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Miércoles, 19 de julio de 2006
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«Hay que acabar con Hezbola»
El barrio cristiano de Beirut, donde las bombas no caen, echan la culpa a la milicia chií de la situación de guerra
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ELIA habla claro. «Los israelíes están haciendo lo que tenía que haber hecho nuestro Gobierno hace años, acabar con Hezbola. El problema es que la lucha es dura y está afectando seriamente a los negocios. Hoy todavía no hemos ganado un dólar». Elian y Rasha regentan la tienda Chiktok del centro comercial ABC, la mayor superficie de este tipo del Líbano y situada en pleno barrio cristiano de Beirut. El complejo es un auténtico termómetro de la economía local y hasta hace unos días era capaz de facturar 24 millones de euros a la semana.

Las tiendas siguen abiertas. Conocidas boutiques internacionales con las firmas más prestigiosas cuelgan carteles con la palabra 'soldes' (rebajas), pero nadie se acerca a comprar. «Además de las bombas, lo que ocurre es que es verano y la gente se ha ido a la montaña, pero esta zona es segura. El problema lo tienen los chiíes, los judíos no tienen nada contra nosotros. Si el Líbano hubiera cumplido la resolución 1559 de la ONU, esto no estaría pasando. Como no hemos sido capaces de hacerlo, Israel lo está intentando», comenta María mientras hojea una revista de moda en la Virgin Megastore.

La herida abierta entre religiones en el complicado mapa libanés vuelve a quedar patente en un conflicto como el que sufre el país desde hace una semana. En una misma ciudad, y con pocos metros de distancia, la guerrilla de Hezbola pasa de salvadora a tirana. De héroes, a villanos. Aunque por la mañana fue bombardeada la zona cristiana de Jam Bur -donde murieron más de diez soldados-, los ciudadanos de Gemmayzeh consultados no mostraron ningún temor a recibir un misil.

Sólo un tema les hacía dudar, la escuela con refugiados chiíes de los barrios del sur que el Gobierno habilitó hace unos días. «Somos cristianos y, como en anteriores ataques, tenemos que recibir a la comunidad chií, pero teniéndoles aquí pienso que ese colegio y las casas que lo rodean sí corren el riego de convertirse en objetivo de los aviones», opina Jorge Nassar, un veterano de anteriores conflictos.

«La crisis va a durar y la economía libanesa se va a resentir, pero cuando acabe, el país estará mejor. En unos días Israel entrará por tierra y acabará con la guerrilla, es la única manera. Ahora que han empezado, tienen que llegar hasta el final. Que entren, invadan la zona norte y cuando la limpien de Hezbola, que se la devuelvan al Gobierno de el Líbano», añade Jorge, que, aunque no siente simpatía por los chiíes, acepta que les haya alojado en una escuela del barrio

Campo de batalla

Paula llegó a el Líbano hace tres años procedente de Ecuador y esta guerra le ha pillado por sorpresa. «Con lo bien que se vive aquí, no me lo podía imaginar. Aunque para ser realista, aquí no hay guerra. Algunas veces escucho una explosión, pero muy de lejos. Luego veo las noticias y me doy cuenta de cómo está quedando el país y se me pone un nudo en la garganta».

Elian y Rasha, mientras miran los pasillos vacíos, maldicen la suerte de su país en una mezcla entre árabe e inglés y reflexionan en voz alta. «Al final, la cuestión de fondo es que se trata de una guerra entre Israel e Irán. El Líbano vuelve a convertirse una vez más en el campo de batalla, nada más. Sólo una fuerza especial de la ONU puede arreglar todo esto».



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