Domingo, 1 de octubre de 2006
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MÁLAGA

MÁLAGA
La mar de redes
La flota pesquera malagueña se ha reducido ostensiblemente desde el siglo XX. Pero ahora sus barcos y sus redes son mucho más potentes y eficaces. El caladero está sobreexplotado. Por eso, la UE exige artes más ecológicas y reducir las horas de pesca
La mar de redes
COSTA. Antaño, los barcos pesqueros se varaban en la misma playa.
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FONDO EUROPEO DE PESCA
Tal y como subraya la Consejería de Agricultura y Pesca, los objetivos de la Unión Europea para su nuevo Fondo Europeo de Pesca (ayudas 2007-2013) son:



Desarrollo sostenible de todas las actividades productivas: Esto supondrá un ajuste o equilibrio entre los recursos y la flota pesquera para lo que se protegerán los recursos pesqueros y los ecosistemas y se mejorará la selectividad de las redes. Además, se impulsarán nuevas técnicas y métodos más respetuosos con el medio ambiente.

Reducir el esfuerzo pesquero: Se promoverá un aumento de las paradas biológicas para dejar respirar los caladeros y se tenderá a disminuir el horario de pesca y las jornadas de extracción, entre otras medidas.

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LA historia de la pesca en Málaga es tan antigua como su ciudad. Tan remota como las civilizaciones que se asomaron al Mediterráneo. Y desde entonces, con el pasar de los siglos, los pescadores siempre han tenido un objetivo en mente: mejorar sus capturas, es decir aumentar la efectividad de sus redes y de sus barcos. Tan importante fue la huella que dejaron las distintas civilizaciones que, en muchos casos, aún se usan redes iguales o similares a las que introdujeron. Por ejemplo, los tartessos trajeron el arte de almadraba concebido para la captura de atunes que pasan por el Estrecho de Gibraltar, y que aún sigue vigente en las costas gaditanas, aunque se extinguió en Estepona, donde se utilizaba para la melva y el bonito. El rastro es otro de los artes que se conserva tras el paso del tiempo. Se dedica a la captura del marisco, principalmente de moluscos bivalvos (con concha).

Pero, pese a toda esta tradición, la reducción de la flota en las últimas décadas ha sido brutal. Según datos reflejados en el ejemplar 'La pesca en el Mediterráneo andaluz' (Camiñas, Baro y Abad, 2005), a principios del siglo XX los pescadores de Málaga, repartidos por las playas de Estepona, Marbella, Fuengirola, El Molino, Málaga, El Palo y Pedregalejo, Rincón de la Victoria, La Cala del Moral y Torre Moya, Torre del Mar, Torrox y Morche, Nerja, Benajarafe y Benagalbón sumaban 5.929 marengos. Hoy, todos los datos indican que no superan los 800. La flota de cerco está formada por sólo 46 traíñas mientras que la de arrastre cuenta con 62 embarcaciones, y el número marisqueros y otros artes menores sigue siendo muy fluctuante, pero no superan los 150 barcos, según la Junta.

Descenso de barcos

La reducción de la flota es obvia, pero sin embargo el caladero cada vez está más resentido, es decir está sobreexplotado. Esta palabra tan rimbombante que utilizan los biólogos y políticos para decir que el nivel de capturas supera con creces la capacidad de regeneración de las especies pesqueras. Es muy sencillo: si no dejas a una población que se reproduzca se acabará extinguiendo. Y el mar sigue siendo un gran desconocido, pero hay algo que sí está muy claro: sus recursos no son infinitos. Por eso, y aunque cada vez el número de pescadores y de embarcaciones es menor, sin embargo, sus barcos son más potentes, las redes mucho más eficaces, los sistemas de navegación más infalibles y las técnicas más certeras. Así que, lo que antes tardaba un barco en pescar un mes ahora lo pesca un arrastrero (pulpo, calamar, salmonete, gamba), en un día.

Los mares europeos, y entre ellos obviamente el mar de Alborán que baña Málaga, están sobreexplotados. El episodio del descenso brutal de anchoas en el Cantábrico es sólo la punta del iceberg de lo que podría ir pasando en el resto de los mares comunitarios si se mantiene el actual esfuerzo pesquero, según manifiestan los oceanógrafos. Por eso la política pesquera común inició un giro de 180 grados en el año 2003 destinando buena parte de los fondos IFOP al desguace de la flota. Y ahora culmina esta trayectoria con un objetivo mucho más ambicioso: proteger los recursos, tal y como explica la jefa de Pesca de la Junta en Málaga, Elvira Frapolli. «El caladero está muy mermado y eso se manifiesta cada día en la escasez de capturas que se ponen en venta en las lonjas. Independientemente de la subida del gasóleo, que viene a agravar la rentabilidad pesquera, el problema de raíz es que se están resintiendo enormemente las especies comerciales», puntualiza.

Por eso, la UE subvencionará a los pesqueros para que estén menos horas en el mar (más paradas biológicas, jornadas más reducidas, más días de descanso a la semana), a los que tengan redes más ecológicas, y por tanto mucho más selectivas (es decir dirigidas sólo a las especies comerciales para evitar los descartes, que es la devolución al mar de los peces no comerciales, generalmente muertos o moribundos); y para que cuenten con barcos menos potentes. En definitiva, para que la flota se ajuste a los recursos pesqueros. O dicho de otra forma, que la pesca sea sostenible, que se pueda mantener a lo largo de las próximas décadas. Estas medidas, obviamente, desagradan al sector, que lo que pretende es aumentar el nivel de capturas y por tanto, renovar la flota.

Evolución tecnológica

Pero, hasta llegar a la situación actual, la pesca ha pasado por toda una evolución, en la que la tecnología ha sido decisiva, según puntualizan el director del Centro Oceanográfico de Málaga, en Fuengirola, Juan Antonio Camiñas, y el jefe del programa de Recursos Pesqueros del Mediterráneo, Jorge Baro.

Si nos remontamos a principios del siglo XX, una buena pesca tenía un máximo exponente: el patrón. Tanto, que cada uno de ellos tenía un mapa hecho a mano de los distintos caladeros de la provincia, y de su destreza, fundamentalmente, dependía que tuvieran una buena jornada. Antaño, cuando los satélites todavía eran cosa de ciencia ficción, en Málaga se realizaba la pesca de cerco al arda. En las noches sin luna, el patrón buscaba las fluorescencias del plancton al paso de los peces. Y en esta ardua tarea en la que se guiaba por su maestría, finalmente daba con el cardumen (concentración de pescado) y realizaba lo que se conoce como lance, que es la tarea de echar la red para realizar la pesquería.

Modalidad de cerco

El cerco, uno de los artes más selectivos que hay actualmente en la costa malagueña, consiste en una red desplegada en semicírculo con una luz que atrae el plancton, que como alimento de los peces, los atrae hacia la red. Como la orografía de la bahía malagueña la protege del levante, sus aguas han sido tradicionalmente ricas en boquerones y sardinas -que se desarrollan en aguas tranquilas con gran cantidad de plancton. Pero la situación del boquerón, el que más interés comercial tiene, es más que preocupante: el último informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), que ilustra sobre la situación de las pesquerías en todo el planeta, asegura que entre las 200 especies marinas más importantes que se encuentran sobreexplotadas o al límite de la sobrepesca está el boquerón de Alborán, del que indica que está al borde del colapso. Las sardinas, sin embargo, no acusan un descenso tan acusado. Pues bien, el arte de cerco acabó con el sardinal y con la jábega, dos modalidades de pesca que eran mucho menos eficientes. Hoy día, gracias a la potencia de sus motores y a la tecnología a bordo, tienen mucha mayor capacidad para descubrir dónde están los bancos de pesca, la situación en la que se encuentran, qué posibles especies se marcan en la sonda y a qué profundidad, de tal manera que el patrón no sólo se vale de su intuición. Pero, pese a todo, sus capturas son cada vez más reducidas, y han ido decayendo de forma desorbitada en los últimos años, a excepción del año 2001 en el que hubo una pesquería excelente de boquerón.

El arrastre, la otra gran modalidad pesquera que se practica en Málaga, tampoco pasa por uno de sus mejores momentos. De hecho, el descenso de las capturas de salmonete, merluza y gamba en los últimos años preocupa enormemente al sector. Y es precisamente en esta modalidad en la que los barcos van mejor equipados. De tal forma, que actualmente pueden llevar hasta control de red sin cable o sensores de red, que son unos aparatos que se colocan en la red y que monitorizan la abertura de la boca e indican el volumen de capturas, según explica el patrón Sebastián Martín a bordo del 'Sanmar', uno de los barcos más tecnológicos de la costa malagueña.

También lleva el 'Sanmar' plotter, que es un sistema satélite de navegación y de cartografía, la sonda (para detectar los bancos de pescado), y el radar (que detecta los movimientos de otros barcos en superficie, que además puede incorporar el sistema arpa, que avisa si hay posibilidad de colisión con otros barcos). En fin, todas mejoras técnicas que ayudan a los pescadores a desarrollar mejor su labor, lo que también influye en un mayor esfuerzo pesquero. Ahora, para mejorar la selectividad de las redes de arrastre, que es una de las directrices principales de la Unión Europea, el Centro Oceanográfico de Málaga, en Fuengirola, ha realizado un interesante proyecto, que puede marcar un antes y un después en la puesta en marcha de artes más respetuosas. Se trata del estudio realizado por los oceanógrafos J. Baro y I. Muñoz de los Reyes, por el que concluyen en que las mallas cuadradas son más selectivas que las rómbicas, que utiliza el arrastre.

Mallas cuadradas

«Cuando el arte va arrastrando la malla rómbica se cierra, mientras que la cuadrada mantiene su forma, de esta forma hemos llegado a la conclusión de que aumenta la talla de la primera captura de la mayoría de las especies de interés comercial». Esto indica en muchos casos que estos individuos han podido tener opción a tener una primera puesta, algo esencial para mantener el caladero. Además, los rendimientos (es decir el nivel de capturas) es similar, por lo que la Comisión General de Pesca de Mediterráneo (CGPM) ha recomendado el uso de la malla cuadrada, ya que es más efectiva para mejorar la selectividad de las artes de arrastre y reducir así la mortalidad de los juveniles (que son los que tienen que reproducirse). Ésta podría ser una de las primeras medidas que se apliquen para seguir el mandato europeo junto con la reducción del horario y de las jornadas de pesca y el aumento del periodo de paradas biológicas. Todo es poco para mantener la vida en el mar de Alborán que, desgraciadamente, está dando sus últimas bocanadas.



 
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