Jueves, 26 de abril de 2007
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OPINIÓN

TRIBUNA
Salvado El Arraijanal
El Arraijanal será el entorno más natural, cultural y noble de nuestro litoral, que servirá como gran pulmón y zona de uso público litoral, de enorme atracción para nuestra gran área metropolitana y Costa del Sol, seña de capitalidad mediterránea que aspira a convertirse en capital cultural europea.
TRAS la visita de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, a la ciudad de Málaga, el pasado día 15, en la que anunció la toma de posesión como titular de los cien metros anteriores a los de dominio público de la playa conocida por El Arraijanal, cercano a Guadalmar, pocas dudas caben ya sobre el uso que se le va a dar a ese noble tramo de nuestro litoral para preservarlo de la fiebre de la ocupación y del negocio inmobiliario, monocorde en nuestra colapsada primera línea de costa.

A la superficie citada se sumarán otro centenar de metros de dominio público de playa que le anteceden, cuyo deslinde firme desde 2006 obligará al campo de golf del Parador a retranquearse unos cuantos metros, lo que afectará a terrenos situados en toda su fachada a la playa, es decir hasta el límite con Torremolinos. Asimismo, la ministra expresó su propósito de adquirir, adentrándose hacia el interior, nuevos suelos continuos que irán más allá de los referidos doscientos metros.

Esta acertada decisión ministerial responde a que nuestro litoral ofrece ya de por sí condiciones de colmatación como para continuar en esa dinámica edificatoria. En la última medición efectuada en el 2005 por la Junta de Andalucía, utilizando nuevas tecnologías, el municipio de Málaga ofrecía una ocupación constructiva, en los primeros 500 metros cuadrados desde la línea de playa, de un 78'21%, fenómeno más que preocupante si se tienen en cuenta las previsiones que, en nuestro litoral, han fijado los expertos en el cambio climático para el tramo de costas.

La firme determinación ministerial coincide con el planteamiento que la Junta tiene previsto en esa zona. En este sentido, es voluntad de ambas administraciones participar juntas, tanto a nivel técnico como financiero, una vez que los terrenos pasen a ser de titularidad estatal, en proyectos sostenibles que conseguirán esponjar este espacio, arteria fundamental de acceso a la ciudad, que en su parte terrestre arrastra enormes problemas de colapso diario de tráfico.

La cooperación prevista va a redundar en calidad y excelencia para ese entorno natural. La recuperación del sistema dunar que existió antaño, junto a la creación de equipamientos ambientales con un enfoque pionero serán prioritarios. Actuaciones que tendrán como fin prevenir, en el litoral malagueño, las consecuencias de los efectos del cambio climático, situando a la ciudad de Málaga ante otras urbes mediterráneas como ejemplo demostración de lo que debe hacer en esta materia.

Así, se creará una gran área verde -con especies vegetales que actúen además como sumidero de la contaminación- para el esparcimiento y ocio de la ciudadanía (con rutas de senderismo, carril bici, zonas de juegos infantiles, energías renovables...), y la adecuación de un sendero peatonal que abarcará toda esa franja litoral de comunicación con Torremolinos. Ello conllevará también unir este espacio a través de corredores verdes, con las otras zonas nobles existentes en sus aledaños, tales como Cerro del Villar (con presencia fenicia de los primeros pobladores de nuestra ciudad), el paraje natural de la Desembocadura del Guadalhorce (que pronto dispondrá de un centro de interpretación natural y cultural), tramos no urbanizados aún de Guadalmar, así como el recinto de 'Comandante Benítez' en el que, junto a otros equipamientos, se instalará el museo nacional del Transporte. Será por tanto, el entorno más natural, cultural y noble de nuestro litoral, que servirá como gran pulmón y zona de uso público litoral, de enorme atracción para nuestra gran área metropolitana y Costa del Sol, seña de capitalidad mediterránea que aspira a convertirse en capital cultural europea.

Ni que decir tiene que esta decisión ministerial supone la imposibilidad de que se ejecuten agresivos proyectos urbanizadores, comerciales y portuarios -como pretendía el Ayuntamiento de Málaga- de enorme impacto ambiental sobre la dinámica de ese litoral, que aparte de acabar con esa playa natural, de las pocas existentes, incidirían muy negativamente en las contiguas de Torremolinos. Tales pretensiones congestionarían, aún más, de vehículos, principal foco contaminante en nuestra ciudad, de efecto invernadero que incide sobre el cambio climático, ese tramo de la autovía del Mediterráneo con incidencia en el área del aeropuerto de Málaga.

Ahora bien, tomada la determinación ministerial y mostrada la colaboración de la Junta de Andalucía, se hace necesario, para acelerar esta ejecución, que el Ayuntamiento, abandonando sus obsoletas pretensiones desarrollistas de enormes impactos negativos sobre esa franja del litoral, cambie de chip y se sume a este gran proyecto de calidad, excelencia ambiental y cultural para la ciudad, que articule funcional y territorialmente nuestra aglomeración urbana metropolitana y contribuya a la preservación del biodiverso patrimonio natural y del paisaje litoral, principal activo de la ciudad que tan castigado está.

No se entiende que en la transformación de esa importante zona del municipio, el Ayuntamiento desee situarse al margen, cuando no en la confrontación. Que el alcalde no haya estado a la altura de las circunstancias para ponerse a la cabeza en este proyecto vital para Málaga, no debe suponer que no pueda rectificar, o incluso que lo asuma como propio, tal como ha hecho con el proyecto del tranvía que ha presentado el principal partido de la oposición. No puede quedarse solamente en lamentar la pérdida de puntos de atraque de embarcaciones deportivas o de ocio, sin mencionar los que sí se pueden generar, tanto en el próximo puerto deportivo, frente al antiguo El Bulto, como en una posible ampliación de El Candado, espacios litorales ya transformados y por tanto con menores costes ambientales y demaniales, que además supondrá, para la ciudad ya construida, una oportunidad económica y de negocio, así como un uso racional de las infraestructuras del Puerto en su apertura a nuestra urbe.

Por todo lo expuesto, el futuro previsto para El Arraijanal y su entorno merecen la cooperación de todos.

 
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