UNA batería de siete tractores arrasa sin piedad una parcela de cannabis en la comuna de Beni Gorfet. Un centenar de metros más allá una cuadrilla de una veintena de hombres acaba de despellejar hoz en mano la tierra recién arada. No debe quedar ni una planta en pie. Ese es el objetivo de la campaña titulada 'Larache, provincia sin cannabis' que se estrenó el año pasado y que busca lo que para muchos es una utopía. La operación es controlada de cerca por las autoridades: Gendarmería, Fuerzas Auxiliares y el caíd -una especie de delegado del Gobierno- de la comuna. Todos sobre el terreno se muestran orgullosos ante el periodista de la labor que se lleva a cabo, aunque algunos consideran que la estrategia está fallando y puede ser peor el remedio que la enfermedad.