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La Selva Negra, un lugar de cuento al sur de Alemania

Niebla sobre la Selva Negra alemana con la iglesia de San Pedro.
Niebla sobre la Selva Negra alemana con la iglesia de San Pedro. / Efe
  • Impresionantes bosques, pueblos con casas preciosas, relojes de cuco y tradición bávara que dejan al visitante con la boca abierta

Cuando se habla de Alemania es inevitable tener en mente su historia y sus grandes ciudades, con Berlín y Múnich como principales referentes y modelos a seguir para toda Europa. Sin embargo, el país germano también cuenta con zonas rurales espectaculares y espesos bosques, cuyo principal ejemplo es la Selva Negra, el pulmón de Alemania. Una región montañosa de gran densidad forestal situada al suroeste de Alemania, en el estado de Baden-Wurtemberg.

Pese a su nombre no es selva ni es negra, toma su apodo por la espesura de sus bosques de abetos que en muchos casos no dejan pasar la luz hasta la superficie creando una sombra oscura debajo de las copas de los árboles, al entrar en sus espesos bosques da la sensación de que se hace de noche. Visitar la Selva Negra es introducirse en la cultura tradicional alemana, un regreso al pasado entre casitas de cuento, trajes folclóricos y litros de cerveza casera.

La mejor opción para disfrutar de la belleza del lugar es viajar en avión hasta el aeropuerto de Stuttgart y alquilar un coche, disponer de un vehículo para desplazarte aportará la libertad necesaria para disfrutar al máximo sin ceñirse a horarios cuadriculados del transporte público.

La ciudad de Friburgo está considerada como la capital y puerta de entrada a la Selva Negra, un lugar ideal para empezar el viaje por la región. Su centro histórico luce espectacular entre edificios típicos de la arquitectura de la zona y suelos empedrados. Su catedral se eleva sobre la plaza central con una belleza superlativa, su torre fue nombrada como la más bonita de la cristiandad.

En la propia plaza los comerciantes exponen en forma de mercadillo los productos de sus cosechas, alimentos que deben ser cultivados y elaborados por los propios campesinos. Friburgo vive del turismo, es el primer destino turístico entre los alemanes, de ahí lo cuidado de sus bosques y sus pueblos, conservan con mimo y cariño esta zona. Los músicos callejeros animan las calles de Friburgo que también es una de las zonas donde más vino se produce de toda Alemania.

La capital de la Selva Negra es una ciudad sumamente ecológica y puede presumir de ser una de las ciudades que más días de sol disfruta al año de todo el país. Como casi todas las regiones de Alemania cuentan con su propia fábrica de cerveza, que elabora la famosa bebida de manera tradicional, siguiendo recetas y costumbres de antaño.

A unos 50 kilómetros de Friburgo se encuentra Wolfach, que destaca por su factoría de cristal y a tan solo 30 kilómetros se localiza el lago Titisee, otra de las zonas más turísticas, con afluencias que superan los veinte mil visitantes al día en temporada alta. El punto más elevado de la Selva Negra es el pico de Feldberg que roza los 1.500 metros, se puede acceder a él a través de telecabinas desde donde se disfruta d unas vistas únicas.

Pueblos para el recuerdo

Varios pueblos se reparten salteados entre los 160 kilómetros de largo y 50 de ancho que ocupa la región. Salteados y localizados entre los huecos que permite el denso bosque cada uno tiene su propio encanto. Uno de los más pintorescos en el de Gengenbach, situado en el corazón de la Selva Negra, al norte de Friburgo.

Es una localidad medieval repleta de casas típicas repletas de balconadas con flores que datan de los siglos XVII y XVIII. Mantener la estética es deber de todos los vecinos y está completamente prohibido derruir alguna de ellas para construir otra.

Triverg es otro de esos pueblecitos que no te puedes perder si visitas la zona, es uno de los más representativos de la alta Selva Negra, allí se puede visitar la casa de los 1.000 relojes, donde se exponen y venden relojes de cuco de fabricación artesanal con maderas autóctonas. En este municipio se encuentra el reloj de cuco más grande del mundo. Se puede disfrutar también de las preciosas cataratas homónimas al pueblo, las más altas del país bávaro.

Más al norte el viajero encuentra la ciudad de Baden-Baden (bañarse en castellano), famosa por sus balnearios. Sus aguas brotan de manantiales naturales a temperaturas que superan los 68º. Es una ciudad con importante nivel adquisitivo y gente adinerada, plagada de boutiques. Es un lugar tranquilo donde prima la relajación. El cuidado y limpieza de sus calles es ejemplo a seguir para otras ciudades, y otra escusa más por la cual los aristócratas eligen instalar sus villas de recreo en este lugar.

St Peter, pese a su reducido tamaño el precioso de ver y de vivir, el visitante se puede integrar en la vida tradicional de los nativos, cuenta con una espectacular abadía y a menudo se puede ver a los vecinos paseando con sus trajes típicos.

De visita obligatoria es Gutach, un museo al aire libre donde se levantan diferentes granjas y edificios antiguos, el viajero se introduce en la vida de las granjas anteriores a la llegada del turismo y puede disfrutar en directo de artesanos en pleno trabajo, una experiencia única en un entorno mágico.

Productos gourmet

La gastronomía en la Selva Negra es otro de los atractivos turísticos. Multitud de tipos de salchichas alemanas se pueden degustar en cualquiera de sus restaurantes, donde también destaca el buen trato a productos como codillo, salmón y patatas, estas últimas conforman la base de la alimentación alemana.

La tarta selva negra es otro de los manjares más demandados, una mezcla de chocolate, nata y orujo de cerezas. Precisamente los orujos y aguardientes de frutas son típicos de la zona y se pueden encontrar en cualquier tiendecita de souvenirs, junto a ellos la miel de los bosques autóctonos y el jamón ahumado.