Alberto Escámez: un clásico en eterna renovación

Banda de cornetas y tambores del Real Cuerpo de Bomberos./SUR
Banda de cornetas y tambores del Real Cuerpo de Bomberos. / SUR

Fue pilar en el género de cornetas y tambores, y cultivó música castrense, pasodobles o zarzuelas

ARTURO CÁCERES CANSINO

Que a los cofrades nos gustan las fechas redondas, es un hecho. Diríase que la celebración de grandes (y pequeñas) efemérides es un rasgo destacado en nuestro singular ADN. Mirando atrás, cien veces ha florecido ya el azahar desde que las mareas de la vida hicieran afincarse en la ciudad 'cantaora' a un joven músico, elegido del destino, para transformar guerreros sones en melodías celestes de cornetas y tambores.

A él deben su existencia y fama la práctica totalidad de las bandas que actualmente conservan dicha nomenclatura; y gracias a su original talento, los solistas que las encabezan cuentan con legiones de seguidores. Con cada luna de Parasceve, en los rincones de nuestra geografía el manantial de su obra brota generosamente, interpretada y reinterpretada, descubriéndose y redescubriéndose en eterna renovación.

Lejos de su Linares natal, Alberto Escámez López se incorpora en Madrid a las filas del Regimiento Inmemorial del Rey para devenir en soldado de las musas. Y la primavera de 1918, le verá llegar a la 'muy hospitalaria' para quedarse, como esas golondrinas, en perenne revoloteo, sobre la cruz del Cristo del Amor.

En la 'muy noble', alcanzará plenitud artística, contraerá matrimonio, será orgulloso padre y se rodeará de tan sinceros amigos que aún ahora la Virgen Llora la Dolorosa partida del Pobre Zaragoza.

En 'la primera en el peligro de la libertad', sentirá la Esperanza en el amanecer del despertar de un pueblo. Contemplará, con Amargura, la lucha encarnizada entre hermanos tornándose sin Caridad en víctimas y en verdugos de la sinrazón. Y en noche oscura, Mayor Dolor será partir por aquella carretera, donde nunca habrá suficiente Consolación y Lágrimas por tanta Sangre inocente derramada sin Piedad camino de Almería.

Alma prisionera

Ni las Penas osarán ensombrecer su alma prisionera en los campos de concentración de Granada cuando, la equivocada Paloma, anuncie una Paz que no reinará para todos. Protegido por la Virgen de los Dolores, tampoco la 'Soleá' le acompañará al sufrir consejo de guerra en Sevilla, ya que la 'muy leal' será dulce voz e inapelable testigo de descargo, relatando el Rescate de las crueles llamas del odio que otrora protagonizara una Milagrosa actuación.

La 'siempre denodada' ciudad del paraíso, con sus heridas, y todas las bendiciones de Jesús el Rico, despedirá al vecino arrebatado por el imperativo marcial. Pero no habrá de qué preocuparse, pues hasta que nos regale su Virgen de Linarejos desde la cercana Adra, el Rocío de sus marchas de procesión continuará refrescando los anhelos de un pentagrama Cautivo, que pasa del do mayor al fa menor, por la inspirada evocación del maestro al rememorar los años en la 'muy benéfica' tierra que lo abrazó como una madre abraza a su hijo.

Así, el genio tocado por el ángel se erige en pilar de la música de un pueblo apasionado por primavera, y tornará en leyenda su memoria cuando en la ciudad de Torrevieja, el Cristo de la Buena Muerte, de brazos abiertos, le reciba con la Expiración de su último aliento.

Regimiento Borbón

Violín, piano, o saxofón, entre otros, eran sus inseparables compañeros de viaje al encontrar fértil terreno su creatividad en el Regimiento Borbón. No sólo se dedicó al género procesional en más de una vertiente, también al castrense, y despuntó como autor de música para distintos estilos de canción. Asimismo, ideó pasodobles y zarzuelas, e incluso se aventuró, de manera anecdótica, con el cinematógrafo. Profesor en afamada academia de declamación y director de variadas formaciones instrumentales, en sus comienzos, ante la imposibilidad de estrenar un cuplé con su nombre, hubo de apelar al recurso de rubricarlo con apellido extranjero, logrando así un clamoroso éxito del que no fueron ajenas las crónicas.

Dijo un sabio que, «a los amores siguen los desamores y, a los encuentros los desencuentros; al encanto el desencanto y al halago, el insulto». La Málaga del sempiterno peine 'pa' que no peine, en ocasiones, priva del respeto que merecen las alhajas ofrecidas por el padre de la música sacra para cornetas y tambores: Empleándolas como mecánico recurso para relajar el labio, para ganar unos metros en el andar de los tronos o, en el peor de los casos, relegándolas a olvidados cajones, tropieza en el error del desorientado bisutero que confunde su bisutería con joyería. Es de ley, reclamar a quienes cultivan este popular género, que esmeren sus toques por amor a la música, a sus instrumentos y a nuestras tradiciones. Avezado lector, ese es el motivo de esbozar, con entusiastas líneas, una vida y una obra, porque no se puede amar lo que no se conoce.

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