Domingo, 24 de septiembre de 2006
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DEPORTES

EX BOXEADOR Y CAMPEÓN DEL MUNDO
JOSÉ DURÁN: «Los jóvenes de ahora combaten poco y no se saben sacrificar»
«Si no está marcado y está aquí será por algo», le dijeron una vez para justificar que en el rostro del ex campeón mundial superwelter no hay secuelas del ring La leyenda madrileña se dedica al boxeo con ejecutivos para que liberen estrés
JOSÉ DURÁN: «Los jóvenes de ahora combaten poco y no se saben sacrificar»
DISPUTA. José Durán simula un combate con el articulista y amigo Manuel Alcántara, que fue cronista de boxeo. / ANTONIO SALAS
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FICHA PERSONAL
Nombre: José Durán Pérez.

Edad: 60 años (en octubre cumplirá 61).

Lugar de nacimiento: Madrid. Afincado en Vallecas.

Apodo: Durante un tiempo la prensa le llamó 'El Monje', por su estilo sereno y poco presuntuoso.

Éxitos: Campeón del mundo superwelter en 1976 en Tokio frente al japonés Koiche Wajima, campeón de Europa en Madrid en 1974 (ante el francés Jacques Kechichian) y cinco defensas del título, en Berlín y Viena. Olímpico en México 68 y presente en los Juegos Mediterráneos de Túnez. Campeón de Europa amateur. Medalla de oro al Mérito Deportivo y plata de la Real Orden al Mérito Deportivo.

Profesión: Matricero ajustador antes de dedicarse al boxeo y, luego, funcionario del Ministerio de Defensa.

Profesional: Desde finales de 1968 a 1978. Le entrenó Enrique Soria.

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Sus manazas atemorizan. Sexagenario ya, aún se conserva atlético y fornido. Con heridas de guerra sólo apreciables en los dedos de una mano: se las hizo jugando al pádel. En el ring ni le rompieron la nariz. Para el maestro Manuel Alcántara, el boxeador José Durán (Madrid, 1945), «un táctico y técnico, de calidad suprema en la pegada con la izquierda», fue su primer campeón del mundo como periodista. Sus predecesores siempre tuvieron algún atenuante en su mérito. Treinta años después de aquel título mundial superwelter en Tokio, se reencuentran en El Palo, con buen marisco y pescaíto de la bahía sobre la mesa. Una charla de boxeo, de pasiones compartidas, de la que este periódico fue testigo privilegiado.



¿Cuál fue su momento más feliz en su trayectoria?

José Durán: Se puede decir que es muy bonito ser campeón de Europa o del mundo, pero llegar a ser olímpico es lo máximo, y yo acudí a los Juegos Olímpicos de México (1968), amén de los Juegos Mediterráneos de Túnez. Además, como campeón de Europa el boxeo empieza a dejar de ser deporte, no tanto para el boxeador, sino por el entorno.

Manuel Alcántara: ¿Cuál fue tu ídolo? ¿viste boxear a Galiana?

J. D: No. Me quedo con Luis Folledo, que era muy bravo.

Después de tanto hilvanar crónicas de boxeo, si hubiera que definir el estilo de Durán ¿Cómo lo haría?

M. A. : Fue un táctico y un técnico. Dominaba la estrategia y era muy elegante, de una calidad suprema en el uso de la izquierda. No se llega a tener un currículo como el suyo por casualidad.

¿Por qué siente esa atracción por el boxeo?

M. A: Por la soledad del boxeador cuando suena la campana y te quitan el banquillo. Se habla del toreo, pero en el boxeo te enfrentas a alguien con los mismos recursos. Di Stéfano me dijo una vez que él no era el mejor. A diferencia de deportes colectivos como el fútbol, en el boxeo se puede decir quién es el mejor.

¿Tuvo mánager?

J. D: Un entrenador, mánager, amigo y hermano, Enrique Soria, actual presidente de la Federación Madrileña y que hace unos días organizó mi homenaje por todo lo alto por el treinta aniversario del título mundial. Debuté con él y me retiré con él.

Hablemos de aquel título mundial...

J. D: Fue el 18 de mayo de 1976, en Tokio. Se celebró a las 13.00 horas en España, y al ser televisado el país se paralizó. En Japón eran las nueve de la noche. Yo hacía de víctima. Había perdido un título mundial en Montecarlo frente a Oliveira y estaba psicológicamente agotado, pues en un año había disputado cinco títulos de Europa.

M. A.: Koiche Wajima (su rival) era un 'kamikaze', un perro 'bulldog' que no daba tregua. Lo más difícil era imponer un ritmo. En este sentido, José Durán ha sido un ejemplo de preparación a la hora de subir a un 'ring'. El combate fue un lance casi taurino, en el boxeo no sirve siempre la misma fórmula.

J. D: Recuerdo que hice guantes para un reportaje previo para la televisión y ahí cambié mi estrategia, para despistar. Al día siguiente decían los periódicos que se me podía ganar, aunque pegaba muy fuerte. En realidad era justo lo contrario: pegaba con precisión... Al acabar recuerdo que me dijeron: «Usted parece un actor, no un boxeador». «Se han equivocado ustedes al elegirme», les repliqué.

No le han roto la nariz ni una vez.

J. D: Una vez me dijeron: «Ojo: si no está marcado y está aquí será por algo». En un combate me presentaron antes en un restaurante a mi rival, Jean Bautista Ronald. Un tipo fuerte, grande, que impactaba porque era mucho más alto. Pero vi que no tenía cejas y pensé: «Este no pasa del tercer asalto». No me equivoqué.

¿Pero nunca le han dejado la cara hecha un cristo?

J. D: De amateur una vez gané, pero sangré. En el metro, a las doce de la noche, sufrí una hemorragia nasal y no acabó hasta las seis de la tarde. Dejé de boxear cuatro meses, porque me asustó. Perdí dos veces por 'k. o.' contra el mismo y entonces me dijeron: «Si quieres ser figura y si hay golpes que te hacen daño, no los recibas. Hay que dar diez y no recibir ninguno».

¿En qué ha cambiado el boxeo?

J. D: En la popularidad menor que recibe en la televisión y en los periódicos. Los gimnasios están llenos y cada vez que se organizan veladas en Madrid se llena, con entradas a 120 euros. Le gente se entera por Internet.

¿Y los boxeadores?

J. D: Ahora los chicos pelean tres o cuatro combates al año. Muy pocos. Yo me entrenaba todos los días y me iba a correr al campo. Ahora el boxeador dirá: «Entrenarme, ¿para qué? Si luego no peleo». Yo tenía de 14 a 18 combates.

¿Sigue boxeando?

J. D: Me dedico al boxeo para ejecutivos, y sobre todo tengo mujeres. Libera estrés. Es un boxeo al aire, con muchos golpes seguidos. Doy clases particulares en mansiones. Tengo una anécdota...

Cuente.

J. D: Les digo a los alumnos que si quieren guantes duros, conmigo, pero alguna que otra vez hay quien se calienta... Entonces, al que lleva tres o cuatro años le pongo como nuevo. En una ocasión un guardaespaldas de Aznar le dio al hijo de uno de los aspirantes a la presidencia del Real Madrid, Gómez Pintado, que era jugador de fútbol americano y pesaba unos 120 kilos. Un tiempo después, llevaba un casco de fútbol y le pegué. Le senté. «No sé si te has pasado», me dijo otro alumno. Yo se la tenía reservada, venimos a divertirnos, a ponernos en forma. La gimnasia del boxeo es muy completa.

M. A: ¿Es tan importante el 'footing' en la preparación física?

J. D: Es la base, lo que te da el fondo.

¿No ha dirigido a aspirantes a boxeadores?

J. D:Estuve con alguno, pero lo dejé porque no tienen capacidad de sacrificio. Tuve a 'Poli' Díaz, al que le enseñé todo, pero luego se perdió con el promotor Sánchez Atocha.

¿Qué boxeador del panorama actual le gusta?

J. D:Javier Castillejo. Le admiro porque con 38 años sigue en activo. Pero en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Ahora es campeón del mundo cualquiera.

M. A.: Hay demasiada escisión en asociaciones y categorías.

¿Tan bueno fue José Durán?

M. A.:Siempre hemos dado campeones, habitualmente de los pesos ligeros, pero él coincide con un momento de oro, con Legrá, Carrasco, Urtain, Fernández,...

¿Cómo comenzó a boxear?

J. D.: Con 15 años era un gordito. Pesaba 70 kilos y me llamaban 'Pepote' en el barrio. Entonces un amigo me llevó a un combate en el Palacio de los Deportes, el que se quemó. No lo conocía y me gustó. Con la mutualidad deportiva costaba 250 pesetas al año entrenarse. Entré para perder peso, pero me hice veterano en el gimnasio. Hasta los 17 no combatí. Recuerdo que a mi primer rival, Francisco Delgado, lo vi al poco tiempo ya retirado. Empezó antes. Mi hermano me firmó el consentimiento, porque yo era todavía menor de edad. No se lo dije a mi padre. No notaron nada en casa hasta que llevaba seis combates y los tres primeros gané por 'k. o.'. Al sexto una vecina vio que salí en el 'Marca'. Se lo enseñó a mi madre, que dijo: «¿Cómo va a ser mi hijo!». Pero cuando me vio me preguntó: «¿Este eres tú?». Hubo consejo familiar y no querían que peleara, pero yo les decía: «Llevo seis combates y ¿habéis visto que me hayan marcado la cara?».

¿Le dio para ser millonario el título mundial?

J. D.:No, pero la respuesta más justa que le puedo dar es que con una defensa del título entonces me compré un piso.

¿Cuándo asumió que tenía que dejarlo?

J. D:Cuando perdí el título del mundo o, mejor dicho, me dieron perdedor. Fue contra el argentino Miguel Ángel Castellini. Me dije: «Hasta aquí hemos llegado». Podía seguir más, porque estaba entero, pero tenía una economía estable. Ahora tengo tres hijos y me gusta que no se dediquen al boxeo, lo que no le sucede a Manolo Calvo. Tengo que decir que mi mujer, Luisa Ramos, siempre ha sido mi mejor apoyo.



 
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