Jueves, 7 de septiembre de 2006
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MARBELLA - ESTEPONA

Marbella
Unas vasijas de barro con historia
El libro 'Las ánforas romanas en Marbella' nos muestra que los asentamientos romanos se dedicaban al salazón a lo largo del municipio, por ello se han encontrado 29 ánforas en Marbella xxx
Unas vasijas de barro  con historia
ÁNFORA DRESSEL. Esta ánfora fue encontrada en aguas del Puerto Deportivo de Marbella. /JOSELE-LANZA
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L OS asentamientos romanos que formaron núcleos de población a lo largo de toda la costa del término municipal de Marbella se dedicaban, en su mayoría, a la industria del salazón. Como legado de esta estancia, se han encontrado en la localidad 29 ánforas del Alto y Bajo Imperio Romano, 18 en el mar, y 11 en tierra. Etimológicamente hablando ánfora se define como una vasija usada por fenicios, griegos, cartagineses y romanos, a modo de cántaro alto y estrecho, con cuello en la parte superior y dos asas laterales.

Estos 29 descubrimientos han sido analizados y clasificados por María Teresa Rivera Valderrama, en su libro 'Las ánforas romanas en Marbella',en colaboración con Encarnación Carrado, profesora de arqueología de la Universidad de Málaga. Según el libro, los lugares en los que se han encontrado estas ánforas son variados, algunos descubrimientos se hallaron en las playas de Artola y Alicate, en el Puerto Deportivo de Marbella o en Las Termas.

Pero los romanos no sólo asentaron su núcleo de población en estos lugares, y es que según los descubrimientos de esta historiadora, entre los enseres de la Alcazaba de Marbella se encontró material tardorromano, -ánforas y cerámica común-. Además, en este mismo lugar se encontró también una ánfora conocida con el nombre de 'Beltrán IV' que era usada para la industria del salazón, lo que demuestra un poblamiento romano en el Casco Antiguo del municipio, y una posible actividad salazonera.

Diez años han sido lo que María Teresa ha dedicado al estudio de la historia de las ánforas en Marbella para poder sacar a la luz su obra. Esta década de investigación ha dado lugar a que varias noticias orales denunciaran la existencia de un importante número de yacimientos subacuáticos que todavía no se habían investigado. Concretamente unos expolios fomentados por el comercio clandestino de antigüedades y las visitas constantes de buzos deportivos en yacimientos. Así, los lugares más ricos en ánforas que María Teresa ha hallado en sus investigaciones coinciden con los yacimientos arqueológicos del municipio, y concretamente son Las Bóvedas, La Basílica Paleocristiana de San Pedro y la Villa Romana de Río Verde. Además, el número de ánforas y fragmentos de las mismas halladas en el municipio corresponden al Alto Imperio y al Bajo, con un total de 23 y seis ánforas respectivamente.

El uso

Sus investigaciones confirman que dichas ánforas eran utilizadas para almacenar los productos de las industrias de salazón y del garum -salsa utilizada por los romanos para condimentar los alimentos-, afirmando que «no encontró ni una sola ánfora que estuviera destinado a otro uso». Otra de las funciones de estos recipientes era la de transportar otros productos alimenticios como el vino, el aceite, la miel, cereales o legumbres, ya que las ánforas estaban elaboradas por un material muy barato, el barro, lo cual provocaba que su comercialización se disparara entre los núcleos de población romanos.

Pero no sólo el salazón fue el principal uso de estas ánforas, ya que entre sus funciones más relevantes predominaban las que tenían que ver con el transporte de los productos procedentes de las industrias dedicadas a la explotación de recursos alimenticios proporcionados por el mar.

Así, la arqueología ha puesto de manifiesto que el área geográfica de Marbella tenía en aquella época su principal base económica en la explotación de los recursos marítimos, y las ánforas son los testimonios materiales que acreditan este hecho.

María Teresa ha logrado dibujar e identificar algunas ánforas a través de un resto de fragmento de las mismas.Y es que el objetivo principal que se marcó esta autora a la hora de escribir su libro, del que ha editado un total de 500 ejemplares, fue el de colaborar con la recuperación de la historia antigua de Marbella, para así poder contribuir a su conocimiento y difusión entre la población.



 
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