Empleados públicos protestan en Atenas contra las medidas del Gobierno heleno / Efe
La economía griega, en cuidados intensivos
La deuda pública de Grecia asciende a 300.000 millones de euros para un país con 11 millones de habitantes, la mayor tasa de endeudamiento de la eurozona. Una situación que ha llevado al Gobierno socialista a adoptar una ambiciosa estrategia para reducir el déficit que ha recibido el apoyo de la Unión Europea.
La reforma del sistema impositivo y cambios en las pensiones, incluyendo el establecimiento de la edad de jubilación para todos los trabajadores en 65 años, así como la eliminación de beneficios fiscales para algunos sectores forman parte de ese plan de emergencia.
Además, Atenas está decidida a reducir el número de funcionarios de un sector público muy sobredimensionado y que se ha beneficiado de un aumento salarial del 88% desde 2001. Ahora, el Gobierno quiere poner coto a esa situación con un recorte del 20% de los sueldos de los trabajadores públicos y la reducción de su número: por cada cinco jubilaciones sólo se contratará a un nuevo empleado.
Con una huelga a la que se han sumado cientos de miles de empleados del sector público, los sindicatos griegos han expresado su rechazo a las medidas de austeridad con las que el Gobierno trata de hacer frente a la crisis de endeudamiento que ha colocado al país en el disparadero.
Miles manifestantes han desfilado por las principales ciudades del país, sobre todo por la capital, Atenas, donde los sindicatos aseguran que un 85% de los funcionarios han secundado la convocatoria, que también ha afectado al tráfico aéreo, completamente paralizado por el paro de los controladores. Los huelguistas llevaban pancartas con lemas en contra de los recortes en el gasto social, contra el aumento de la edad de jubilación y a favor de más subsidios para los desempleados.
"Si los trabajadores no se alzan contra las medidas de ahorro, dentro de un año la situación será peor", ha señalado en un discurso ante los manifestantes la secretaria general del partido comunista KKE, Aleka Papariga. Por su parte, el líder sindicalista Christos Katsiotis ha manifestado que las medidas del ejecutivo del primer ministro socialista, Giorgos Papandreu, "son una guerra contra los trabajadores".
Protestas pacíficas
El mensaje generalizado de los sindicatos y de los partidos de la izquierda es el de continuar con las protestas contra el Gobierno y sumarse a la huelga general convocada por todos los sectores para el 24 de febrero.
Las manifestaciones se han desarrollado de forma pacífica, aunque las brigadas antidisturbios de la Policía griega han tenido que enfrentarse a algunos huelguistas violentos, lanzando gases lacrimógenos que han causado heridas leves a dos personas.
Las escuelas, universidades, oficinas de Hacienda y hospitales públicos también se han unido al paro y han permanecido cerrados. Los médicos sólo han atendido los casos de emergencia, mientras que la red ferroviaria ha sufrido algunos cortes.