Diario Sur

Vigías que resisten en la Sierra de las Nieves

En el valle de Lifa, entre Ronda y El Burgo, quedan restos del antiguo castillo de Lys.
En el valle de Lifa, entre Ronda y El Burgo, quedan restos del antiguo castillo de Lys. / J. A.
  • Yunquera, Alozaina y El Burgo aún conservan algunos restos de castillos y torres fundamentales para la seguridad hace siglos

Murallas que forman parte del paisaje urbano o torres que desafían al paso del tiempo son vestigios que aguardan en una ruta singular por los castillos de la Sierra de las Nieves.

Desde el siglo IX hasta el XV, lo que hoy se conoce como Sierra de las Nieves jugó un papel fundamental en la historia del antiguo Al-Ándalus.

Castillos como los que había en el valle de Lifa o El Burgo tuvieron un importante valor estratégico en la revuelta de Ben Hafsun y en la resistencia a las tropas cristianas.

Muchos de estos bastiones fueron destruidos en varias ocasiones y, en la mayoría, sólo han llegado parte de sus estructuras que se llegan a entremezclar con las viviendas particulares encaladas.

Sus respectivas ubicaciones respondieron en su momento a motivos tácticos, pero hoy son, en su mayoría, espectaculares miradores de esta zona montañosa, protegida en parte como Parque Natural y Reserva de la Biosfera.

Así se puede ver en el que se conoce como valle de Lifa, entre El Burgo y Ronda. Lo que antes fue el paso obligado para los viajeros que iban desde el interior de la Sierra de las Nieves a la ciudad del Tajo hoy es uno de los valles más sosegados y espectaculares de la provincia de Málaga. En la zona más elevada de este valle, el monte de las Piedras, se conserva parte de lo que parece una torre vigía. En realidad, son los restos de una de las atalayas que perteneció al castillo de Lys, una fortaleza árabe que fue tomada por Abderramán III en su campaña contra la revuelta de Bobastro.

Por su parte, El Burgo se erige sobre un cerro desde el que se divisa buena parte del valle del Turón. Con esa ubicación estratégica, sería casi imposible que no hubiera allí un castillo en la época más convulsa de su historia. De hecho, existió, a pesar de que hoy se pueden apreciar sólo en algunas partes del casco antiguo del pueblo. Desde la dominación romana, la zona tuvo importancia por ser paso obligado entre Ronda y Málaga y el litoral mediterráneo.

Sin embargo, el apogeo de esta fortaleza llega con la rebelión de Omar Ben Hafsun desde Bobastro a finales del siglo IX. Fue tomada por el propio califa Abderramán III en la llamada campaña de Turrus, en la que tuvieron que usar catapultas para tomar el castillo.

Entre los siglos XIV y XV pasó varias veces de manos musulmanas a cristianas al estar en zona fronteriza. Finalmente, claudicó junto a Ronda ante los Reyes Católicos en 1485. Las tropas napoleónicas lo usaron de refugio en 1.812, pero lo demolieron casi en su totalidad cuando lo abandonaron.

En el centro de Alozaina se conserva esta torre, que lleva el nombre de María Sagredo.

En el centro de Alozaina se conserva esta torre, que lleva el nombre de María Sagredo. / J. A.

Por su parte, Yunquera, albergó en lo que hoy es su casco antiguo, junto a la iglesia de la Encarnación, una fortaleza, de la que apenas quedan algunos restos de murallas. El castillo tuvo una de sus entradas principales en el extremo que daba al camino de Tolox, que se conoce ahora como la Puerta del Jandaque.

A menos de medio kilómetro del casco urbano sí se conserva una torre vigía, pero, eso sí, construida hace dos siglos en plena Guerra de la Independencia. Esta atalaya, que es Bien de Interés Cultural y es conocida popularmente como ‘el castillo’, alberga un espacio expositivo y un observatorio astronómico.

Pocos vestigios de la fortaleza de Alozaina han llegado hasta nuestros días, pero, sin embargo, sí que se conoce que allí tuvo lugar una de las historias más singulares de las rebeliones moriscas vividas en Andalucía en el siglo XVI.

Narran las crónicas que tuvo lugar la hazaña de María Sagredo, una joven pechera que utilizó colmenas para repeler el ataque de las tropas de El Yebali. Las abejas, según la leyenda, se ensañaron con los atacantes moriscos, que emprendieron la huida al grito de «malditas sean las moscas de tu tierra». Este acto heroico e ingenioso se recuerda hoy en el escudo del propio pueblo. En las calles del casco antiguo aún se mantiene una de las torres de la fortaleza, que lleva precisamente el nombre de María Sagredo.

También se conserva el lugar donde tuvo su emplazamiento el castillo original. Se trata del Parque Mirador, construido a mediados del pasado siglo con el fin de recuperar el recinto amurallado. En su interior se encuentra la esbelta iglesia de Santa Ana, que fue levantada sobre una anterior mezquita. Desde este recinto se aprecia buena parte de la zona agrícola situada entre el Valle del Guadalhorce y la propia Sierra de las Nieves.