EL presidente de la Junta analizó/interpretó ayer en la Cámara el estado de la comunidad en el debate del mismo enunciado que cierra el actual periodo de sesiones. Fue un discurso propio del siglo XXI, abundante en datos, minucioso en los perfiles de la llamada 'sociedad del conocimiento', numerosas apelaciones a la tecnología punta del desarrollismo mediático y un espacio nada amplio para la reflexión política. Un discurso, se insiste, propio de este siglo hasta en la falta de emociones. Porque hay que decirlo con rotundidad: la política de ahora tiene carencias notables de sentimientos. Todo lo contrario que veinte o treinta años atrás.
Y estaba en la Cámara el líder Arenas Bocanegra escuchando a su casi eterno rival, pero salió del plenario antes de que finalizara Chaves su intervención. Sabía el inquieto dirigente del PP que en el exterior aguardaban docenas de periodistas la salida de los parlamentarios. De inmediato el licenciado Arenas, rodeado de la gacetillería, desgranaba su versión del nombramiento del juez Zoido, su 'número dos' en Andalucía, como candidato a una Alcaldía de Sevilla que el PP pretende reconquistar con ansias tan legítimas como infinitas.
Una comedia de enredos que el líder del PP andaluz lo resumió así: el juez Zoido es el mejor candidato posible, «en la actualidad», según matización del propio Arenas, mientras negaba que la nominación se le hubiera ofrecido a la ex ministra y ex alcaldesa Soledad Becerrill. Ni una palabra para Raynaud, el auténtico damnificado de esta muestra de trazo grueso de pragmatismo político sin sentido de la medida.
Pues habrá que ponerle subtítutos a la tal comedia: Becerril ha sido consecuente consigo misma y con su posición política de centro al rechazar la nominación. Lo primero, porque la obligaban a pasar por encima del maltrecho y rechazado Raynaud, y lo segundo porque los centristas en el PP están pero ni mandan ni salen en la foto. A ver si se enteran los que tienen que enterarse: mientras el pragmatismo (el término es distinto en la vida civil) en política siga desbocado, esa función pública sin alma es cosa de un grupete.