Martes, 26 de diciembre de 2006
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CULTURA Y ESPECTÁCULOS

CULTURA Y ESPECTÁCULOS
Las tablas de la ley
La Lex Flavia Malacitana, de la que ahora se exhibe una copia en la Aduana, fue hallada por casualidad y los Loring la salvaron de la fundición
Las tablas  de la ley
URBANISMO. El Teatro Romano es la huella más importante que ha quedado en Málaga de la época romana.
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LA EXPOSICIÓN
Título: 'Romanos de ley. La Lex Flavia Malacitana'. Ciclo 'Tiempos de púrpura. Otoño cultural sobre Málaga en la Antigüedad'.

Muestra: 36 piezas originales de los dos primeros siglos de nuestra era, entre ellas hay una reproducción de las tablas de la Lex Flavia Malacitana y de Salpensa.

Lugar: Palacio de la Aduana (Plaza de la Aduana, 1).

Visitas: Hasta el 31 de enero. Martes de 15.00 a 20.00 horas. De miércoles a viernes de 9.00 a 20.00 horas y sábados y domingos de 9.00 a 15.00 horas.

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CORRÍA el año 74 d. C. cuando el emperador Vespasiano otorgó a Malaca la Lex Flavia, al amparo de la concesión de este soberano del 'ius latii' o derecho latino a toda Hispania de forma generalizada. Sin embargo, no sería hasta un momento indeterminado entre el año 81 y el 96 d. C. cuando esa concesión de ciudadanía entraría en vigor, ya bajo el mandato de otro emperador, Domiciano.

Hasta ese momento Malaca había sido una ciudad integrada en el Imperio Romano por medio de un pacto y tenía la categoría de ciudad federada. A partir de la concesión de esta ley municipal, todos sus habitantes adquirieron la condición de ciudadanos romanos de pleno derecho. Antes, esa condición había sido disfrutada de manera individual por algunos miembros de la élite. A partir de entonces, este derecho se generalizó y toda la población disfrutaba de los privilegios que suponía ser ciudadanos de pleno derecho. «Esta ley supuso pasar a ser ciudadanos de primera. Algo muy importante en una sociedad tan desigual como la romana», destaca el catedrático de Arqueología de la Universidad de Málaga Pedro Rodríguez Oliva.

Los documentos oficiales se grababan en superficies metálicas, que se exponían en un lugar destacado de los edificios públicos, el objetivo era que todos los ciudadanos conocieran estas leyes. Las tablas de bronce de la Lex Flavia Malacitana, encontradas en 1851 en el barrio malagueño de El Ejido, son la prueba de esta costumbre. El descubrimiento de la Lex Flavia Malacitana, y junto a ella la de Salpensa (Utrera) supuso el primer hallazgo mundial de leyes municipales romanas. Ahora, una reproducción exacta de las tablas originales se exhibe en el Palacio de la Aduana, dentro de la exposición 'Romanos de ley. La Lex Flavia Malacitana'.

La casualidad fue la protagonista del descubrimiento de estos bronces. En la última semana del mes de octubre de de 1851 unos trabajadores de la zona, «conocida entonces como Barranco de Los Tejares -entre el Paseo de Capuchinos y la calle la Victoria-, que extraían barros para los alfares de tejas que allí existían, encontraron las tablas», destaca el arqueólogo y comisario de la exposición de La Aduana, Manuel Corrales.

Los descubridores vendieron al peso estas piezas como metal viejo -sólo la tabla de Malaca pesaba más de 90 kilos-, a la familia Luque, unos broncistas que tenían su taller en calle Compañía. Allí iban a ser fundidas con el objetivo de utilizar el bronce para fabricar soportes de vela. Antes de que esto ocurriera le llegó noticia de estas tablas al Marqués de Casa-Loring, quien una vez examinadas las piezas reconoció su importancia y las adquirió. «Parece ser que quien avisó a Jorge Loring de Oyarzábal fue José Gálvez González», apunta el catedrático.

«No hay pruebas, pero sí el rumor de que éstas fueron las últimas tablas encontradas en la zona y que ya habían salido varias, que sí fueron fundidas», apostilla Rodríguez Oliva.

El que después se convertiría en cuñado de Jorge Loring, el abogado -experto en derecho romano- e investigador malagueño, Manuel Rodríguez Berlanga, fue el primero en estudiar las tablas y traducirlas. Los resultados de su trabajo se dieron a conocer en los primeros meses de 1853 y en junio de ese año recibió la Cruz de la Orden de Isabel la Católica por sus investigaciones. La importancia del descubrimiento malagueño atravesó fronteras y en 1855 el experto en Historia de Roma y primer premio Nobel alemán, Theodor Mommsen, respaldó en una publicación el hallazgo de El Ejido.

Durante años las tablas se expusieron en el Museo Loringiano de la finca de la Concepción, pero los Loring, «decidieron vender su colección de bronces jurídicos al Estado, según su cuñado -Berlanga-, para evitar que tras su muerte cada hijo se quedara uno, se vendieran y se dispersaran. También podría haber sido porque la familia atravesaba en esa época momentos delicados económicamente», señala Rodríguez Oliva. Gracias a la intervención de Antonio Cánovas del Castillo, el Estado adquirió a Jorge Loring varios de sus bronces. «Se le abonó por ello, en 1897 la cantidad de 100.000 pesetas. (Real Orden del Ministerio de Hacienda de 24 de julio de 1897)», apunta Corrales.

Fragilidad del material

De esta forma las tablas de la Ley Flavia de Málaga pasaron a formar parte de los fondos del Museo Arqueológico Nacional (MAN). «Es la primera vez que vuelven a Málaga estas tablas, aunque se trate de unas copias», destaca Rodríguez Oliva. «Hace años que el MAN decidió, por la fragilidad del material, que no se trasladarían. Por ello, este museo realizó unas reproducciones exactas de los originales, que son las que se prestan para exposiciones», apunta el comisario de la muestra, que actualmente acoge el Palacio de la Aduana y que cuenta con las copias de la Ley de Malaca y Salpensa.

Si el descubrimiento de estas piezas, a mediados del siglo XIX, «puede considerarse el mayor hallazgo epigráfico del siglo», según la profesora titular de Derecho Romano en la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, Esther Domínguez López, la concesión de esta ley a finales del siglo I d. C. fue para Malaca un gran paso.

Antes de la entrada en vigor de la Lex Flavia Malacitana -entre el año 81 y 96 d. C.- y en tiempos de la República se había otorgado a Malaca la condición de ciudad federada de Roma, «lo que llevaba aparejado el reconocimiento de una cierta autonomía territorial, administrativa y jurídica: las ciudades federadas conservaban su soberanía, tenían sus propias magistraturas y se regían por sus propias normas, pero no podían desarrollar una política exterior al margen de Roma», afirma Domínguez.

Debe tenerse en cuenta en este sentido que el 'foedera', o tratado, que en cada caso regulaba la relación entre Roma y la ciudad federada, «aseguraba siempre a la primera una posición de hegemonía o superioridad sobre las segundas», destaca esta profesora de Derecho Romano.

Con esta ley, Malaca adquiere formalmente el carácter de municipio romano, privilegio que, hasta la guerra social del s. I. a.C., se había limitado al territorio itálico. «La concesión a Malaca, como al resto de ciudades hispanas, del 'ius latii', derecho latino, supuso el reconocimiento bajo el cauce romano de su autonomía administrativa y el otorgamiento a sus habitantes de una serie de derechos y privilegios respecto de Roma», apunta Domínguez.

La 'tabula' malacitana contiene un total de 19 capítulos, en concreto del LI al LXIX, en los que «se recogen diversas disposiciones relativas al procedimiento de elección y votación de los magistrados por las Asambleas populares, a la designación de patronos municipales, así como otras diversas normas relacionadas con la gestión de fondos públicos, encomendada principalmente a los magistrados municipales supremos y a otros magistrados menores», comenta Domínguez.

Con esta ley se establece una organización censitaria que distribuye las obligaciones y los derechos en función de la capacidad económica de los individuos. Entre los derechos reconocidos a los municipios, y por tanto, a sus ciudadanos, destaca el derecho a realizar negocios jurídicos válidos con ciudadanos romanos. Pero esta ley supone «sobre todo, el derecho a obtener la ciudadanía romana, el reconocimiento de una plena capacidad», apunta Domínguez.

En contrapartida, los ciudadanos de los municipios estaban sometidos a una serie de cargas y obligaciones especialmente militares y fiscales. «No en vano el término 'municipium' resulta de la unión de los vocablos 'munus', que significa obligación o deber y 'capere', literalmente tomar, coger», define Esther Domínguez.

 
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