Sábado, 24 de marzo de 2007
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LA CIUDAD Y SUS ÁRBOLES: El contagio del Parque
LA CIUDAD Y SUS ÁRBOLES: El contagio del Parque
ENEMIGA PÚBLICA. Hembra del picudo. / DAVID MARÍN
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EL artículo del sábado anterior impactó a varios lectores que me han hecho comentarios que pueden refundirse así: «El hecho de que la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y la Academia Malagueña de Ciencias hayan mostrado su inquietud sobre los efectos que pueden tener sobre el Parque el botellón, la plaga de las palmeras y los vientos salinos del mar es una llamada de atención muy importante y significativa».

Y algunos me han dicho que no entendieron bien la frase en que subrayé lo problemática que resultaría la plantación de cientos de palmeras «justo en ese muelle contiguo al Parque, y con especies incluidas en la lista de plantas hospedantes de tan dañino insecto», refiriéndome al escarabajo picudo rojo, claro.

La explicaré hoy, porque se refiere a una peliaguda incógnita que tiene planteada Málaga en estos momentos: ¿qué conviene y qué no conviene plantar en el Parque o cerca de él?

De cómo se enfoque la respuesta dependerá que facilitemos o dificultemos el contagio de nuestra gran joya botánica, y por tanto su futuro. Y lo cierto es que no basta con prescindir de plantar palmeras canarias, datileras y washingtonias, sino que también hay que tener muy en cuenta que en otros países la lista de palmeras hospedantes (las susceptibles o sensibles al ataque del bicho) abarca unas veintidós. Y nadie puede asegurar que aquí siempre comerá esos mismos manjares, y no degustará otros que en el extranjero saborea.

Resultaría prolijo enumerarlas, y solo destacaré algunas muy ornamentales y con ejemplares malagueños valiosos: la livistona de China (Livistona chinensis), el palmito elevado chino (Trachycarpus fortunei), la palma real cubana (Roystonea regia) y la palmerita del río Mekong (Phoenix roebelenii).

Con esto pasa como con el jamón de Jabugo, que si lo hay nos concentramos en él, y cuando se acaba o no lo vemos cerca nos conformamos con un choricillo cualquiera. Ahora el escarabajo está paladeando en el litoral andaluz los grandotes y jugosotes palmitos de la palmera canaria; pero ello no impide que cualquier día arremeta contra otras especies, incluso tan delgadillas como Phoenix roebelenii, puesto que incluso le encanta la caña de azúcar.

Además resulta que las especies más atacadas aquí son las únicas que se pueden comprar con varios metros de altura, para que llenen un poco la vista en tan extenso muelle. Y las demás no cumplirían esa tan deseable función de 'amueblamiento verde' que el impaciente público de hoy desea y exige, luego no sirven.

Por tanto, parece recomendable y prudente enfocar las plantaciones del muelle renunciando a las palmeras y plantando filas de árboles que adornen y también sirvan de cortavientos, como han recomendado las dos Academias. El Parque respiraría aliviado.

 
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