día de la Semana Santa es la plaza de la Merced, un enclave que recibió a la Cofradía de la Sentencia con la luz del atardecer, que ofreció una estética picassiana. En la vuelta a su casa hermandad de la calle Agua, la plaza de la Merced se llenó del colorido de la Cofradía del Rescate. Por su parte, el Cristo de la Humillación y la Virgen de la Estrella dieron vida, al recorrer el entorno de la plaza de Doña Trinidad, a unas calles que forman parte de un barrio que fue santo y seña de la ciudad en otros tiempos. Cuando el resto de procesiones ya estaban encerradas y el Martes Santo había cedido el testigo al Miércoles Santo, la Cofradía de Nueva Esperanza seguía en las calles demostrando que en Semana Santa las distancias se acortan.

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