Diario Sur

Sierra de las Cabras en Antequera.
Sierra de las Cabras en Antequera. / Fotos: J.A.

Un puente de diciembre sin salir de Málaga: 12 rincones que te sorprenderán

  • Pistas para redescubrir rincones de gran belleza paisajísticas y miradores naturales en el interior de la provincia

La variedad orográfica de la provincia de Málaga la hace idónea para encontrar o redescubrir rincones de gran belleza paisajísticas y miradores naturales en su interior. Muchos de ellos son de fácil acceso, pero en algunos casos implican realizar un saludable trayecto a pie. En cualquier caso, la recompensa no defraudará. A continuación os dejamos una relación de algunos de los más idóneos para estos últimos días del otoño.

El Alcázar (Alcaucín)

Este enclave, que pertenece al término municipal de Alcaucín, debe su nombre a una antigua fortaleza que existió en la zona y de la que hoy apenas queda algún vestigio. El nombre del Alcázar se debe al río que baja formando bellas cascadas en su búsqueda del valle del río Vélez. También tiene la misma denominación el confortable área recreativa situado en la zona, que se divide en dos zonas bien diferenciadas al estar en distinto nivel. Desde la primera se parte en uno de los ascensos más famosos que se hace al pico de La Maroma, una ruta catalogada con dificultad alta. En el espacio situado en la zona más baja, hay una zona prácticamente llana donde se puede disfrutar de la frescura que proporciona el curso del río, que forma algunas pozas de escasa profundidad a su paso. Desde El Alcázar comienza también una interesante ruta botánica que permite conocer la riqueza biológica de esta parte del parque natural.

Castillo del Águila (Gaucín)

Al igual que su vecino Casares, Gaucín cuenta con una fortaleza que jugó un importante papel en las etapas más convulsas del antiguo Al-Ándalus. Se trata del castillo del Águila, una atalaya desde donde se pueden obtener unas vistas espectaculares en los días claros. El Peñón de Gibraltar y buena parte de la Serranía de Ronda se aprecian ya durante la subida a la antigua fortaleza. Además, el recinto amurallado, situado sobre una elevación rocosa de casi 700 metros de altitud, incluye en su interior un templo cristiano, la Ermita del Santo Niño, que fue levantada en el siglo XVII. Uno de los capítulos más importantes vividos en esta fortaleza fue el asedio que tuvo lugar en 1309, en el que algunas crónicas señalan que murió Guzmán El Bueno.

El olivo milenario del arroyo Carnicero (Casabermeja)

En el camino de Casabermeja hacia la barriada de Arroyo Coche merece la pena detenerse en un denso olivar para visitar el vetusto ejemplar del paraje Arroyo Carnicero. Según ha ratificado un estudio dela Universidad de Córdoba este olivo, que tiene 3 troncos con más de 7 metros de perímetro en total, tiene más de un millar de años de vida. Esta longevidad lo hizo acreedor en 2013 del Premio AEMO al Mejor Olivo Monumental de España. No muy lejos de este ejemplar se pueden encontrar otros olivos centenarios, de los que actualmente se extrae un singular aceite de oliva de edición limitada.

Restos del castillo de Archidona

En el que se conoce como cerro de la Virgen, en Archidona, se conserva buena parte de la estructura de un valioso castillo árabe, que fue la matriz de la localidad. Con un fácil acceso por carril asfaltado -eso sí, estrecho y con un acentuado desnivel-, todavía hoy se antoja inexpugnable al estar situado sobre una colina desde la que se divisan las fértiles tierras ahora pobladas por olivos. De hecho, se pueden realizar paseos por los caminos habilitados. Desde muchos de sus rincones se ve con nitidez la Peña de los Enamorados,la misma que se describe en la famosa Leyenda de los Enamorados como trágico final de Tello y Tagzona. Las vistas panorámicas y los restos de la antigua fortaleza no son las únicas motivaciones que deben llevar al visitante hasta esta colina por un sinuoso carril asfaltado, ya que allí se erige la ermita de la Virgen de Gracia, construida sobre la antigua mezquita. Todavía hoy se conservan en su interior algunos de los rasgos arquitectónicos del templo árabe.

La Cueva del Gato (Benaoján)

Esta gruta, muy frecuentada por los amantes de la espeleología, es uno de los lugares más emblemáticos de la Serranía de Ronda. Y no sólo lo es por sus dimensiones sino también porque durante milenios ha servido de refugio natural, desde los primeros pobladores de la zona hasta los bandoleros de los siglos XVIII y XIX. La cavidad ha sido formada por un río subterráneo, el Gaduares, que se une metros más abajo con el curso de Guadiaro. El río tiene un recorrido dentro de la cueva de más de 4 kilómetros. Aunque no se puede entrar en la gruta si no se tiene la autorización previa y el equipamiento necesario, sí se puede contemplar el gran salto de agua y la poza de agua cristalina que deja el río en su entrada. Eso sí, ese agua está muy fría, incluso para bañarse en verano. Así que en estas fechas no resulta nada aconsejable. Eso sí, tanto el entorno como la entrada de la propia cueva son suficientes para disfrutar de un lugar único.

Canuto de la Utrera (Casares)

La sierra de la Utrera, situada al sudoeste de Casares, muy cerca del pueblo de Manilva, es un conjunto kárstico, que recuerda al Torcal de Antequera. Al igual que en Sierra Crestellina, las rocas son de origen calizo, aunque en este caso provienen del Jurásico. Así, la erosión del viento y la lluvia ha moldeado curiosas formas en esta zona pétrea, también conocida como El Castillón. Este karst, que cuenta con 500 hectáreas de superficie, es el más meridional de toda Europa. Dentro de esta cordillera, los lugares más interesantes son los tres canutos o valles de paredes verticales, que fragmentan el conjunto rocoso. Actualmente, existe una ruta senderista que atraviesa uno de los llamados 'canutos'. Al finalizar, se accede aun camino que permite acercarse al conocido como los Baños de la Hedionda, donde manan aguas sulfurosas. Este pequeño balneario, de acceso libre y gratuito, ha sido usado por distintas culturas. Sólo los más atrevidos querrán probar sus aguas en estos días. Eso sí, no están demasiado frías.

Genalguacil

Pasear por Genalguacil es como hacerlo por un museo al aire libre. En un recorrido por sus calles, plazas y rincones con encanto, el viajero se encontrará con sorpresas muy agradables en forma de esculturas, pinturas murales u otras creaciones originales, que se han ejecutado y diseñado en sus Encuentros de Arte para que formen parte del patrimonio local. Esta iniciativa, única en el mundo, hace que desde 1.994 hasta la actualidad el pueblo cuente con un legado artístico impensable para una villa de su tamaño. Algunas de esas creaciones están dentro del Museo Permanente de los Encuentros de Arte del Valle del Genal, para evitar que se deterioren con las inclemencias del tiempo. Pero además de todas esas obras de arte, en Genalguacil se puede disfrutar también de una arquitectura popular similar a otros pueblos del entorno, con calles angostas, pasajes insólitos y sorprendentes miradores al valle del Genal.

Llanos de Líbar (Valle del Guadiaro)

Esta inmensa llanura, situada por encima de los mil metros de altitud sobre el nivel del mar, se llama así por el Cortijo de Líbar, ubicado prácticamente a mitad de camino entre las localidades de Montejaque y Cortes de la Frontera. Existe una larga ruta senderista que une por este enclave a ambos pueblos, si bien aquellos que sólo quieran adentrarse brevemente, deben hacerlo desde Montejaque o incluso desde Benaoján.

En este rincón natural aguarda un inesperado paisaje. Una pradera verde se extiende hasta lo que le permiten las montañas rocosas, que la rodean y, al mismo tiempo, la protegen. Quizás, por esa razón, los Llanos de Líbar no sea un lugar tan conocido como otros enclaves del Parque Natural de la Sierra de Grazalema. Desde un punto de vista geológico, llama más la atención el ‘polje’ que se ha formado en lo que se reconoce propiamente como Llanos de Líbar. Desde el punto de vista botánico, sorprenden los quejigos centenarios que tienen, en ocasiones, sorprendentes formas. En lo que se refiera a fauna, se pueden ver buitres leonados. Entre los mamíferos, se pueden avistar en las zonas más elevadas algunos ejemplares de cabra montés o algunos de los ciervos o corzos que se han reintroducido allí hace ya algunos años.

Arroyo Salado (Almargen)

En la zona norte de la provincia de Málaga, existe un singular venero de aguas yodadas, que han propiciado el nombre del arroyo donde manan. Se trata de un manantial situado junto al arroyo Salado, situado en el enclave de Casa Blanca (Almargen). Allí se puede comprobar cómo de la tierra brotan a borbotones estas aguas, recomendadas, sobre todo para enfermedades relacionadas con el aparato digestivo o con diversas dolencias degenerativas del sistema óseo. Desde hace años, los almargeños se benefician de sus propiedades, en especial en verano, ya que la piscina municipal se llena con estas aguas. Actualmente, hay una breve ruta que discurre junto al cauce. Del nacimiento donde manan las aguas de este manantial de aguas saladas no hay que esperar gran cosa. Eso sí, la ribera que lo rodea es de gran belleza.

Laguna de la Ratosa (Alameda)

Quizás este humedal de la Vega de Antequera esté eclipsada por otros de la zona como los de Fuente de Piedra o Campillos, pero tiene igualmente gran valor ecológico y está menos frecuentado que los anteriores. Entre los términos municipales de Alameda y Humilladero se puede ver esta reserva ecológica. Con unas 22 hectáreas, en esta zona no sólo merece la pena observar las aves sino también algunas plantas con gran interés botánico, como la amenazada 'althenia orientalis', una planta acuática que suele verse en fondos poco profundos. En lo que se refiere a avifauna, además de flamencos rosas, allí se pueden ver, con frecuencia y en determinadas épocas del año, cigüeñuelas, avocetas y calamones. Aunque se puede acceder por carretera, a través de la MA-705, que une Alameda con la Roda de Andalucía, se recomienda el acceso a pie por un sendero que parte desde la pedanía de los Carvajales (Humilladero).

Sierra de las Cabras (Antequera)

En el camino de Málaga a Antequera merece la pena detener la mirada e incluso hacer alguna incursión en la sierra de las Cabras, una mole caliza, con una cima que roza los 1.300 metros de altitud. Este promontorio rocoso conecta sutilmente con el karst de El Torcal, si bien la erosión no ha hecho en ella los mismos efectos. Pese a ello, son numerosos los atractivos tanto biológicos como geológicos de esta pequeña cordillera, conocida por su riqueza hídrica. De hecho, a sus pies, junto a la carretera, encontramos la emblemática Fuente de la Yedra, un nacimiento de agua proveniente de los manantiales del seno de la sierra.

Desde los pies de la montaña, se pueden contemplar las impresionantes paredes calizas, que hacen prácticamente inaccesible la subida. Sin embargo, existe una ruta que sí permite hacer un camino relativamente cómodo para los aficionados al senderismo. Quienes se adentren podrán ver espectaculares vistas y encontrar una sorprendente pradera verde en su seno.

Daimalos y Corumbela (Arenas y Sayalonga)

En el corazón de la Axarquía aguardan aldeas que tienen un gran legado histórico, como es el caso de Corumbela y Daimalos, donde aún se conservan alminares de las antiguas mezquitas, que hacen las veces de torres campanario de sus actuales parroquias. La primera se encuentra en el término municipal de Sayalonga, si bien está más cerca por carretera de otras localidades. Durante muchos años permaneció oculto para la cal el minarete usado como torre de la iglesia de San Pedro, que, a su vez, fue levantado sobre una anterior mezquita. Caso similar es el de Daimalos, una tranquila aldea que pertenece a Arenas, donde se presume de tener uno de los alminares más antiguos de España (entre los siglos XII y XIII). También su iglesia fue construida sobre un edificio religioso andalusí. Tanto en este caso como en de Corumbela se trata de aldeas incluidas en la denominada Ruta Mudéjar de la Axarquía.