Viernes, 12 de enero de 2007
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MÁLAGA

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Un ejemplo de entendimiento
Hace algunos años, los docentes del IES Portada Alta quisieron poner freno a las expulsiones y los conflictos en el aula. El centro se volcó en crear un sistema que facilitase la convivencia que ahora ha sido premiado por el Ministerio de Educación
Un ejemplo de entendimiento
MEDIACIÓN. Medio centenar de alumnos reciben formación para resolver conflictos.
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IES PORTADA ALTA
El premio: El Ministerio de Educación le ha concedido el primer premio del Concurso Estatal de Buenas Prácticas para el Impulso y Desarrollo de la Convivencia en los Centros, en la modalidad de institutos.

El sistema galardonado: El instituto cuenta con un aula de convivencia dirigida por profesores voluntarios, un aula de trabajo, tres orientadores y medio centenar de alumnos formados como mediadores.

Los resultados: Durante el pasado curso, se trataron un total de 57 casos, de los que se resolvieron 49. Por tipología, destacan los problemas por insultos entre estudiantes, seguido de los casos de agresiones o peleas. Según las encuestas del centro realizadas el pasado curso, el 63% de los estudiantes ve de manera positiva la labor de los mediadores.

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«PROFE, me hace falta un parte amarillo. Bueno, más de uno, porque es para varios compañeros». Esa solicitud es lo primero que hacen los alumnos del instituto Portada Alta cada vez que tienen un problema con algún profesor o compañero. Estos «partes amarillos» son fichas en la que los estudiantes piden ayuda ante un conflicto (insultos, amenazas, discusiones...), explicando por escrito los hechos que le preocupan.

Esta innovadora medida es una práctica que se realiza a diario en este centro de la capital y que forma parte de un complejo sistema conformado para evitar o minimizar los conflictos en el aula y mejorar así el clima de convivencia entre los estudiantes. Tras varios años de experiencia, este instituto malagueño ha recibido ahora un reconocimiento del Ministerio de Educación y Ciencia, que le ha otorgado el primer premio del Concurso Estatal de Buenas Prácticas para el Impulso y Desarrollo de la Convivencia.

Lo primero que llama la atención del instituto Portada Alta es la gran cantidad de carteles con mensajes que hay por los pasillos y puertas. Mensajes que invitan al alumno a buscar ayuda ante cualquier preocupación o a prestar esta ayuda a los demás. Este aspecto forma parte del programa de mediación del centro. En este instituto parten de una base racional: los jóvenes hacen más caso al consejo que proviene de su entorno, de sus iguales, de alguien que tiene su misma edad. «Yo le puedo decir a un alumno que tenga cuidado con determinadas sustancias o con su conducta, pero él me sigue viendo como un profesor. Sin embargo, son mucho más receptivos cuando hablan con un compañero, un alumno que tiene sus mismas dudas y preocupaciones», comenta Antonio Marfil, director del centro. «El conflicto es algo inherente a un centro educativo, pero de eso se puede sacar una lectura positiva, los chavales pueden aprender de estos conflictos. Por eso tienen que participar en su resolución», sostiene Marfil.

50 mediadores

Esto es a grandes rasgos la mediación: formar a un grupo de alumnos voluntarios que sirvan de referencia para sus compañeros a la hora de buscar salida a algún problema que surja en el aula. En torno a medio centenar de estudiantes del centro realiza estas funciones, para lo que tienen que pasar una prueba de actitud y varios módulos formativos. Una tutora se encarga de asignar los distintos casos conflictivos a cada pareja de mediadores, que se encargarán de escuchar a las partes e intentar llegar a un acuerdo para resolver el problema. «Para mí el éxito de nuestro modelo es que los chavales sean capaces de resolver gran parte de los problemas entre ellos», dice Victoria Toscano, vicedirectora y responsable del programa de convivencia del centro.

El aula de convivencia es otra de las iniciativas llevadas a cabo por el instituto. Allí llegan los alumnos implicados en discusiones, peleas o faltas de respeto a sus compañeros. Se les hace una ficha en la que se explica con detalle el problema y se invita al menor a reflexionar sobre lo que ha hecho. Si el docente consigue un compromiso escrito del menor, podrá volver a clase. Si el alumno ya ha pasado varias veces por el aula de convivencia, el profesor de guardia podrá remitir el caso a otras instancias del centro, como el equipo de orientadores, el aula de mediación o el aula de trabajo -destino de los alumnos que son expulsados de clase y en donde trabajan la materia con la vigilancia de un profesor-. Semanalmente se evalúa el trabajo que realiza el aula de convivencia, de cuyos casos se realizan informes y seguimientos. Otro de los aspectos que trabajan mucho en el IES Portada Alta es la motivación. El centro realiza unas fichas en las que se indican los objetivos que tiene que cumplir el alumno «y semanalmente llamamos a la familia del estudiante que se ha portado bien para comunicárselo. Eso lo agradecen mucho», explican los responsables del centro.

Y todas estas dependencias funcionan todos los días lectivos con profesores voluntarios: «Casi todo el centro está muy implicado en los temas de convivencia. De lo contrario el sistema no funcionaría». Los profesionales se reparten el trabajo por áreas: hay un responsable de convivencia, otros de la orientación, otra docente se encarga del aula de mediación...

Incluso un par de ex alumnas -ahora universitarias que estudian Educación Social- trabajan por las tardes en el centro organizando talleres de autoestima o habilidades sociales.

Menos expulsiones

Pero, ¿cómo se puede medir el éxito de un plan para mejorar la convivencia? «Por un lado están los datos objetivos, que se reduzcan las expulsiones o las peleas en el centro. Pero hay un segundo factor, más subjetivo, que es la sensación de tranquilidad, de comodidad que se respira en el centro», argumenta el director.

Pero en el IES Portada Alta, un centro con 600 alumnos de diferente procedencia y condición social, saben que no existe una fórmula mágica y que las peleas y los conflictos seguirán entre el alumnado. Aunque muchos otros también se evitarán, gracias a su plan de convivencia, a tiempo.

 
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