Diario Sur

LA ACADEMIA Y EL SEPULCRO

Reinaba en las Españas, todavía se podía emplear el plural, la oronda majestad de la Reina Castiza doña Isabel II cuando en 1849 se creó en esta ciudad, primera en el peligro de la libertad, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, advocación con claras resonancias merineras. La Academia nacía con la vocación de fomentar las Bellas Artes y defender el patrimonio cultural. Con la perspectiva que da más de siglo y medio de vida se puede afirmar que sigue cumpliendo su objetivo.

Corría el año 1893 cuando en el santuario de la Victoria se fundó la hermandad que conocemos popularmente como el Sepulcro, la cofradía oficial de la ciudad. El cardenal Spinola aprobó sus reglas en 1894. La corporación contó desde el principio con hermanos de lustre y posibles. La burguesía había pasado de ser revolucionaria a conservadora y buscaba legitimidad y brillo social en todos los aspectos, uno de ellos y de gran relevancia, era el mundo de las cofradías. El nivel cultural y económico, el universo de relaciones de la hermandad era propicio para el feliz encuentro entre ambas instituciones. El lenguaje crea la realidad y en Málaga se acuñó la Pinacoteca del Sepulcro para referirse a la extraordinaria colección artística, no solo pictórica, que se hace cortejo fúnebre en la noche del Viernes Santo.

Los mejores pintores de la ciudad tuvieron y tienen a gala que alguna obra suya forme parte del patrimonio. Parte importante de la historia de la pintura malagueña está en los estandartes que recrean las escenas de la Pasión, según el estilo de cada cual, aunque, sin desmerecer a ninguno, el estandarte del Cristo Yacente de Moreno Carbonero es un soberbio ejemplo de belleza y dominio de la técnica que los ejemplifica a todos. En arte, como en todas las cosas de la vida, se comenten injusticias y no es de las menores el haber puesto en duda y hasta en solfa a los grandes pintores del XIX en su vertiente tradicional. Ellos sufrieron más que nadie los ataques de las vanguardias y se les negó el pan y la sal. Por pura justicia asistimos a una revisión de su importancia en la serie artística. El Yacente y el catafalco, diseño de Moreno Carbonero, son ejemplos singulares de maestría y creatividad.

Las relaciones de la Academia con el Sepulcro han sido y son fraternales hasta el extremo de ser la sede de la hermandad la misma de la Academia en años de incertidumbre. A todo lo anterior hay que añadir que la corporación nazarena es muy consciente de su responsabilidad en el mundo artístico y es celosa guardiana de su patrimonio y del acrecentamiento del mismo; la calidad de los ciriales, estrenados no hace tanto, lo confirma.

Marion Reder, Elías de Mateo y el que esto escribe propusimos que la Real Academia otorgara su más alta distinción al Sepulcro. La propuesta fue aprobada por unanimidad y en un acto sencillo, sobrio y emocionado al mismo tiempo, en el Salón de Espejos del Ayuntamiento tuvo lugar la entrega de la medalla, tras unas palabras muy sentidas de nuestro director, José Manuel Cabra de Luna, y de una laudatio espléndida en fondo y forma de Elías de Mateo.

El arte es en el mundo católico es consustancial con la fe. El patrimonio del Sepulcro es, como ha sido durante siglos en la iglesia, oración hecha belleza, misterio del dolor transformado en armonía, esfuerzo humano por alcanzar regiones superiores del espíritu, mensaje de salvación en imágenes que mueven y conmueven los ánimos de todos los que vemos avanzar el regio navío de la muerte por las calles de la Ciudad del Paraíso.