Lunes, 19 de febrero de 2007
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ESPAÑA
El parricida de Toledo, que tenía un tumor, atendía a su madre, a su esposa y a su hijo -también limitados-, a los que mató
El hombre padecía un tumor cerebral, su esposa no podía valerse por sí misma, la madre tenía alzhéimer y el hijo mayor sufría fuertes depresiones Gregorio Ramos cuidaba con abnegación desde hace años de toda la familia
El parricida de Toledo, que tenía un tumor, atendía a su madre, a su esposa  y a su hijo -también limitados-,   a los que mató
CONMOCIÓN. Vecinos, en el tanatorio donde se encuentran los restos de los fallecidos. / JOSÉ ÁNGEL. EFE
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La desesperación por no poder seguir llevando el peso de toda la familia, un episodio de enajenación mental, un dramático efecto de sus recientes depresiones o una mezcla de todos estos factores son las hipótesis que se manejan las fuerzas de seguridad para explicar qué pudo empujar a Gregorio Ramos Rubio, vecino de El Real de San Vicente (Toledo) de 59 años, a matar a hachazos a su propia madre, a su esposa, y a su hijo mayor, antes de desplazarse a la cercana localidad de Talavera de la Reina (Toledo) para herir con el mismo hacha a sus dos hijas, de 22 y 25 años, y suicidarse después.

«Gregorio había tenido una vida muy dura», explicaba ayer Antonio Rubio García, el alcalde de El Real de San Vicente, un pequeño pueblo de un millar de habitantes donde todos conocían a 'El Culebro', como era apodado Gregorio. Hace dos años se le diagnosticó un tumor cerebral y tuvo que prejubilarse de su trabajo como conductor de autobús de una línea regular. Además, en los últimos 30 años había cuidado de una hermana aquejada de una grave enfermedad de riñón que falleció el pasado verano después de décadas sometida a diálisis.

Desbordado

Por si esto fuera poco, su madre, Salvadora, padecía alzhéimer; su esposa Julia apenas podía valerse por sí misma debido a problemas de movilidad en sus piernas, su hijo mayor sufría depresiones -motivo por el que se encontraba en situación de baja laboral después de haber trabajado en un taller de reparación de vehículos y en una carnicería- y una de sus dos hijas tiene problemas mentales. 'El Culebro' cuidaba de todos ellos en silencio y con abnegación y desde hacía tiempo se administraba medicación por depresiones.

Gregorio también atacó, en talavera de la Reina, a sus dos hijas, que están hospitalizadas y no se teme por su vida. También una de ellas tiene problemas de salud, de manera que era la menor -que trabaja en un supermercado- la que cuidaba de la mayor.

Así lo recordaban sus vecinos, que destacaron su carácter reservado y la total dedicación a su familia. Uno de ellos lo definía como «excelente persona y trabajador» y se mostró convencido de que «a Gregorio le ha dado algo en la cabeza porque siempre ha peleado mucho por su hermana y por su madre». Sin embargo, la opinión más extendida entre los habitantes de El Real de San Vicente es que arrojó la toalla tras muchos años luchando contra las enfermedades, se sintió impotente para seguir tirando del carro de su familia en la antesala de su propia ancianidad y quiso 'liberar' a sus seres queridos de su sufrimiento pensando, quizás, en que a él le quedaba poco tiempo de vida.

España profunda

Este espantoso parricidio no es un capítulo más que la 'España profunda' arroja de vez en cuando desde el ámbito rural a los anales de las crónicas de sucesos. Así lo entienden los vecinos de El Real de San Vicente y su alcalde, para quien «esto puede ocurrir en Madrid, en Nueva York o en cualquier sitio donde alguien se sienta desbordado».

En este sentido, Antonio Rubio pidió «que no se hagan juicios de valor porque éstas son cosas de la vida y de una sociedad que tal vez no sabe dar soluciones a las personas» y puso en duda que 'El Culebro' recibiera suficiente apoyo por parte de las administraciones para sacar adelante a su familia. «Las instituciones que han estado tratando estos casos tal vez se han quedado cortas», reflexionó el primer edil de esta localidad.

 
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