15 aldeas malagueñas con encanto para desconectar este otoño

Salvo algún caso, suelen tener buenos accesos por carretera y cuentan con algunos atractivos turísticos que merecen la pena ser conocidos

15 aldeas malagueñas con encanto para desconectar este otoño
Javier Almellones
JAVIER ALMELLONESMálaga

Además de algo más de un centenar de pueblos, la provincia de Málaga cuenta con un amplio abanico de aldeas, diseminados y pedanías donde hoy es posible desconectar y relajarse. La mayoría de ellas no sólo cuentan con alojamientos rurales sino que también tienen algunos atractivos turísticos que merecen la pena ser conocidos, como parajes naturales, ríos, alminares, almazaras o incluso alguna casa natal de un personaje conocido. Salvo algún caso, suelen tener buenos accesos por carretera.

1. El Acebuchal (Frigiliana)

Cayó en el abandono en la década de los años 50, pero fue recuperada por el empeño de una familia a principios de este siglo. Hoy esta aldea situada entre Frigiliana y Cómpeta es todo un atractivo para los que buscan desconectar en el ámbito rural. Desde allí comienzan numerosas rutas de senderismo que se adentran en la sierra de Almijara. Rodeado del verdor propio de esta zona montañosa de la Axarquía, este diseminado cuenta con alojamientos rurales y un bar que apuesta por la cocina tradicional de la zona.

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2. Jorox (Alozaina)

En el camino entre Alozaina y Yunquera conviene detenerse en la aldea de Jorox, por donde el tiempo parece haberse detenido. Al menos, la banda sonora sigue siendo la misma gracias al murmullo de las aguas del arroyo Jorox, que riegan las distintas huertas tradicionales que todavía se conservan. Además de una ermita, el principal atractivo para los amantes del turismo activo es una cascada donde se puede practicar el descenso de barrancos. Cuenta con varios establecimientos turísticos, entre los que destacan la Venta El Rivita y la casa rural El Molino del Rey.

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3. Corumbela (Sayalonga)

En el corazón de la Axarquía, a los pies de la sierra de Tejeda, la Paloma Blanca se convierte en una visita idónea para desconectar. Se trata de la aldea de Corumbela, que, a pesar de estar en el término municipal de Sayalonga, está mucho más lejos de esta localidad que de otras, como Árchez o Daimalos. En su patrimonio histórico sorprende especialmente la conservación de un alminar que hoy hace las veces de torre campanario de la pequeña iglesia de San Pedro, mérito suficiente para estar dentro de la denominada Ruta Mudéjar de la Axarquía. Cuenta con algunas casas rurales en el propio casco urbano.

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4. Daimalos (Arenas)

Como ocurre en la aldea de Corumbela, situada a diez minutos en coche por una sinuosa carretera, la pedanía de Daimalos, perteneciente al pueblo axárquico de Arenas, cuenta con su propia torre alminar. En este caso, está encalado y forma parte de la iglesia del Santo Cristo de la Salud. A ese legado andalusí hay que unir una fuente de origen árabe, que cuenta incluso con su propia leyenda. Además de ser un remanso de paz, destacan especialmente sus vistas a la antigua fortaleza de Benomiz. Esta aldea también cuenta con alojamientos rurales para quienes quieran desconectar allí un fin de semana o un puente festivo.

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5. Mondrón (Periana)

El nombre de esta aldea perianense huele y sabe a aceite de oliva verdial. De hecho, uno de los edificios más destacados de este diseminado axárquico es la almazara de San José Artesano, que todavía hoy conserva un antiguo molino de piedra en su interior. Además de poder comprar el ‘oro líquido’ a pie de carretera, conviene adentrarse en las calles de la aldea, para lo que habrá que descender algunos metros a la derecha. Además de disfrutar de la tranquilidad de la aldea, conviene pasar por el Bar Cuenca para saborear sus platos y tapas más tradicionales. Nunca defraudan.

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6. Benagalbón (Rincón de la Victoria)

Hace décadas albergó el Ayuntamiento de lo que hoy es Rincón de la Victoria. Hoy es una de las aldeas con más encanto de la Axarquía. Se trata del núcleo de Benagalbón, punto de partida de la Ruta de la Pasa Moscatel. Allí se conserva una joya de la etnografía andaluza, uno de los pocos molinos de piedra que son capaces de hacer aceite de oliva virgen extra a la antigua usanza. Esta almazara, regentada por Nacho Pérez, es por tanto un auténtico museo del ‘oro líquido’. Esta visita se puede complementar con una interesante colección etnográfica situada dentro del propio casco urbano. Además, la aldea cuenta con una interesante oferta de restauración, en la que llama la atención una reciente incorporación, la Venta La Chalaúra, en la que se pueden saborear los sabores más tradicionales de la comarca con algunos toques de ingenio y creatividad.

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7. Gibralgalia (Cártama)

La localidad de Cártama es una de las que más diseminados tiene en su término municipal. De todos ellos destaca especialmente el de Gibralgalia, situado sobre el cerro del mismo nombre. Paradójicamente, está mucho más cerca del pueblo vecino de Pizarra. Quien pueda ver un mapa de la provincia por municipios comprobará que esta aldea está unida a Cártama a través de un alargado apéndice que discurre por el Valle del Guadalhorce. Esta peculiaridad podría ser un legado de la época medieval. Allí, además de la capilla de la Asunción, merece la pena disfrutar de las vistas del entorno. Es posible hospedarse en la Posada de Los Cántaros.

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8. Maro (Nerja)

La población más oriental de la provincia de Málaga es la misma que vigila el paraje natural de los Acantilados de Maro y la Cueva de Nerja. Es para muchos foráneos la aldea idealizada, que disfruta, al mismo tiempo, de vistas al mar y a la montaña. Si a eso se une su cuidado casco urbano y su amplia oferta de restauración y de alojamientos, se convierte en un destino idóneo para disfrutar en cualquier época del año. Eso sí, sólo en temporada baja se conseguirá realmente desconectar.

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9. El Chorro (Álora)

Como muchos otros diseminados de la provincia de Málaga, la barriada El Chorro tiene un origen ferroviario. Hoy, sin embargo, tiene un gran interés turístico, ya que se encuentra a un paso del Caminito del Rey y tiene vistas privilegiadas de la gran garganta que es el Desfiladero de los Gaitanes. En los últimos años se ha convertido en el campamento base de muchos aficionados a la escalada, gracias a las numerosas posibilidades que ofrece para esta práctica deportiva la sierra de Huma. Para alojarse o para comer la opción más recomendable es el complejo turístico La Garganta que, en su día, fue un apeadero ferroviario.

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10. Benaque (Macharaviaya)

A veces eclipsada por el pueblo de Macharaviaya, cuna de los Gálvez, su aldea de Benaque es también un refugio para los que quieran romper la rutina con el sosiego. Además de disfrutar de la paz que ofrece esta zona de la Axarquía, el visitante podrá conocer la casa del poeta Salvador Rueda, nacido allí en el año 1857. Allí podrá como se conserva aún lo que fue su humilde hogar (para verla conviene solicitarlo previamente en el Ayuntamiento de Macharaviaya). Además de esta vivienda, se puede ver la iglesia de la Nuestra Señora de la Encarnación, donde se conservan las valiosas pinturas halladas en sus muros interiores. El templo no es el típico cubierto de cal, lo cual le otorga un encanto especial.

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11. Villanueva de Cauche (Antequera)

En el camino de Casabermeja hasta Antequera se accede a uno de los diseminados más singulares de la provincia de Málaga, Villanueva de Cauche. Este pequeño núcleo urbano, que hoy es parte del territorio antequerano, fue hasta hace tan sólo unas décadas el último feudo de España. Todas sus inmuebles pertenecían al Marquesado de Cauche desde el siglo XVII y sus moradores pagaban simbólicamente a las marquesas propietarias sus productos, como frutas, verduras, huevos o gallinas. Aquella costumbre se desterró en el momento de que los vecinos se hicieron con sus respectivas escrituras de propiedad. Como reminiscencia de esa singular historia hoy se conserva tanto el palacio como la iglesia de aquella familia noble.

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12. Estación de Benaoján

Otro de los núcleos de origen ferroviario de la provincia de Málaga aguarda junto al río Guadiaro. Se trata de la Estación de Benaoján, que cada mes de julio tiene su Verbena del Tren. Aunque como población es relativamente joven, en la zona hay restos de antiguos molinos que aprovechaban las aguas del Guadiaro o sus afluentes. Entre ellos estaba el Molino del Santo, que hoy es un acogedor hotel rural que cuenta con la banda sonora de las bravas aguas que pasan junto a él. También hay establecimientos de restauración donde se puede comer por un precio módico .-bar Stop- o empresas que elaboran chacinas y otros derivados porcinos que venden directamente al público –El Cerdito Andaluz-.

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13. El Colmenar-Estación de Gaucín (Cortes de la Frontera y Gaucín)

En el extremo noroccidental de la provincia de Málaga hay una de esos diseminados rurales divididos entre dos términos municipales. Concretamente, se trata del núcleo compuesto por El Colmenar-Estación de Gaucín, compartido, respectivamente, por Cortes de la Frontera y Gaucín. Están separados por la línea ferroviaria Ronda-Algeciras y situados junto al río Guadiaro. Desde allí se puede acceder por una cómoda ruta senderista hasta el paraje natural de las Buitreras del Guadiaro.

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14. El Valdés (Moclinejo)

Esta aldea es otra de las que se encuentran también junto a la denominada Ruta de la Pasa Moscatel. Concretamente, tras pasar Benagalbón se encuentra el desvío para este apacible núcleo, donde merece conocer la Casa Museo de la Axarquía. Se trata de un edificio que llama la atención por su estilo gaudiano. Se trata de un sueño hecho realidad de su propietario, Antonio Montáñez, un empresario local que también ha querido apostar por una colección de piezas y utensilios de carácter etnográfico. El inmueble se puede visitar los primeros sábados de mes.

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15. La Sauceda (Cortes de la Frontera)

Esta aldea ya no está poblada, pero sirve de singular alojamiento turístico. Se trata de un auténtico refugio rodeado de naturaleza que no hay que descartar en cualquier escapada para relajarse es el complejo rural de La Sauceda, situado en el parque natural de Los Alcornocales. Lo que en su día fue una pequeña población serrana hoy es un complejo rural dotado con varios refugios que permiten el contacto directo con la naturaleza. Está considerado como uno de los últimos bastiones republicanos la Serranía de Ronda que resistió en la Guerra Civil.

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