Diario Sur

Los fondos de Maro esconden tesoros fabulosos.
Los fondos de Maro esconden tesoros fabulosos.

Acantilados de Maro: Aventura con recompensa

  • Se pueden conocer de una forma muy distinta a pie, en piragua o incluso con unas gafas de buceo

Una fauna marina casi exótica, sorprendentes cascadas de agua y grutas que parecen sacadas de la ficción. Ésas son las recompensas para aquellos que se atreven a practicar algunas de las actividades deportivas en los Acantilados de Maro, un enclave natural que no deja indiferente nunca con su escarpado litoral, pero mucho menos bajo sus aguas.

Para conocer una de sus mejores perspectivas se hace necesario embarcarse en algunas de la piraguas que se alquilan en la playa nerjeña de Burriana. Desde allí parten a diario en verano numerosas visitas guiadas con un monitor deportivo que ayuda tanto a la práctica de una disciplina deportiva reconfortante como a poner nombre a algunas de las formaciones rocosas o cascadas de agua que se ven en el recorrido que lleva hasta la playa del Cañuelo.

En ese recorrido, se podrán ver algunas de las grutas de estos acantilados o pequeñas calas, que son casi inaccesibles a pie. Escenarios en cualquier caso que podrían corresponder perfectamente con el escenario de alguna película de aventuras.

No se requiere una especial forma física para poder realizar este recorrido, aunque siempre hay que tener en cuenta las posibilidades reales de acometer una ruta de estas características si no se está habituado al deporte.

Pero si los Acantilados de Maro tienen una protección especial no es sólo por su abrupta geología sino también por los seres vivos que habitan en su fondo marino. A algunas de esas especies se las puede ver en muchas de sus calas con unas simples gafas de buceo.

También existe la posibilidad de contratar alguna empresa de turismo activo un ‘bautizo’ submarino. En este caso, hay muchas opciones entre Nerja y La Herradura, la población granadina situada al otro lado de Cerro Gordo, es decir, en el extremo más oriental del Paraje Natural de los Acantilados de Maro.

De esta forma, se podrán ver numerosas grutas y pasadizos, como las cuevas de los Genoveses, la de Cantarriján o la de las Palomas. Y, por supuesto, también se podrán ver sus habitantes más coloridos, como son los peces luna.

Para estas inmersiones se necesita de la experiencia de monitores acreditados suficientemente para ello.

Además de disfrutar de este enclave ecológico desde el agua, existe la posibilidad de hacerlo a pie, ya que entre o sobre sus calas se puede pasear por algunos senderos. Estos caminos permiten hacer un recorrido entre huertas abancaladas, vertiginosos acantilados e increíbles perspectivas de esta franja mediterránea tan singular, donde se llegan a ver, sorprendentemente, hasta cabras hispánicas.

Se trata en todo caso de caminos cómodos y que requieren escasa preparación física por lo que resultan muy aconsejables a familias con niños para que estos puedan iniciarse en este tipo de actividades. En este caso, podrán realizar en poco tiempo un recorrido que une al mar con la montaña.

En esos caminos se puede observar una amplia gama de especies botánicas como el lentisco, el enebro, el palmito, el acebuche, el boj balear o el algarrobo. En cuanto a fauna es posible observar aves marinas como las gaviotas reidoras y sombrías, azores o halcones.

Las calas que conforman esta zona costera son, en su mayoría, tamaño reducido, ya que ninguna supera los 500 metros, lo que las convierte en rincones naturales, donde se puede disfrutar de la belleza y tranquilidad del entorno.

Esta reserva ecológica está situada a pocos kilómetros de la localidad malagueña de Nerja. Siguiendo por la antigua nacional 340, se llega a la pequeña aldea de Maro, donde se ven las primeras y solitarias calas de aguas limpias y los estratégicos emplazamientos de almenaras tanto cristianas como musulmanas, como la Torre de Maro, la Torre del Río o la Torre de la Miel.

Desde los caminos que discurren por esta franja litoral se accede con mayor o menor dificultad, dependiendo de la zona, a las numerosas calas y playas poco transitadas. Por todo esto y por su gran valor biológico, hacen de este paraje un lugar de incuestionable belleza y un excepcional sitio para relajarse, alejado de las masificadas y urbanizadas playas de la Costa del Sol.

De entre las calas que se pueden visitar con más facilidad, destaca la del Cañuelo. Es quizás la más grande, conocida y visitada. Se accede a ella, en temporada de verano, con un micro-bus. Aunque también es aconsejable bajar dando un bonito paseo entre pinares, tierras de cultivo y unas bonitas vistas al mar.