diariosur.es
Jueves, 6 de julio de 2006
 Webmail     Alertas    Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA EL PERIÓDICO ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
MÁS FÚTBOL
 Actualizado: 2.21 a.m.
 
EDICIÓN IMPRESA
 
GOL. Zidane se dispone a transformar el penalti en el único tanto del encuentro. / AFP
FÚTBOL
Zidane, otra vez el viejo y entrañable 'Zizou', fue clave en el sonado éxito de Francia, una selección que ha resurgido de sus cenizas, acabado con sus enterradores y, ocho años después, vuelve a la gran final. 'Zizou' estuvo más vigilado, pero despertó a los lusos de sus sueños cuando demostró a Ricardo que los penaltis deben meterse. En el penúltimo partido de su vida, asumió la responsabilidad como si tal cosa, no tomó carrerilla, miró para un lado y tiró duro hacia el otro. El portero le adivinó la intención pero no pudo alcanzar el misil. Una jugada decisiva que se buscó Henry, el tipo más desequilibrante del cerrado partido, y en la que Ricardo Carvalho cayó en el engaño como un inocente.
 
Fue un visto y no visto. El tiempo que tardó, rodeado de hasta seis empleados de la seguridad privada del aeropuerto, en atravesar la Terminal 4 de Barajas. Fabio Capello regresó ayer a España para volver a tomar las riendas del que fue su equipo diez temporadas atrás, el Real Madrid.
No ha dado tiempo siquiera a que la afición dictase sentencia, positiva o negativa, sobre el trabajo del nuevo entrenador. Apenas 33 días después de llegar al Racing de Santander, Juan Ramón López Caro decidió que su futuro no pasaba por la capital cántabra. Ayer, rescindió su contrato con el club para a continuación, suscribir un nuevo compromiso laboral con el recién ascendido Levante.
NADIE se salva de la maldición de las natillas. Por un tiempo creí que él estaba por encima de ese síndrome, un extraño fenómeno que lleva al fracaso deportivo o a la lesión a todo aquel que anuncia el citado producto en televisión. Pero Ronaldinho también ha sido víctima de la leyenda. Era su Mundial y se ha ido por la puerta de atrás, no ya sin marcar un gol, sino sin pisar el área rival siquiera, donde tanto daño solía hacer con sus quiebros, improvisaciones e inventos. De haber intentado acercarse alguna vez a los dominios de la zaga y el portero rivales, habría logrado marcar casi con toda seguridad o, como poco, haber provocado un penalti. Por perder, se le ha ido hasta la sonrisa en la cita de Alemania. No ha sido él.
 

Vocento